Ana Cortondo, del Club de Pescadores de Olavarría, detalló que si bien el acceso está despejado no se puede ingresar al barrio porque el camino está cortado. Detalló que sólo se puede pescar de embarcado y que el agua se escurre lentamente entre otras cosas, por la cercanía con la última crecida de mayo.
La secretaria de la asociación Ana Cortondo contó en primer lugar, que el agua baja lentamente. “Nosotros tenemos una regla de dos metros que recién el jueves se empezó a ver. Es complicado porque es muy lento”, sostuvo. Agregó que todavía las casas tienen agua y en el barrio no se puede entrar porque está cortado el camino.
“La medida es diaria y se controla también que al barrer tanta agua el arroyo trae juncos y mugre, se controla la compuerta permanentemente para que si bien corre por todas partes tenga ahí boca libre. Lo que no se pueda llegar todavía es hasta el fondo, a donde nosotros le llamamos la olla para ver si hay mucho junco para limpiar porque es todo agua”, explicó.
El acceso, en cambio si está despejado. Según indicó la administrativa, se puede pescar pero solamente embarcado porque no hay costa. “El domingo pasado hicieron concurso y salió pejerrey, nosotros creemos que el pejerrey ha buscado el reparo al expandirse tanto el agua y al ir bajando tan suave baja junto con el cauce”, dijo. En cuanto a la pérdida del pescado, estimó que “no se ha perdido tanto por lo que pescaron el domingo”.
“Lo que si varió mucho es la profundidad de pesca”, detalló Cortondo. “Se está pescando muy abajo que antes. A un metro ochenta, dos metros, cuando antes en Blanca la altura media era de 60, 30 centímetros. Precisamente porque está buscando reparo el pejerrey, por eso estimamos que no se puede hacer evaluación todavía, es muy temprano”, señaló.
En comparación con la inundación de mayo, consideró la de agosto como “más severa. Entre 5 y 8 centímetros más alta que la otra”. De todas maneras, dijo que también en aquella oportunidad, el pejerrey acompañó al cauce buscando reparo y volvió, pero que el agua caída con tan corta distancia de tiempo, las napas altas y los campos que no absorben agua, suman para que el nivel baje lentamente. “En la de mayo tardó cerca de 20 días en normalizarse la situación. Así que ahora antes del mes no creo que se normalice porque le cuesta mucho más”, sostuvo.
De las más de 50 casas en el barrio, el agua no alcanzó a cuatro o cinco. Respecto a las personas que viven en Blanca Grande, Cortondo explicó que tanto el encargado como la persona a cargo de la proveeduría tienen las casas altas y no fueron alcanzadas por el agua, y que “hay dos o tres personas que se fueron a las casas de adelante donde no había llegado”.
Quien también es una pescadora aficionada, habló también sobre desaparición de lagunas bonaerenses de la mano de las sequías. “Nosotros pasamos una época muy difícil hace seis años pero tenemos la suerte de tener manantiales propios, que si bien ahora nos juega un poco en contra porque ayuda, por eso fue una de las pocas lagunas que se salvó”, expresó, y agregó: “y que mantuvo el asado, porque estaba muy baja y al tener manantial refrescaba el agua y se pudo mantener”.
Ana Cortondo consideró que “ahora estamos medianamente tranquilos. En la sequía la mayoría desaparecieron. El tema es que se te seca la laguna, perdés la población y después recuperarla te lleva años”.
Por último, la secretaria se refirió a la confluencia de arroyos y ríos de la zona. “Se nos junta el arroyo de Las Flores y el Tapalqué en Alvear y después se suma el Vallimanca. Recién ahí nace el Salado, los tres cursos de agua ahí van y eso hace un tapón al escurrimiento del agua impresionante”, sostuvo, y opinó que “en realidad tendrían que haber empezado a limpiar por El Salado, porque empezaron a limpiar por el Quilco pero va todo al Vallimanca y es lo mismo”.
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