Con denuncias y acusaciones, desde el pultismo tratan de que Arroyo salga a la luz y hable. El candidato de Cambiemos se muestra escurridizo y evita exponerse. ¿Resistirá así hasta el 25 de octubre?
“Alguna vez va a tener que salir a hablar”, repiten operadores del pultismo. Hablan, claro está, de Carlos Fernando Arroyo, quien se convirtió en las últimas semanas en blanco de múltiples críticas que van desde su relación con la dictadura militar hasta acusaciones por xenofobia y racismo. Arroyo, el gran ganador de las Paso del 9 de agosto en General Pueyrredon, resiste el castigo y selecciona sus apariciones públicas minuciosamente. Faltan 46 días para las elecciones generales, 46 días de este juego de gato y ratón.
Suena raro que el dirigente que quedó mejor posicionado para ser intendente después de las primarias en lugar de potenciar su exposición trate de aparecer lo menos posible. Suena raro que el intendente Gustavo Pulti, después de ocho años al frente del Ejecutivo, por primera vez pida a gritos un debate de candidatos. Así de raro está el panorama político en Mar del Plata.
Para Arroyo, el primer signo de que todas sus acciones (e inacciones) iban a tener una repercusión inédita fue su ausencia a la primera sesión del Concejo Deliberante luego de las primarias. En sus años como concejal, el líder de la Agrupación Atlántica habrá faltado a otras sesiones sin que nadie le otorgue mayor relevancia. Sin embargo, el jueves 13 de agosto la foto de su banca vacía salió replicada en todos los medios de la ciudad. Este jueves su estrategia será la misma: no está dispuesto a sentarse a ser blanco de filosas acusaciones por parte del oficialismo. Pero, anticipándose a las críticas, fue algo más prolijo y pidió una licencia de un día.
En las últimas semanas salió a la luz que Arroyo fue interventor del gremio de los taxistas durante la última dictadura, se conocieron declaraciones polémicas en una entrevista de junio en las que critica el ingreso de extranjeros por la frontera, otras –también de hace algunos meses- en la que habla de la conveniencia de que los chicos tengan el pelo corto y hasta una sanción disciplinaria del Colegio de Abogados por haberse quedado con honorarios de una colega a principios de los ‘90. “Es parte de la campaña sucia, de desprestigio”, se limitan a decir en el entorno de Arroyo.
No desmienten ninguno de estos hechos, ni aclaran cuál es el pensamiento del candidato de Cambiemos sobre los bolivianos, por ejemplo. Ni soñar con que sea él quien se refiera a estos temas. Piensan que sería entrar en el juego que propone el pultismo: idas y venidas, cruces de acusaciones, peleas mediáticas. Desgaste. En el entorno del exZorro Gris analizan que esas denuncias no hacen más que fortalecer su figura y aumentar la distancia con Pulti.
Después de haber perdido una elección frente a Daniel Katz en 2003, el actual intendente declaró que el radical tenía “la imagen blindada”. Según su análisis, los evidentes problemas que atravesaba Mar del Plata no lograban perforar la buena imagen que la gente tenía de él en aquel entonces. Hoy, en el oficialismo, comienzan a aventurar que Arroyo goza de algo similar.
De todos modos, no se resignan. El último que salió a torear a Arroyo fue Héctor Rosso, quien le exigió al candidato macrista que dé la cara y aclare lo que se dice de él. El antecedente del cruce en la Comisión de Educación lo hizo ilusionar con que la discusión podía seguir en la sesión de este jueves. Pero el líder de la Agrupación Atlántica ya confirmó que no irá. Rosso tuvo que contentarse con un cruce tuitero con el jefe de campaña de Arroyo, Emiliano Giri.
No debe ser fácil mantener en silencio a Arroyo. Durante años soñó con este momento, con la posibilidad del reconocimiento que le permita ser el jefe político de esta ciudad. Y ahora que lo ve cerca, real, sus asesores le piden que se mantenga prácticamente oculto. Además, así como Pulti está convencido de que es mucho mejor intendente de lo que Arroyo podría llegar a ser, el jefe de la Agrupación Atlántica tiene la misma certeza. A la inversa, obviamente. Durante años criticó al gobierno municipal desde su banca, sin que prácticamente nadie le preste atención. Hoy, lo llaman, lo incitan a discutir esas mismas cosas. “No Fernando. No entres en ese juego”, le repiten en su entorno. Arroyo, por ahora, obedece.
Salvo que algo cambie drásticamente, sus apariciones hasta el inicio formal de la campaña (un mes antes de las elecciones) estarán reservadas a la llegada de los principales referentes del macrismo o a la presentación puntual de algún proyecto, como fue el del hospital municipal. Por caso, esperan ansiosos que María Eugenia Vidal, quien aún no visitó Mar de Plata desde el triunfo de Arroyo, llegue la ciudad.
Sería saludable que Arroyo aclare algunas situaciones en las que se lo involucró en las últimas semanas. Sería saludable, también, que acepte debatir. Este miércoles su silla en la escuela Piloto estuvo ocupada por el segundo candidato a concejal, Mario Rodríguez, que no es precisamente el representante más fiel del proyecto que encarna Arroyo, más allá de que la UCR le dio su apoyo formal. Sin embargo, eso se puede plantear en un terreno ideal, casi utópico. En el contexto actual, cargado de chicanas y denuncias, Pulti seguirá siendo el gato que quiere cazar a un escurridizo ratón.







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