A quienes nos toca hablar a diario con el empresario agropecuario por nuestra actividad profesional, sea esta la de comerciar bienes y servicios, o la de asesorarlo en materia agronómica y de agronegocios, actualmente nos encontramos más bien en un rol de “psicólogos” que de profesionales de ciencias agrarias si se permite la metáfora.
En efecto, el productor necesita descargarse y ser escuchado, en este momento toda su mente está en resistir y sobreponerse primeramente en el aspecto anímico, para ver cómo sigue trabajando, al menos aquel que pueda hacerlo. Es por ello que escribir de alguna cuestión productiva soslayando la coyuntura climática es imposible.
Quizás también la función, si es que tiene alguna, de un columnista agropecuario se trata de trasmitir el humor y el sentir del interior profundo, sin que ello signifique atribuirse una representatividad que no se tiene. Más allá de la subjetividad que todos llevamos dentro, y reconociendo que ante un mismo reclamo dos personas lo puedan entender de manera distinta, trataremos de trasmitir el sentir ante semejante adversidad climática del sector agrícola ganadero afectado por los excesos hídricos.
Esta inundación fue la que más hondo caló en el pueblo pampeano, producto quizás de que lamentablemente esta vez no solo afectó al campo sino a ciudades importantes. Sin duda esto último es la situación más grave posible. En efecto, cuando tenemos que lamentar evacuados y pérdidas de bienes, con familias que en pocos segundos se ven despojadas de años de esfuerzo, las palabras sobran y solo queda la solidaridad y la contención de todos. Sobre todo de la mano reparadora del Estado, que por lo menos en obras estuvo ausente. Afortunadamente, en La Pampa no tenemos que lamentar pérdidas de vidas humanas.
Ante un evento de esta naturaleza, que queda al desnudo años de desidia política (por decirlo de manera elegante), empezamos a buscar culpables y a exigirles a las autoridades respuestas que deberíamos haber exigido hace mucho, y sobre todo durante períodos de elecciones. Afortunadamente en pocos meses más podremos hacernos escuchar y muchos, ya en campaña política, tendrán que ir a las zonas afectadas a buscar el voto. Esperemos tener memoria y hacernos sentir con toda la fuerza de la democracia. Si bien es cierto que la lluvia fue extrema y que por mucho que se hubiese hecho ante dos inundaciones en prácticamente medio año (pues tuvimos registros tanto en octubre de 2016 como en abril de 2017 de más de 500 milímetros en cada caso), el daño y la pérdida siempre se hubiesen hecho presente. Pero también resulta evidente que con obras necesarias y que deberían estar hechas de por medio, podríamos afirmar que al menos las ciudades hubiesen estado a salvo.
En el aspecto agropecuario la red de caminos vecinales está destruida y es entendible, lo que no se entiende bajo ningún aspecto es el corte en varios tramos de rutas nacionales como la 35 y la 188. Sobre todo esta última, cada vez que llueve en exceso en La Pampa, Buenos Aires o Córdoba hay que fragmentar artificialmente la 188, o de lo contrario se rompe naturalmente por acción del agua, como en la oportunidad en que cayó un micro que circulaba normalmente y se vio sorprendido por un cráter en plena ruta. Ante esta realidad uno se pregunta: ¿es tan difícil hacer un pequeño puente? Ya hemos perdido la cuenta de las veces que se rompió y se reparó esa porción de la ruta cercana a la localidad de Larroudé e Intendente Alvear por efectos de rebalse del río V.
Dejando en claro que no hacemos responsables a los empleados de Vialidad Nacional, quienes están impotentes al igual que las víctimas que necesitan la asistencia de este organismo del Estado, que bastante dinero cuesta mantener vaya a saber uno para qué. Si vemos una clara responsabilidad, que seguramente ningún castigo tendrá, en un mayor porcentaje a los funcionarios anteriores, pero también algo de culpa les cabe a las actuales autoridades. Hoy podríamos calificar a este organismo que supo ser grande entre los grandes como un “sello de goma”, que no puede garantizar el tránsito ni siquiera sobre un asfalto firme, en alteos históricos que se ven desbordados una y otra vez en rutas nacionales vitales para el desarrollo del país. Por lo menos en lo que a la Ruta Nacional 35 se refiere, los intendentes de los pueblos afectados por los cortes no han sido contactados y/o atendidos por ningún funcionario con capacidad de decisión que pueda hacer 400 metros de alteo para que, ante daños de esta magnitud, al menos la vida de ese sector del interior sea algo más fácil. En resumen, vamos a tener que tener paciencia, resignación y memoria. Pero la moneda siempre tiene dos caras y en seis meses hay elecciones.
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