Por Einat RozenwasserColectiveros y taxistas estuvieron involucrados en recientes accidentes en las avenidas Santa Fe y Rivadavia. Poca exigencia para sacar el carnet y escasos controles y sanciones favorecen los casos.
“Los profesionales son los que deberían dar el ejemplo de la conducción segura y son los que muestran todo lo que no hay que hacer. Sienten que como están todo el tiempo en la calle nada les va a pasar, todo lo saben y todo lo pueden. Y las autoridades acompañan porque no los controlan ni los sancionan”, resume Alberto Silveira, presidente de la Asociación Civil Luchemos por la Vida.
Durante las últimas semanas, la reiteración llevó el debate a la avenida Santa Fe. Con cuatro choques graves en un mes muchos apuntaban a la doble mano, pero basta pensar en todas las otras avenidas con circulación en ambos sentidos que existen en la Ciudad para entender que hay que sumar algunos elementos a esa explicación. El miércoles, en Flores, un chofer de la línea 2 provocó un choque en cadena que dejó 19 heridos. Y el viernes, una mujer murió en un taxi embestido por un camión sobre la Riccheri. Si bien fue una situación especial porque el auto estaba detenido por una falla mecánica, la pasajera esperaba adentro del auto, cuando el protocolo de seguridad indica lo contrario (ver Al parar...) A la seguidilla de accidentes se suman los datos del Observatorio de Seguridad Vial del ISEV a partir del relevamiento a nivel nacional. “Los datos continúan generando expectativas alentadoras. Sin embargo, es apreciable una lentificación del proceso en el último trimestre de 2012, que determinó que la reducción de la mortalidad no fuese tan efectiva como en el período anual anterior (-21%)”, detalla el informe que compara los últimos dos años. Y consignan un aumento del 19,9% para la siniestralidad grave en enero de 2013.
“Parate en el semáforo que vos quieras y vas a ver que los que más infringen las normas son los conductores profesionales: pasan los semáforos en rojo, arrancan antes de que se pongan en verde”, ejemplifica Fabián Pons, gerente general de CESVI. Exceso de velocidad, obstrucción de sendas peatonales, uso de bocina o luces para “apurar” a otros conductores, todo vale. Un relevamiento realizado en 2012 por Luchemos por la Vida consigna que el 95% de los profesionales no respeta la prioridad peatonal.
“En el caso de los colectivos, el elemento determinante de casi todos los siniestros es la velocidad”, apunta el ingeniero César Rocco, presidente de la Comisión de Tránsito y Transporte del Consejo Profesional de Ingeniería Mecánica y electricista (COPIME). Y sigue: “Técnicamente, un colectivo a más de 40 kilómetros por hora es una masa incontrolable, tanto por los frenos como por la estabilidad”. Y sostiene que las paradas distanciadas y los cronogramas de horarios incompatibles con el tránsito porteño potencian esta situación.
“Uno de los grandes problemas es cómo se otorgan las licencias. Se siguen dando registros con una laxitud enorme”, dice Pons. En 2008 se creó la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Entre otros puntos trabajan para implementar la Licencia Unica de Conducir, un sistema que unifica requisitos, categorías y antecedentes para evitar que, por ejemplo, se elijan los distritos “más benévolos” para tramitar la licencia.
El otro punto, coinciden los especialistas, tiene que ver con los controles y las sanciones. “Las multas recaen sobre la unidad y no sobre los choferes, o se utilizan como moneda de cambio”, señala Pons. “Los taxistas están apañados por ese beneficio inaceptable que les permite pagar $ 500 de multa con un servicio comunitario que nadie controla. En cuanto a los colectivos, la cantidad de infracciones es ínfima en comparación a los vehículos particulares”, compara Silveira.
A partir de los datos de la Dirección de Infracciones, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad denunció que entre 2011 y 2012 se redujo en casi un 75% la cantidad de actas por infracciones labradas a colectiveros. La explicación de la Ciudad apunta a los cambios que sufrió la ley a fines de 2011, norma que volvió a cambiar el año pasado.
“Es imposible que haya un agente en cada esquina. De hecho, en el choque de los dos colectivos había un agente que labró la multa, tendrá una infracción y eventualmente se le podrá sacar el registro, pero no puede impedir el hecho”, expone Guillermo Dietrich, subsecretario de Tránsito y Transporte porteño. La Ciudad tiene 800 agentes que se dividen en turnos. “Es cierto que en este momento, con tanta obra en el Centro, están concentrados en esa zona. Hay 12 camionetas haciendo controles electrónicos en las avenidas, pasamos de 8 a 50 motos y estamos incorporando 100 más. Del otro lado de la balanza tenemos que en 2007 hubo 142 víctimas fatales y el año pasado bajaron a 76”, agrega.

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