La innecesaria apuesta a un corralito verde

Fernando Gonzalez

La Argentina sigue siendo un país sorprendente. Nadie pensaba que, una semana después del contundente triunfo de Cristina Kirchner, íbamos a estar evaluando en términos de crisis lo que hoy sucederá en los bancos cuando se pongan en marcha las restricciones para uno de los deportes preferidos de los argentinos: comprar dólares para intentar resguardarse de las inclemencias del futuro inmediato.

Las palabras de Amado Boudou, alertando sobre una suerte de batalla contra los compradores de dólares (en el mismo tono que usaban contra el campo en 2008) abrió un frente de tormenta innecesario en el que el supuesto enemigo son miles de ahorristas anónimos que no pueden ser agrupados bajo ninguna categoría ideológica.

Este insólito corralito verde que el Gobierno comenzó a construir es una apuesta riesgosa para una sociedad cuya tendencia a caer en los temores psicológicos está presente en todas las crisis, desde el rodrigazo y el final abrupto de la patria financiera que cobijó el terror de la dictadura. Ojalá que la Presidenta reelecta y avalada con el voto mayoritario no cometa el error de crear un problema allí dónde no lo había. Los puntos débiles de esta economía en crecimiento son la inflación, la falta de inversión y la persistencia de la pobreza. Es la batalla que hay que dar en estos cuatro años y para ponerla en marcha no hace falta ninguna épica cinematográfica.

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