En una mesa redonda, se presentó la iniciativa para implementar la “Justicia juvenil restaurativa”.
La Municipalidad de San Isidro organizó una mesa redonda en la que se expuso sobre la problemática de los jóvenes y el delito en el marco de la “justicia restaurativa”, un modelo de abordaje centrado en la prevención y en la reparación del daño, que se desarrolla con éxito en Cataluña, España.
Esta mañana, en el Teatro del Viejo Concejo de San Isidro, expusieron el intendente Gustavo Posse; el obispo de San Isidro y presidente de Cáritas Argentina, Oscar Ojea; el catedrático de la Universidad de Gerona, Cataluña (España), Raúl Calvo Soler; y el fiscal general adjunto, Rodrigo Caro. La moderación estuvo a cargo del secretario de Integración Comunitaria, Arturo Flier.
La iniciativa –que por primera vez se presenta en la Argentina y en el resto de Latinoamérica– busca abordar, desde una nueva perspectiva, un tema candente: cómo tratar el delito juvenil. La “justicia juvenil restaurativa” es un concepto que apunta al tratamiento de delitos no graves y contravenciones cometidos por jóvenes o menores.
“La justicia restaurativa implementa una política social anticipatoria para evitar que el menor entre en una dinámica del delito. En Argentina hoy se promueve, en campaña electoral, bajar la edad de imputabilidad y con eso agravamos el asunto, porque no hay un abordaje integral desde la educación y desde una mirada que atiende lo social”, afirmó Posse.
Soler, quien vivió 10 años en nuestro país, explicó que la idea es trabajar con jóvenes infractores para reducir el delito juvenil. “La justicia restaurativa es un modelo de respuesta para un menor que cometió un delito. El sistema busca restaurar la relación entre víctima-victimario (que fue rota por el acto delictivo) y sus entornos”, afirmó el catedrático catalán.
“En Cataluña el 60 por ciento de los menores que pasan por el programa de justicia juvenil no reincide; en cambio los jóvenes que pasan por el proceso judicial sí vuelven a cometer delitos en un 70 por ciento. Esta experiencia perfectamente se puede aplicar en Argentina”, dijo Soler.
Para monseñor Ojea el delito juvenil tiene solución, pero el camino es largo: “La justicia de los chicos tiene que ver con heridas muy grandes que ellos recibieron en algún momento de sus vidas y deben ser sanadas. Hay que trabajar para que tomen conciencia de la gravedad del delito y reinsertarlos en la sociedad. La experiencia catalana es seria y positiva”.
Caro expresó que estos encuentros son fundamentales porque convocan a todos los actores que trabajan en materia del niño para aunar el esfuerzo entre instituciones, comunidad y organizaciones no gubernamentales. “Esa labor debe generar efectos de inserción de políticas de inclusión”, expresó el fiscal.
“Apuntamos a prevenir el delito, y entender que no sólo es una cuestión de policías y ladrones. Debemos lograr que ese menor tome conciencia del daño producido y ofrezca una reparación a su víctima”, resumió Flier.
La mesa redonda fue el puntapié para el desarrollo posterior de un proyecto en el que participarán fiscales y abogados capacitados por el catedrático catalán; investigadores universitarios que elaborarán estadísticas respecto de la implementación del programa; y la red social del Municipio de San Isidro, que trabajará en la educación y reinserción del victimario. San Isidro será el primer Municipio de Latinoamérica que desarrollará una experiencia de este tipo.
Acerca de la justicia restaurativa
La justicia juvenil restaurativa atiende a las causas y efectos del delito, y se basa en tres pilares: responsabilidad del autor (toma de conciencia del daño provocado); reparación a la víctima (sanción); y reinserción del infractor a la comunidad (prevención de futuros delitos).
Según los especialistas en justicia restaurativa, el diálogo entre víctima y victimario es un instrumento valioso para “sanar” a ambos, para reparar el daño producido por el delito buscando que el joven tome conciencia del impacto de sus actos y para prevenir la reincidencia.
Para entender mejor de qué se trata la justicia restaurativa, Flier narró una situación que sucedió en Cataluña: “Dos chicas, de 15 años, le robaron a una señora mayor que estaba yendo a hacer las compras. Esta mujer vive en un tercer piso donde no hay ascensor y el esfuerzo que debe hacer es grande”.
Tras el hecho se confrontó a la víctima con los victimarios. La señora les explicó el daño que le provocaron, y las chicas se comprometieron a llevarle las compras hasta la puerta de su casa, por un determinado período.
“Es un ejemplo sencillo, pero estas chicas, con el acompañamiento profesional, pudieron tomar conciencia de su delito, ofrecieron reparación a su víctima, y ello evitó que reincidieran”, remató Flier.


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