El fútbol les interesa poco y nada. En estos días se les suma las apelaciones patrioteras de las publicidades y el uso exagerado de la palabra pasión. Para ellos es mejor ocuparse de tareas pendientes y correr por la ciudad vacía.
La lista se inicia con la socióloga Luciana Arauz, a quien con sus 30 años le gustaría decir que la Copa le es indiferente pero la euforia en torno al evento la exaspera: "Como tooodooo el mundo está con eso, empiezo a odiarlo un poquito. Y un poco también al nacionalismo sinsentido que conlleva", dice. El fútbol no le interesó nunca, aunque creció en una casa en la cual sus hermanos seguían los partidos muy de cerca. Cuando juega Argentina, ni siquiera mira el televisor de reojo, sino que aprovecha los 90 minutos para hacer sus cosas. "Tengo el rato libre", se entusiasma.
El único que podría introducir el fútbol en la casa de Dolores Bulit y Carlos Cristófalo es Vito, el hijo de la pareja. Pero esa posibilidad se torna difícil si se tiene en cuenta que el niño, de siete años, es el único de su curso que tiene pocas figuritas del Mundial. "Todos los compañeritos tienen el álbum lleno y él no. En casa no tenemos tele, Carlos nunca fue de ver partidos", dice Dolores, a quien el asunto no le preocupa en absoluto.
Durante la entrevista con este diario, Bulit se entera de que su suegro, a quien no conoció, era fanático de Boca Juniors, algo que su cuñado heredó. En cambio Carlos llevó a Vito a la cancha una sola vez. Fue en el Monumental, para ver al seleccionado. "Fuimos porque nos regalaron las entradas. Me ocupo de que mi hijo no sea un extraterrestre como yo."
El periodista Daniel Alvarenga reconoce que le gustaría sentir alguna simpatía "por algo que parece ser una fiesta" pero, con los años, como le pasó a la socióloga Arauz, para él la indiferencia se convirtió en saturación: "Fue cuando empezó a haber fútbol casi todos los días y, claro, esa locura llega al paroxismo durante el Mundial. No casualmente la definición de paroxismo es tanto 'exaltación extrema de los afectos y pasiones' como 'exacerbación de una enfermedad'". Alvarenga avisa que va a sacar provecho de la tranquilidad mundialista yendo al supermercado o saliendo a correr porque le gusta "ver a la ciudad paralizada".
Durante el Mundial de Alemania, los fóbicos a esa ceremonia estaban encabezados por Winston, un bloguero que presidía la Liga Antimundial de Fútbol, cuyos miembros le festejaron haberse animado a decir en televisión que no le gustaba el deporte más popular del país por considerar que se trataba de "once tipos semi desnudos corriendo detrás de una pelota". Hoy, Milagros Casella, payasa y artista callejera de 26 años, va más allá de los jugadores y se mete con los hinchas y el negocio: "Son tantos jóvenes en contra del sistema, las banderas y las fronteras, apoyando con las venas el gran show de este circo capitalista, en el cual no importa otra cosa que el dinero y la imagen que dejamos ante el mundo. Se ven las miserias, la ambición desmedida, la ignorancia y la idiotez con la que vivimos", dilapida Chuka, como le dicen sus amigos. Conoce mucha gente que lo vive como ella, "conectada a otras cosas", y que, si ve algún partido, lo hacen "como un entretenimiento normal, no con fanatismo, ni patriotismo, ni ningún 'ismo'".
Hay artistas que también se sienten al margen de la energía mundialista y lo describen con sarcasmo y algunas percepciones contundentes. Tal es el caso del humorista gráfico Gustavo Sala –autor, entre otras, de la tira "Bife Angosto", de Página/12–, quien accedió a la entrevista adelantando que para él sería "un placer hablar mal del fútbol". Celebra que podrá ocuparse de tareas pendientes y resume su idea del Mundial como "aburrimiento, demagogia, publicidades con Messi y un abuso grosero de la palabra pasión".
Para el escritor Julián López, de 48 años, la Copa del Mundo representa "el recuerdo del Mundial 78, una cosa espantosa" y es "una nueva oportunidad" para sentirse "un alien que intenta vanamente pertenecer a lo humano". Le pasa lo mismo cada cuatro años: "Al Mundial no puedo dejar de verle el orégano en los dientes".
Como a Alvarenga, aunque de niño, también le hubiera gustado interesarse por este deporte, pero no lo consiguió. Entonces dice que ahora, si está en la casa de algún amigo en horario de partido, se refugia en el baño: "Reviso el botiquín; si hay Redoxón, me robo uno; abro el champú; huelo los perfumes; veo las colonias de hongos en los ángulos del techo...", precisa.
