Luego del triunfo del secesionismo, ahora se dirime si el actual presidente regional podrá formar gobierno con la izquierda, también independentista pero contraria a la continuidad del líder catalán. Hay otros candidatos.
Luego del triunfo del secesionismo en Cataluña, las dos formaciones favorables a la independencia de esa región norteña respecto de España hicieron públicas sus diferencias en torno a quién presidirá el futuro gobierno regional y a cómo impulsar el eventual proceso de secesión. En ese contexto, el crecimiento del partido liberal Ciudadanos preocupa y mucho al gobernante Partido Popular (PP), cuando se aproximan los comicios legislativos de diciembre en el país ibérico.
A pesar de que su fuerza CDC, que integra la alianza Junts pel Sí con ERC, fue la más votada en los comicios catalanes del domingo, los planes de Artur Mas para declarar la independencia de Cataluña podrían sufrir un giro, debido a que la CUP, el partido izquierdista que se erigió en fuerza secesionista clave para formar gobierno y con la cual ya se encuentra negociando, descartó apoyar su investidura como jefe del Ejecutivo regional y declarar la secesión a corto plazo, abriéndole la posibilidad a dos posibles remplazantes: su compañero de fórmula, Orio Junqueras, del ERC; y Raúl Romeva, ex eurodiputado y compañero de espacio de Mas.
Más allá de esos nombres, parece difícil que las negociaciones con el partido izquierdista puedan servir para convencerlo de mantener a Mas como jefe de gobierno. "Tiene que ser una persona que escenifique el inicio de una nueva etapa (...), a la que no se le identifique con recortes ni corrupción", señaló ayer la formación anticapitalista.
A pesar de los rumores sobre su desplazamiento, el todavía presidente catalán ratificó que mantiene su hoja de ruta hacia un estado independiente de Cataluña, que incluye "completar las estructuras del estado, para que estén a punto cuando se produzca la desconexión" de España.
Mientras tanto, el presidente español, Mariano Rajoy, mantuvo firme su negativa a dialogar sobre la separación de Cataluña. "Toda la colaboración de mi gobierno, siempre dentro de la ley", ofreció al Ejecutivo catalán, lo que supone mantener la puerta cerrada a una negociación con los secesionistas para celebrar un referéndum de verdad y dentro de la ley sobre el futuro de esa región ubicada en el norte de España.
"Los partidarios de la ruptura nunca tuvieron el respaldo de la ley y desde ayer sabemos que tampoco tienen el apoyo de la mayoría de la sociedad catalana", añadió el mandatario, haciendo una lectura alejada de la posibilidad de un acuerdo entre las fuerzas que promueven la secesión.
Pero lo que suceda con la rica región norteña no es la única preocupación que hoy tiene el mandatario español, cuya fuerza tuvo un muy mal desempeño en los comicios del domingo, quedando lejos de la opción antiindependentista más votada: Ciudadanos, una fuerza joven de centroderecha, que el domingo triplicó sus escaños en el Parlamento catalán, quedando con 25, contra los 11 del PP.
"La vieja política ha muerto en las urnas. Empieza una nueva era política para España", proclamó victorioso el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, candidato a La Moncloa en los comicios legislativos de diciembre. La campaña electoral para ellos arrancó oficiosamente cuando se escrutó el último voto de las catalanas.

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