Por Alcadio Oña"Boudou visitó Tapalqué”. “El ministro visitó la ciudad de Mercedes”. “Boudou visitó Florencio Varela”. Dándole dura batalla a la imaginación, estos son los títulos de algunas gacetillas que pueden encontrarse en la Web del Ministerio de Economía. Informan sobre sus actos en la Provincia, con empresarios e intendentes, y también que reparte netbooks del Plan Conectar en colegios y centros de jubilados.
Raro, pero nada anormal en el universo K. El jueves, en Entre Ríos, Néstor Kirchner reemplazó a la Presidenta en un acto por la licitación de una autovía, aunque no ocupa ningún cargo en el Gobierno. También hubo netbooks para los chicos.
Subido a este tren, Boudou sostiene que la inflación sólo existe en la cabeza de la dirigencia opositora. Más aún, pretende que si alguien agita semejante problema, está promoviendo un ajuste salvaje.
“Sabemos los resultados que nos intentan imponer, cuando hablan de inflación y de otras cosas. Nos llevarían en la Argentina a lo que pasó en las décadas del 70, el 80 o el 90, es decir, a fracasos consistentes con políticas ortodoxas”. Eso acaba de decir en Nueva York, justo él, que se formó en una universidad donde reina la más pura ortodoxia liberal .
Pero si Boudou quisiera enterarse qué pasa realmente con los precios, le bastaría con consultar a cualquier habitante de su país. Y debiera estar preocupado: al fin, es el ministro de Economía.
Es cierto que ahora no defiende el índice del INDEC. Como todo el Gobierno, sabe que eso irrita doblemente a la gente : porque paga por la inflación y encima siente que le toman el pelo.
El kirchnerismo eludirá todo aquello que pueda traerle costos electorales. Siempre parado en el corto plazo, sus decisiones apuntará a instalar una sensación de prosperidad general : así empujará hasta las elecciones.
Parte de la estrategia es mantener al dólar prácticamente clavado. Sin embargo, por lo que se ve, decir que actúa como un ancla contra la inflación ya es más un latiguillo de economistas que otra cosa. Eso sí, contribuye a ocultarla.
La garantía de un tipo de cambio pisado hasta los comicios de octubre de 2011 le da vía libre a la bicicleta financiera . Una similar a las que corrían en las décadas que recordó Boudou, aunque su memoria sólo le haya dado para la inflación.
Tal cual pinta la perspectiva, el retraso cambiario también puede estar estimulando importaciones. Pero aquí juegan otros factores de un peso superior.
Entre ellos, claramente, la decisión de los empresarios de sustituir producción nacional por bienes del exterior. Esto es, no arriesgar dinero en emprendimientos de mediano y largo plazo o arriesgar el estrictamente necesario para el corto plazo.
Parece un contrasentido que cuando la economía vuelve a crecer por lo menos al 7 %, los empresarios gasten poco o nada en inversiones y desaprovechen la oportunidad. La explicación surge sola, ante cualquier consulta: prevalece el enorme ruido político presente, más el previsiblemente mayor que sonará a medida que se acerquen las elecciones.
Hay, pues, ciertos puntos claros en el horizonte económico. El Gobierno ha resuelto convivir con la inflación, evitará toqueteos peligrosos con el dólar y bombeará consumo por todos los medios a su alcance.
En cambio, algunos analistas advierten otras señales si se quiere menos definidas. Y una toca al posicionamiento oficial frente a la clase media: en palabras de la Presidenta, esa capa de la población “tan volátil que muchas veces no entiendo y cree que separándose de los morochos le va a ir mejor”.
Aún con una frase así de desdeñosa de por medio, el interrogante es si el kirchnerismo optará por la polarización y la confrontación directa con ese sector o si adoptará una actitud ambigua . Por de pronto, ya hay un aumento estacional en las tarifas de electricidad para los consumos medios y altos. Y el Presupuesto contempla otro en 2011.
El proyecto de distribuir las ganancias de las compañías puede terminar cajoneado, pero menearlo sirve, en principio, a dos objetivos. Significa una amenaza sobre los empresarios y, a la vez, un guiño a los partidos y el electorado de centro izquierda.
Está definitivamente claro que se pondrán muchísimas fichas en la franja de menores recursos, el núcleo duro del oficialismo. Abundará gasto público, en obras, planes sociales y en anuncios preparados para fin de año.
El problema es que el proceso inflacionario representa en si mismo un ajuste, que pega, como en ningún otro, sobre ese enorme segmento social. Y más cuando el precio de los alimentos marcha arriba del 30 % anual .
¿Sentirán, en el núcleo duro, que ellos también forman parte de la cadena de la felicidad? Pueden existir los mejores sentimientos hacia el kirchnerismo, pero costará encontrar allí una percepción semejante .


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