Hace unos días tuve la suerte de ser parte del simulacro organizado para profundizar el debate para el juicio por jurados.
Atendimos la acusación del fiscal y la exposición del abogado defensor. Vimos las pruebas y escuchamos a los testigos, incluida a la acusada. Una mujer maltratada, un claro contexto de violencia de género, la ruptura creciente del vínculo afectivo y el ingreso a la violencia psicológica, económica y física. Un arma, más agresiones, un forcejeo, un muerto. "Bueno –repensé-, esto es más complicado de lo que yo pensaba". Igual, mientras ingresábamos a una sala contigua, imaginé una conclusión rápida: "Doce jurados: ocho mujeres y cuatro varones. No puede haber dudas: será absuelta por una mayoría casi total".
"Tómense 15 o 20 minutos", nos sugirió el ayudante del juez. Elegimos al presidente cuyo único rol era garantizar que todos habláramos y nos escucháramos. Y entonces siguieron las sorpresas. Primero las dudas: "¿de quién era el arma?", "no estuvo muy clara la dueña de la peluquería, no?", "¿fue directamente a matarlo o se defendió del ataque del tipo?"...
"Bueno, votemos". En forma secreta y escrita. Más sorpresas: seis a seis. "¿Y ahora?". "Es inocente". "No, porque para eso hacen falta siete votos, nos dijeron". Vuelven los argumentos. Finalmente, alguien admite sus dudas y modifica su voto. Siete a cinco. "No culpable" fue la respuesta del jurado a la pregunta del juez. Fue un simulacro pero todo el mundo se lo tomó en serio: jurados, actores y actrices y quienes ejercen su profesión todos los días en la justicia. Muy buena iniciativa y experiencia.
Pasa en las películas
El cine nos ha dejado innumerables películas, buenas y muy buenas, sobre la participación de jurados populares para resolver casos judiciales. Pero ahora la discusión sobre su implementación en La Pampa es real, o puede serlo. Siendo que el "invitado" a protagonizar la administración de justicia es el ciudadano común, estaría bueno que sus impulsores imaginen formas para la mayor información y debate posible, con sus pros y sus contras, durante el tiempo que haga falta, para que la idea madure y se apruebe o se deseche con consenso.
Pensar en una Justicia eficaz, limpia, transparente, ágil, debe manifestarse como una voluntad permanente de una sociedad democrática y no como una cuestión de un grupo de (supuestos) iluminados que manejan el tema.
Legisladores, políticos, jueces, abogados, fiscales –está demostrado- son tan imperfectos y manipulables como el resto de la gente de a pie aunque alguno se haya creído otra historieta. El pueblo incide y resuelve en los poderes Ejecutivos y Legislativos, sin embargo es un convidado de piedra en el mundillo de la justicia. Nos hemos acostumbrado a creer que es una órbita inaccesible para la mayoría de la sociedad.
La actual discusión sobre la democratización de la justicia argentina mostró algunas cartas: gente que quiere avanzar y otros que prefieren que todo siga como está. Cuando esto ocurre es porque alguien se está beneficiando. El conservadurismo es una construcción ideológica reaccionaria que solo busca asegurar poder y defensa de intereses de pocos, es decir corporativos.
La Justicia (está claro que hay innumerables excepciones) es un poder del Estado mucha veces conservador, corporativo, y político. Sus integrantes, seres humanos de carne y hueso (aunque algunos no lo parezcan) tienen ideología, intereses y sentimientos de clase como cualquiera. Su apego a la ley es una exigencia profesional pero también un imperativo ético que le demanda la sociedad: algunos hacen gala de eso y otros dan vergüenza.
En discusión
Seguramente el juicio por jurados es parte de esa discusión y no un modelo perfecto que nos viene a salvar. Pero informarnos y discutirlo es tanto un derecho como una obligación en un marco mayor.
En síntesis, la creciente complejidad de la sociedad del siglo 21 exige una revisión profunda de la Justicia con participación popular, elemento que daría mayor legitimidad y credibilidad al sistema. El objetivo común debería ser confiar y no sospechar de la justicia, algo que lamentablemente hoy no podemos asegurar.
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