El propietario de las panaderías "La Posta", "Crocante" y "El Abuelo Julio", José María Jamad, fue indagado ayer por el juez Daniel Ralli, como sospechoso de haber cometido un delito, luego que se hallara bromato en varios productos panificados, aunque amparándose en un derecho constitucional prefirió no declarar.
"Quiero ver cuáles son los cargos que hay contra él antes de resolver si declarará -expresó la abogada-. Pero hay algo que no se dice y es que el maestro de pala, con el conocimiento de Jamad, fue el denunciante en el expediente. El lleva 17 años trabajando y nunca vio que se usara bromato".
Esa persona señalada como maestro de pala, Omar Ignacio Olmos, es el otro imputado del caso; aunque su cargo es de encargado de producción y compras de la cadena de panaderías. Olmos también concurrió ayer al Juzgado de Instrucción 6 junto a Mereu y tampoco declaró.
Estas indagatorias ordenadas por Ralli se suman a un allanamiento realizado a una distribuidora que provee a varias panaderías locales, a las declaraciones de tres testigos -los dos inspectores que encontraron el bromato y la directora provincial de Epidemiología, Claudia Elorza- y a informes enviados por la Municipalidad.
Si bien es cierto que Olmos radicó una denuncia a horas de conocerse la intoxicación masiva en la población, también lo es que la investigación fue impulsada por el fiscal Mauricio Piombi, quien en la víspera no pudo asistir a las indagatorias. Este le pidió al juez que efectúe una pesquisa amplia, que abarque no sólo a Jamad y a personal de los tres comercios, sino también a los proveedores y a los funcionarios municipales que están a cargo de los controles bromatológicos. La investigación apunta a saber si se cometió un delito contra la salud pública, que sería el de envenenamiento o adulteración de sustancias alimenticias y si hubo o no negligencia. Cuando hace tres meses estalló el escándalo, el propio subdirector de Sanidad y Control de Actividades Económicas de la comuna, Juan Rivas, admitió que "evidentemente hay algo que no estamos haciendo bien" y pidió públicamente una autocrítica en el sistema de controles.
La hipótesis del sabotaje.
El bromato es un aditivo que se le agregaba a los panes y facturas hasta 1995, cuando fue prohibido por el Ministerio de Salud de la Nación para ser usado para ese fin por sus efectos cancerígenos. Un laboratorio de alta complejidad de Bahía Blanca detectó, a pedido del municipio, que en los productos panificados de Jamad había 104 partes de bromato por millón (no se especificó si era bromato de potasio o de sodio), lo que equivale a 10,4 gramos de bromato por cada 100 kilos de harina; o sea 5,2 más de lo que se permitía como estándar máximo hasta hace 16 años en el país. El bromato de sodio había sido prohibido en 1977. Las tres panaderías de Jamad -una figuraría a nombre de una sociedad anónima- fueron clausuradas preventivamente durante 20 días por intoxicación masiva (así pudo leerse en las fajas colocadas por la comuna), luego del brote de gastroenteritis que afectara a medio centenar de personas que habían consumido productos en mal estado.
Jamad y Olmos -éste en forma más específica- dejaron entrever en declaraciones públicas que pudo tratarse de un sabotaje. "Llegamos a la conclusión de que (lo hallado en los panes) pudo ser un producto que se usó como sal por equivocación", indicó el empresario, agregando que "no utilizamos bromato de potasio" y que "posiblemente" éste ingresó por alguno de los proveedores "rotulado como jalea y que nosotros enviamos a los comercios para que elaboren las facturas".
- ¿Cómo terminó ese producto en los alimentos?
- Cuando vieron que no era jalea, un empleado llevó el envase al depósito pensando que era sal. Y luego lo usó en altas dosis, por equivocación.
- ¿Habló con ese proveedor?
- Nos dijo que no podía ser.
Por su parte, Olmos afirmó que "este trágico hecho no fue intencional" y lo relacionó con "un infortunio de los proveedores", aunque en el reportaje concedido a Radio Noticias no descartó la hipótesis del sabotaje. Contó que las primeras quejas de los clientes fueron "por el sabor de las pizzas de La Posta. Era impresionante el sabor a cloro, que después encontramos en medialunas y criollitos", dijo. Sin dar nombres, el segundo imputado acusó a otros comercios. "Hace 20 años que usamos las mejores materias primas y de un día para el otro no vamos a querer intoxicar a la gente. En el 70 u 80 por ciento de las panaderías se usa bromato, nosotros hace 15 años que no lo usamos", remarcó.
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