Sin inspectores, el Ministerio de Salud no controla a las farmacias

Sin inspectores, el Ministerio de Salud no controla a las farmacias
Desde hace un año sólo un farmacéutico realiza los controles a más de un centenar de farmacias de la provincia. Depende del Departamento de Regulación y Control.
La División de Inspección de Farmacias es una sombra. Es que recién a mediados de 2012 el Ministerio de Salud designó a una persona para realizar los controles a las farmacias de la provincia, de tal manera de cumplir con las exigencias y obligaciones del ministerio. Esa persona es un farmacéutico, al que por lo dispuesto en la ley de la Carrera Sanitaria, se le bloqueó el título, pero en su recibo de sueldo no figura ningún ítem que compense esta situación que le impide, por ejemplo, trabajar por su cuenta en una farmacia.

El Ministerio de Salud se desentiende, así, de uno de sus roles elementales: vigilar la venta de medicamentos para que se expendan en el territorio provincial bajo el imperio de las normas.

Un año atrás, una cronista de este diario realizó una compra sin receta de ansiolíticos en una farmacia de esta Capital. Los pidió, los pagó y se retiró sin exhibir la receta firmada, tal como lo exige la caja de un Alplax, un Rivotril o un Rohypnol.

Del mismo modo, adolescentes y hasta chicos pueden conseguir, con la complicidad de los empleados de las farmacias, los ansiolíticos con los que se inician en el camino de las adicciones. Es que si ningún organismo controla que efectivamente por cada blister de medicamentos con benzodiacepinas vendido haya una receta archivada en la farmacia, cualquier adulto o adolescente podrá acceder a ellos. Es decir, prácticamente se están comercializando como si fueran de venta libre.

El Colegio de Farmacéuticos de Catamarca ya señaló sobre el tema que quien tiene el "poder de policía" sobre la venta de medicamentos es el Ministerio de Salud, por lo que es allí donde se debe realizar la denuncia en primer término por el mal proceder de un farmacéutico o de una farmacia en particular.

Sólo en la Capital hay cerca de 70 farmacias, a las que se suman las de los organismos públicos. El farmacéutico inspector debe recorrerlas a todas para verificar si se transgreden las normas en la venta de las drogas, pero ni con una dedicación a full podría chequear cada sitio. Esta ausencia de una política sanitaria clara es la misma que se advierte cuando se debe ejecutar una contención social concreta: sin los medios, los organismos de control representan en un mero argumento discursivo sin fundamento.

Comentá la nota