La inflación inquieta al Gobierno

Por Ricardo Kirschbaum

Desde que el Gobierno se empeñó en destruir con contumacia la credibilidad de las estadísticas oficiales, sobre todo las que miden la inflación, la búsqueda de una referencia creíble del costo de vida se dirigió a institutos provinciales o a consultoras privadas.

En ambos casos, los resultados -aún con diferencias- estuvieron más cerca de la realidad que la manipulación del INDEC . Más aún: las operaciones dirigidas a devolverles credibilidad terminaron siendo pantallas que ocultan la persistencia en el rumbo equivocado. Hasta un sector del kirchnerismo, ahora con mayor influencia desde la muerte de Kirchner, ha criticado la intromisión abierta de Guillermo Moreno en el coto cerrado en que ha convertido al organismo de estadísticas. El funcionario ha bajado su exposición pero no por eso ha dejado de actuar con sus métodos conocidos .

Ahora recuperó su perfil en proporción a la evidente preocupación del Gobierno por la inflación. Los gestos y acciones son elocuentes: desde las sugerencias domésticas del caminante Boudou, una de las bromas de este verano, hasta las acciones extremadamente selectivas para retrotraer precios de algunos sectores, muestran que el alza del costo de vida se ha convertido en un problema políticamente serio, que es lo que al oficialismo le importa ahora. Los gremios piden aumentos de acuerdo a la inflación real , no a la admitida.

Ni aún así abandonan su sesgo. No pueden explicar porqué se toleran aumentos de unos sectores y se amenaza con sanciones a otros. Esa selectividad, que tiene una raíz política inocultable , pone en tela de juicio, otra vez, la ecuanimidad que debería exhibir la administración.

La presión para frenar mediciones privadas de la inflación es infantil: la realidad es mucho más tozuda y la gente la palpa todos los días .

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