Israel atraviesa el peor aislamiento internacional desde su nacimiento

Israel atraviesa el peor aislamiento internacional desde su nacimiento
El Cuarteto para la Paz exigió a Tel Aviv poner fin a la colonización de Palestina. Termina una semana de máxima tensión entre Washington y Tel Aviv. El ejército bombardeó Gaza.
Las palabras dieron paso ayer a las armas en la tierra prometida cuando la Fuerza Aérea israelí bombardeó en la madrugada diversos puntos de Gaza y al menos 300 jóvenes palestinos respondieron a la convocatoria del movimiento islamista Hamas tras la oración de los viernes y chocaron con la policía en Hebrón, al sur de Cisjordania. En medio de la violencia, el gobierno del premier Benjamin Netanyahu continuó dando señales ambiguas frente a las exigencias internacionales de reencauzar el diálogo y cesar las polémicas construcciones en Jerusalén Oriental, mientras el Estado hebrero se debate en su mayor aislamiento internacional desde su nacimiento.

En una cumbre en Moscú, el Cuarteto para la Paz conformado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas se manifestó "profundamente preocupado por el deterioro continuo en Gaza, en particular por la situación humanitaria y de los derechos humanos de la población civil", al tiempo que exhortó "al gobierno israelí a congelar todas las actividades de colonización, incluso las destinadas al crecimiento demográfico natural, a desmantelar todos los puestos de avanzada construidos desde marzo de 2001 y a abstenerse de proceder a demoliciones y a expulsiones en Jerusalén Este". Fue el propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien puso un plazo para el éxito de las negociaciones de paz: dos años, a partir de ahora.

La respuesta no demoró en llegar, dura y tajante, por parte del canciller Avigdor Lieberman, el ala más radical de la actual coalición de gobierno israelí. "La paz no puede imponerse artificialmente con un calendario irrealista", contraatacó el funcionario durante un encuentro con la comunidad judía de Bruselas. Y añadió: "Ignoran el hecho de que hay que sentar las bases de la paz antes de conseguir la propia paz".

Pese a que las relaciones entre el gobierno israelí y Estados Unidos –su principal aliado de Occidente– se enfriaron progresivamente desde la primera convergencia de Netanyahu y Barack Obama en Washington, esta semana el conflicto diplomático alcanzó el punto de ebullición cuando la Casa Blanca calificó de insultante el desplante sufrido por el vicepresidente Joe Biden al visitar Israel mientras se anunciaba la construcción de 1.600 viviendas en el sector de Jerusalén Occidental, anexado tras el conflicto de 1967.

El embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, llegó a calificar el clima del peor enfrentamiento en 35 años, en alusión a las presiones del entonces secretario de Estado Henry Kissinger a Isaac Rabin para que el país abandonara la Península del Sinaí. Sin embargo, aun entonces, el aislamiento internacional del Estado hebreo no alcanzaba la magnitud actual, con un gobierno gestado en la interesada alianza de los halcones de Israel que deja a Netanyahu con mucho menos margen de maniobra que el de Rabin en 1975, con el laborismo hegemónico.

Esta semana, el diario Haaretz criticó en duros términos al premier y su "despreocupada" actitud frente al gesto que irritó a Washington. "Si no sabía que su canciller iba a realizar el anuncio, entonces no merece ser primer ministro, y si lo sabía y no actuó por temor a quebrar la alianza que lo sostiene en el poder, entonces no puede gobernar eficientemente", alegó el principal diario israelí en un crítico editorial. La encendida reacción de Lieberman desde Bélgica, lejos de sofocar el muro de llamas que lo separa de la Casa Blanca, alimenta la hipótesis de desconcierto de Netanyahu.

Sólo un día antes, el premier israelí se había comunicado con la secretaria de Estado Hillary Clinton, para bajar los decibeles del enfrentamiento, comprometiéndose a una reunión la próxima semana con la funcionaria demócrata cuando asista a Washington para el Congreso del Comité Israelí-Americano de Relaciones Públicas. Desde Moscú, Clinton le correspondió. "Nuestras relaciones continúan, son sólidas y duraderas", manifestó al anunciar el regreso del enviado especial de Estados Unidos para la región, George Mitchell, quien intentará corregir los tropiezos que pusieron en peligro la remota posibilidad de paz.

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