Itatí, tierra de nadie

Desorden, basura y puesteros que ocupan las calles son las postales del centro religioso más importante del NEA. El domingo 16 en que se celebró la fiesta mensual de la Virgen, las familias volvieron a copar la localidad. Sin playas habilitadas, los bañistas desafían al peligro internándose en las aguas del torrentoso Paraná.
Pasar un día caluroso de verano en Itatí puede llegar a ser toda una aventura, como también en exceso desagradable para quienes visitan la localidad, en busca de consuelo a sus pesares, cumpliendo una promesa o simplemente buscando disfrutar en familia.

El último fin de semana se registró, como es normal, en la localidad una masiva visita de turistas en su gran mayoría familias que llegan por distintos medios para "cumplir", con la virgen Morenita, con ansiedad. Es así que a poco de ingresar al pueblo se advierte un panorama desalentador, empezando por el desorden del tránsito, sin agentes que orienten a los recién llegados u organicen el estacionamiento.

Por lo que cada uno estaciona donde quiere o donde puede, ocupan la plaza principal frente a la Basílica para que el auto descanse a la sombra de los árboles, la calle peatonal también es aprovechada, para hacer el menor esfuerzo de caminar hasta el interior del templo mariano.

También cada hora y media, se arma una fila de vehículos que serán bendecidos, a un lado de la Basílica. La cola se extiende hacia la calle Desiderio Sosa, provocando un verdadero caos de vehículos y transeúntes.

Sobre el mediodía es una misión imposible encontrar un lugar para guarecerse del calor y almorzar cómodo. A lo largo de la zona costera, los espacios verdes abundan pero en forma de malezas, donde la sombra es escasa y los campings ocupados a tope por las carpas y vehículos, cuelgan en la entrada el cartelito "No hay lugar".

RESIDUOS

Otra postal que se lleva el visitante, la encuadran los residuos que los desaprensivos visitantes arrojan en cualquier lugar y que los puesteros -que han copado las calles adyacentes a la iglesia ofreciendo todo tipo de artículos- acumulan en las esquinas.

Al perecer la Comuna también está ausente en este aspecto, porque la basura acumulada en plena calle a metros del Museo de Arte Sacro contiguo a la Basílica permanece en el lugar durante gran parte del día, lo que se convierte en un foco de contaminación.

SIN PLAYAS

El intenso calor de la siesta litoraleña incita a los turistas a internarse en el río. Los propios itateños se quejan, que siendo una opción de turismo religioso todo el año y siendo privilegiada con un ancho río que baña sus costas no tienen playas habilitadas.

Sin la seguridad necesaria, se advierte entonces la irresponsabilidad de los adultos que hacen la vista gorda a los carteles que rezan "Prohibido ingresar al agua", y dejan a los niños jugar en el agua. La zona de peligro está claramente señalizada, pero nadie hace caso y así cientos de personas, de todas las edades ingresan al Paraná sin el menor cuidado, lo que podría convertir a un paseo familiar en una tragedia.

Más de dos millones de personas llegan por año a éste lugar desde distintos puntos de la Argentina y de países vecinos, está en sus autoridades ofrecer más y mejores servicios al turista, que en definitiva contribuye al desarrollo económico de la ciudad.

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