Los analistas dicen que la actual ola de casos de corrupción que afecta a la dirigencia es peor que el célebre Tangentopoli, que estalló en 1992
Por Elisabetta Piqué |
ROMA.- Fondos públicos destinados a fiestas grecorromanas de mal gusto, banquetes con ostras y champagne, vacaciones de lujo en resorts. La ?Ndrangheta, la poderosa mafia calabresa, infiltrada no sólo en su tierra -es decir, en el consejo comunal de Reggio Calabria, disuelto por el gobierno-, sino también en los resortes del poder de Milán, la capital financiera de Italia.
Más allá de la dramática crisis económica, es un annus horribilis para la política italiana. El destape diario de escándalos de corrupción; el arresto de políticos, asesores, tesoreros y las investigaciones por peculado están a la orden del día. No da tregua la salida a la luz de casos de representantes de la casta política catapultados al banquillo por utilizar como cajeros automáticos los fondos de sus partidos para abusar de ellos con fines personales.
No por nada muchos analistas creen que lo que se está viviendo ahora en Italia es "otra Tangentopoli", pero peor que la anterior, que tuvo lugar hace 20 años. Entonces, el destape de un sistema de financiamiento ilícito de los partidos provocó un terremoto político, al certificar la defunción de partidos tradicionales, como la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, y dar lugar a un vacío que ocupó más tarde el magnate Silvio Berlusconi con su nueva criatura, Forza Italia.
"Estamos volviendo al 92, 20 años después, dicen todos. En realidad, es mucho peor", escribió hace unos días Ezio Mauro, director del diario La Repubblica.
Estamos frente a la perversión de la política, que se convirtió para muchos en un oficio, un sistema de colocación de alta renta, donde desaparecen valores, ideales, tradiciones y defensa de intereses legítimos. Aquí se roba para mandar y se manda para robar", disparó.
"Vivimos una segunda Tangentopoli, es evidente", coincidió Paola Severino, ministra de Justicia del gobierno tecnócrata de Mario Monti, que también opinó que las cosas están peor que hace 20 años. "Lucrar ilícitamente con el dinero público mientras se están pidiendo sacrificios a los ciudadanos es algo de una gravedad inaudita", dijo la ministra en una entrevista.
Por algo es que, desde hace ya varios meses, reina en Italia la llamada "antipolítica", es decir, el rechazo a la desacreditada clase dirigente. Sí, el Partido del Pueblo de la Libertad (PDL), de Berlusconi, está en ruinas. Después de las lujuriosas fiestas sexuales del Cavaliere, se vio envuelto en escándalos de corrupción en diversas regiones de Italia, los peores en Lazio y Lombardía, donde tambalea el gobernador Roberto Formigioni. Pero a los demás partidos no les va mejor.
En los últimos meses, en efecto, también la ex secesionista Liga Norte, famosa por sus luchas contra "Roma ladrona", fue sacudida por un vergonzoso caso de uso de fondos del partido para beneficio personal de sus líderes. Con dinero público se pagó hasta el diploma universitario de uno de los hijos de Umberto Bossi, el ex líder de la agrupación norteña y xenófoba.
Después de haber pasado 88 días en la cárcel de Rebibbia, también se encuentra bajo arresto domiciliario el senador Luigi Lusi, ex tesorero del centrista partido de La Margherita, que confluyó en el Partido Democrático. Lusi habría robado 25 millones de euros del partido.
Vaya paradoja, tampoco se salvó de esta nueva Tangentopoli la agrupación Italia de los Valores (IDV), el partido del ex juez anticorrupción Antonio Di Pietro, cuyo caballito de batalla es justamente la honestidad: Vincenzo Salvatore Mariuccio, jefe regional de IDV del Lazio, fue acusado por la justicia de saquear 780.000 euros de las arcas del partido. Mariuccio fue obligado a dimitir, en medio de un enésimo escándalo y mientras el Parlamento discute una nueva ley anticorrupción.
"Nada ha cambiado desde la época de Tangentopoli; es más, la situación es peor, con una difusión mucho más extendida de la corrupción", dijo Gherardo Colombo, ex miembro del famoso grupo de magistrados de la operación Manos Limpias de Milán, en el cual también estaba Di Pietro, hace 20 años. "No se hizo nada para hacer más difícil la corrupción y quedó demostrado que, más que investigaciones judiciales, es urgente hacer una fuerte inversión en educación y cultura, porque éste es un país en el cual la corrupción está culturalmente aceptada", denunció.
"La nueva Tangentopoli se manifiesta en un contexto de emergencia democrática más aguda de la que se vivió en 1992. No sólo por la recesión económica y el empobrecimiento difuso de la población, sino también porque la influencia de las organizaciones criminales y clanes que hacen negocios en las instituciones penetró sin ningún tipo de contraste de parte de una política sin anticuerpos", opinó el conocido periodista Gad Lerner.
Lerner destacó que la única diferencia que hay ahora es que Berlusconi, "el hombre fuerte al que se aferraron hace 20 años para resucitar un sistema de poder herido, no es más presentable".
Tras 20 años, la misma corrupción
El país no logró avances en la lucha contra un flagelo enquistado
ANTONIO DI PIETRO
Ex juez anticorrupción
Tangentopoli
1992
Tangentopoli, "la ciudad de las coimas", empezó el 17 de febrero con el arresto del socialista Mario Chiesa. Entonces, la operación Manos Limpias de los magistrados de Milán -Di Pietro, entre ellos- destapó un sistema de financiamiento ilegal de la política que provocó un tsunami que barrió a los partidos tradicionales.
SILVIO BERLUSCONI
Ex Primer Ministro de Italia
La secuela
2012
La nueva Tangentopoli coincide con el fin del berlusconismo. Varias causas revelaron escándalos de corrupción y de malversación de dinero público en casi toda Italia. Están acusados muchos políticos del PDL de Berlusconi, pero también de otros partidos; la mafia calabresa también se infiltró en negociados.


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