Juan Carlos busca detener la presión para que abdique

Juan Carlos busca detener la presión para que abdique
Por Martin Rodriguez Yebra |

MADRID.- Apenas hace unos días el rey Juan Carlos volvió a intentar moverse con muletas. Lleva 48 días recluido en el Palacio de la Zarzuela, obligado a trasladarse en silla de ruedas, casi sin recibir visitas. Pero, maltrecho como nunca en el físico después de su tercera operación de cadera, decidió enfrentar otra debilidad acaso más grave: allá afuera, en toda España, se discute, por primera vez en 38 años de reinado, si él debe o no seguir al frente del Estado.

El rey adelantó el regreso a la actividad pública, que sus médicos anunciaban con suerte para mayo o junio, y mañana volverá a posar ante las cámaras en reuniones protocolares en su despacho. En el palacio traducen el mensaje: es una señal evidente de que no está pensando en abdicar, señalaron voceros de la Casa del Rey.

A los 75 años, le espera en el camino una geografía desconocida. La imputación de la infanta Cristina en el expediente sobre el fraude millonario con la falsa ONG Nóos por el que está acusado su esposo, Iñaki Urdangarin, terminó de romper el cristal que blindaba al rey y lo libraba de rendir cuentas de su vida privada, sus relaciones políticas y su fortuna.

En la TV, en los diarios, en los bares se habla de la posible conveniencia de una abdicación, se comentan sus supuestas infidelidades y negocios con la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, a quien ya se dejó de mencionar con el eufemismo "la amiga del rey". Incluso salió a la luz el secreto de la herencia de su padre, Don Juan, que en 1993 legó a sus tres hijos fondos millonarios en cuentas radicadas en Suiza. La Casa del Rey anunció que está preparando una explicación consistente sobre qué pasó con ese dinero. Es decir, si Juan Carlos mantuvo o no las cuentas suizas.

El debate sobre el futuro de la monarquía desvela al gobierno de Mariano Rajoy y a la oposición socialista, que admiten negociaciones para regular "algunos aspectos" de la Casa del Rey, como consintió la número dos del oficialismo, María Dolores de Cospedal. Uno de esos aspectos -ya "acordado" con el palacio- será la inclusión de la corona en la nueva ley de transparencia, lo que la obligará a publicar cómo gasta su presupuesto.

¿Alcanzarán unos retoques legales y la vuelta a la actividad del rey para aplacar la crisis? La imagen de Juan Carlos cayó a mínimos históricos, según todas las encuestas. "En España nunca hubo un gran sentimiento monárquico. Lo que había era «juancarlismo». Lo que se nota en la opinión pública es una pérdida de confianza y una decepción con el rey; son sentimientos difíciles de revertir", dijo a LA NACION Juan José Toharia, presidente de la consultora Metroscopia.

Su último sondeo, de El País, le da a Juan Carlos un 42% de apoyo, contra un rechazo del 53%. Muy distinta a la situación de su hijo, el príncipe Felipe, que retiene un 61% de aprobación. La cuesta empezó con el caso Urdangarin, hace dos años, y se agravó el año pasado, con el escandaloso episodio de la rotura de cadera durante una cacería de elefantes en Botswana, que indignó a una población agobiada por las malas noticias económicas. ¿Pero quieren los españoles que abdique? "El 70% de los españoles rechaza que los reyes mueran en la cama", respondió Toharia.

En la Casa del Rey reconocen la crisis, pero insisten en que el descrédito afecta a todas las instituciones, sobre todo a los políticos.

El "proyecto Felipe"

El jurista Javier Pérez Royo apuntó que lo que está en juego en España es el modelo que se inició con la transición posterior a la muerte del dictador Francisco Franco: "Hay varias crisis que se superpone; en los partidos políticos, la justicia... por supuesto la economía. Y en ese contexto la monarquía da señales de agotamiento. Creo que nos estamos aproximando a una implosión del sistema y a un proceso constitucional".

Según él, el planteo de la abdicación en Felipe como un salvavidas puede ser un arma de doble filo. "Si no funcionara, salta todo el sistema."

El "proyecto Felipe" seduce a sectores del poder español. Se insinúa en conversaciones entre empresarios y se filtra en las columnas de ABC, el diario de mayor tradición monárquica. "España no quiere la república. Lo que quiere es que la monarquía se homologue al sistema constitucional -opinó José Antonio Zarzalejos, ex director de ABC y uno de los monárquicos más críticos hoy de Juan Carlos-. Hubo un confundido sentido de agradecimiento al rey por su papel integrador, que permitió que él no tuviera pautas para la gestión de sus asuntos privados y de su familia."

La salud podría ser el relato sobre el que explicar una eventual abdicación, opinó. Un miembro del gobierno del PP amplió: "Juan Carlos no va a abdicar salvo que no pueda levantarse de la silla de ruedas".

El rey en persona intentará aquietar los rumores. Mañana recibirá al poeta José Manuel Caballero Bonald, último premio Cervantes. Será en su despacho y habrá foto oficial. El jueves recibirá al premier esloveno. En su entorno dicen que quiere salir y tomar riesgos: avisó que ocupará el palco de honor en la final de la Copa del Rey, en Madrid, en mayo. Y espera volver a viajar por el mundo, donde lleva 38 años encarnando el poder verdadero de España.

Allá afuera sigue la tormenta: la crisis económica agrava el malestar social y el debate sobre el futuro de la corona avanza, incontenible. A fines de mayo se definirá si su hija será o no indagada por el fraude Nóos. Él tiene inmunidad: no puede siquiera ser citado como testigo. Pero el plan de reconstrucción de su figura tendrá que ejecutarlo rodeado de sospechas.

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