No porque Romero tenga algo que ver con esa causa, sino porque se da cuenta de que él menos que nadie es susceptible de ser juzgado
SALTA.- Cada lento paso que la Justicia salteña da en las numerosas causas contra Juan Carlos Romero parece de a poco generarle algo de nerviosismo, sin embargo, el hecho que el Juez Ariel Lijo haya procesado a Amado Boudou y junto a él a todos los investigados por la causa Ciccone, es lo que más nervioso lo pone.
No porque Romero tenga algo que ver con esa causa, sino porque se da cuenta de que si el Vicepresidente fue investigado y procesado, él menos que nadie es susceptible de ser juzgado en más de una causa de corrupción. Es así que ya nadie parece ser "intocable”, lo que no en todos los casos indique presunta culpabilidad.
Sin embargo, Romero tiene ahora un destino lineal. Deberá presentarse a declarar seguramente luego del receso invernal y con la decisión del Juez Federico Diez, a quien le tocó atender las causas ante la jubilación del anterior magistrado a cargo José María Alvarado Solá.
Junto con Romero, los dos ex funcionarios investigados Gilberto Oviedo y Víctor Manuel Brizuela. Oviedo es al parecer necesariamente partícipe de los negociados que Romero hizo con las tierras de La Ciénaga, desde su cargo como ministro Coordinador además de ministro de Producción y el Empleo. Pero fundamentalmente fue su amigo y confidente.
Y Brizuela, quien retendría información pública que debiera estar en el Colegio de Escribanos de Salta y sería prueba fundamental para entender el paso a paso de los negociados encubiertos por Romero y Oviedo para quedarse con las tierras públicas de todos los salteños.
Faltan pocos días para que la Justicia abra el receso de invierno y dicen que en la segunda mitad del año Brizuela y Oviedo deberán pasar por Tribunales y luego, antes de fin de año Romero como estrella central, sea por la Ciénaga o por las negociaciones incompatibles. Y Romero sabe que ya no puede eludir más su declaración y sabe también que un eventual procesamiento lo pondría al borde de perder sus fueros y de quedar expuesto en el "Nunca más” de la corrupción.



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