Lo sostiene la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios en un documento, al advertir que el actual modelo nacional no contempla a las economías regionales, que son las grandes generadoras de puestos de trabajo.
El pedido de auxilio no distingue tonadas: el S.O.S. de las economías regionales retumba en cada rincón del país. Poco importa si se habla de aceite de oliva, vino, yerba, frutas, miel o pescado.
Todos esos sectores vivieron en los últimos años una realidad común en la que el fuerte incremento de costos le ganó por varios cuerpos a los precios internacionales y se encargó de pulverizar la competitividad.
Lejos de ser novedosa, la situación que comenzó a insinuarse entre 2008 y 2009 no hizo más que profundizarse con el paso del tiempo. Si se toma como base 2007, la mayoría de los productos de las economías regionales sufrieron hasta hoy una caída de entre 20 y 57% del tipo de cambio real sectorial, según un trabajo de Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral).
La cotización del dólar oficial viene aumentando a menor ritmo que la inflación, y posiblemente la situación se mantenga, al menos, hasta las próximas elecciones legislativas como una estrategia para controlar la inflación.
Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, aporta un dato curioso si se tiene en cuenta la promocionada cruzada oficial contra los grandes grupos: “Mientras en 2005 las exportaciones de los 5 sectores más relevantes integrados por multinacionales (granos, oleaginosas, harinas y aceites y autos) representaban sólo el 38% del total, mientras las de los demás sectores (donde están las frutas, los vinos, los ajos y cebollas, los químicos, las hortalizas, las industrias derivadas de la madera como el papel y el cartón, etc.) representaban el 61%. Hoy, los 5 sectores principales representan el 54% y los demás el 46%”.
Dentro de las “particularidades” que se observan en los últimos años, figuran cuestiones como que a los exportadores les resulte más rentable vender yerba mate sin valor agregado (“canchada”) o aceite de oliva y vino a granel en lugar de envasado.
Mario Bustos Carra, gerente de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo y gerente general de la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolven) comenta que el aceite de oliva, que es un producto con proceso industrial, no tiene reintegros para la exportación; las aceitunas, sí. ¿Qué significado tiene eso? ¿Se debe a errores o falencias de la política pública para fomentar la exportación con valor agregado?
Elizondo cree que la primera razón de esa primarización es la inflación de costos que saca a los productos locales de mercados externos por el alza de precios: “Inflación más atraso cambiario”, dice.
La segunda razón -agrega- es que no se han compensado con procesos de innovación, agregación de valor, generación de intangibles y características singulares que permiten mejores precios (como compiten quienes vienen de países con tipos de cambios más “duros”, como los alemanes y los ingleses).
Entre agosto de 2010 y agosto 2011, del total de las exportaciones de vino, 70% era embotellado y 30% a granel. Entre agosto de 2011 y agosto de 2012, las cifras se invirtieron: 70% de las ventas fueron a granel y 30%, embotellado.
Un trabajo de Ieral ayuda a comprender un poco más la cuestión. “La retención no es un impuesto que grava sólo el valor agregado, sino todo el producto. En el caso del vino fraccionado no sólo se grava el costo del líquido sino todos los insumos que lo «visten»: botella, caja, corcho, etiqueta, etc. Para darse una idea de la importancia de esos costos, una botella de vino malbec exportado vale en promedio cinco veces más que el mismo vino sin embotellar. O sea, para una botella de vino de $ 50, la retención no cae sobre los $ 10 que cuesta el líquido sino sobre el precio total”.
Tras recordar que la industria de alimentos y bebidas representa el 25% del PBI industrial y el 28% de los puestos de trabajo del sector manufacturero, Daniel Funes de Rioja, presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) observa “con preocupación” la caída que las exportaciones del sector -en particular un gran número de productos regionales- tuvieron durante 2012 y los dos primeros meses de este año (alrededor del 40% del total producido se destina a los mercados internacionales).
¿Cuáles son los principales factores en la pérdida de competitividad? Funes de Rioja identifica “denominadores comunes” que afectan y generan inquietud en toda la industria de alimentos y bebidas: el incremento del costo de las materias primas, los insumos (algunos estratégicos como la energía), la presión fiscal, el costo del flete y las discusiones salariales. “Buena parte de las medidas que ayudaban mucho, como la ventaja Dejuauto que permitía pagar los Derechos de Exportación una vez cobrada la exportación, o el Sistema de Mis Facilidades para pagar las cargas sociales en planes de 3 y 6 cuotas fueron eliminadas.
Hoy, a pesar de estar en situación de quebranto productivo, debemos pagar los derechos antes de exportar y tenemos muchos reintegros sin cobrar desde hace mucho tiempo. Es decir, siendo acreedores del Estado debemos pagar anticipado los derechos de lo que todavía no exportamos ni cobramos.” ¿Por qué pasó lo que pasó?
El actual modelo no contempla a las economías regionales, que son las grandes generadoras de puestos de trabajo. Como no hay un plan, se adoptan resoluciones parciales y coyunturales movidos por ejemplo por el aumento de las importaciones de combustible”. Saben que no son tiempos sencillos. Aseguran que la devaluación no figura en su lista de prioridades y que tienen una batería de medidas paliativas con las que el panorama podría mejorar sustancialmente.

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