López sostiene que su vida durante los mundiales no se modifica. Sin embargo, parafraseando al líder de la AFA, ironiza: "En todo caso, aprovecho para reconcentrar mi miasma de odio y para girar mi anillo que tiene inscripto 'todo pasa'". «
En busca de la piel de gallina del espectador
Desde hace unos pocos meses, las publicidades referidas al Mundial de fútbol invaden la TV y las tandas radiales, con algunos mensajes alentadores, emotivos y sobre todo épicos. Desde un spot de La Serenísima donde las madres de los futbolistas del seleccionado argentino repasan anécdotas del desayuno de sus hijos hasta aquel de YPF en el que se puede ver a los propios jugadores haciendo goles cuando eran chicos, inundan los espacios publicitarios y compiten entre sí para ver quién se lleva el trofeo de la piel de gallina del espectador. Lo mismo busca Coca Cola Argentina, en medio de su campaña "La Copa de Todos", de la Agencia Wunderman, que presenta una publicidad con la premisa de que "la vida se parece bastante a un partido de Argentina", y hace paralelismos entre nacer y salir a la cancha, o el recibimiento de una madre y el de la hinchada. La cervecería Quilmes hace lo propio contando con qué se va a encontrar el público en este Brasil 2014 y se refiere a Lionel Messi, por ejemplo, como "un chico que se bancó miles de inyecciones para crecer y poder jugar alguna vez este Mundial" y a Ángel Di María como "un flaco que consiguió el fuego sagrado de haberse criado entre carbones", porque trabajó muchos años en la carbonería del padre. Además del desafío que enfrentan las agencias para lograr un aviso que sea recordado en el tiempo, se suma que la mayoría de las marcas no es sponsor oficial de la Selección y eso les impide mencionar algunas palabras porque son marca registrada de la AFA.
Cábalas en la pelu
A esta altura, siglo XXI, resulta demodé relacionar a las mujeres con el antifútbol –al igual que es demodé la palabra "demodé"– y la confirmación de que esa idea ya fue desmitificada la da el peluquero Miguel Romano, estilista de Susana Giménez y de tantas otras mujeres que se acercan a diario a su local de Barrio Norte, incluso durante los partidos. En diálogo con Tiempo Argentino, Romano describió: "Cuando está jugando la Selección argentina, se paraliza todo. Como tengo tele en la peluquería, todos dejamos nuestras tareas hasta que termina el partido y las clientas también se quedan mirando." El estilista aseguró que las mujeres que se atienden en su local "son todas fanáticas" y que incluso él puede convertirse en una cábala: "Cuando las clientas ven el partido en la peluquería y la Argentina gana, ellas vuelven al partido siguiente. Somos muy cabuleros los argentinos", analizó.
Sin embargo para Carolina, la encargada de un spa de la zona norte porteña, "durante el Mundial, las mujeres suelen aprovechar los horarios de partido para hacer cosas para ellas, como programarse masajes o limpiezas de cutis". El sitio Imujer.com, un portal uruguayo destinado a Latinoamérica, les habla a esas mujeres que identifica Carolina, y lo hace a través de "sugerencias para hacer durante los partidos", como hacer ejercicio.
Una revista que renace cada cuatro años
Uno de los representantes de la causa anti copa del mundo es el periodista Diego Rottman, director del sitio Periodismo.com y creador de la revista virtual Sebreli, pensada para el universo antimundialista e inspirada en el rechazo que ese sociólogo y escritor tiene sobre el deporte preferido de los argentinos.
La idea surgió en el Mundial 2006, en el blog de Rottman
"Veía una invasión en la publicidad, en los noticieros, en las revistas… todo era Mundial. Y me preguntaba qué pasaría si a alguien se le ocurriera hacer un medio o una revista para cubrir la demanda de contenido e información de todos los que están al margen de eso. Entonces, a modo de humorada, hago esta especie de revista, destinada a las personas que odian o les es indiferente el Mundial", explicó el creador, quien este año armó la tapa del tercer número de un medio que en realidad no existe: el actor Alfredo Casero es el hombre de tapa. La del primer número había sido la espalda desnuda de una mujer e incluía textos de Jorge Luis Borges, Umberto Eco y, por supuesto, Sebreli, contra el deporte.
En esta edición apócrifa, promete un "kit de emergencia para partidos" y la voz de "héroes antimundial", entre los que cuenta a Casero, al periodista Jorge Lanata y a la cineasta brasileña Carla Dauden. "Debería ser una revista con la agenda de todo lo que hay para los mundialofóbicos", sugiere Rottman.
El nombre de la revista inexistente refiere a uno de los mayores representantes antifútbol. En los años '90, Juan José Sebreli publicó el libro La Era Del Fútbol, donde presenta al más popular de los deportes en la Argentina como un instrumento que los gobernantes usan para manipular a la población y critica a los hinchas por considerarlos "autoritarios pasivos, dogmáticos y personas que carecen de espíritu crítico y de sentido del humor". En una entrevista televisiva, el escritor resumió su postura: "Estoy en contra del fútbol como pasión colectiva, omnipotente y omnipresente. Me parece una forma totalitaria porque uno no puede evadirse."



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