El INDEC, los tomates y los churros

Transitando el mes de enero, no quedan dudas, la temporada es un verdadero éxito. Desde Mar del Plata, Gustavo Pulti, el intendente municipal en Mar del Plata, General Pueyrredón, con ganas de buscar un nuevo mandato, recibe a todos los candidatos, coquetea con varios, autoriza instalaciones de promoción política con palmeras, con todas las provincias, stands naranjas, amarillos y negros, y le dice a todos que la ciudad recibió más de 840.000 turistas en diciembre 2014, y 9 millones en todo el año. Records de los últimos años, cifras que seguramente serán superadas durante este 2015.

Ahora, ¿Repercute de la misma manera el éxito del verano en los comerciantes? ¿Lo ven de la misma forma?

Quienes conocen la idiosincrasia de los habitantes de la costa bonaerense, saben por ejemplo que el comerciante del verano es una persona muy peculiar. La queja permanente parece ser su religión, su característica saliente. Comerciantes, martilleros, concesionarios de balnearios, dueños de restaurantes, confiterías, locales de ropa, etc. La gran mayoría expresa que sí, que hay más gente, que hay ventas, pero nunca satisfacen sus objetivos, porque jamás la realidad superará el adn del comerciante que hace de la vida un llanto, de la actividad comercial una queja perpetua, y de la lágrima fácil una forma de ocultar, evadir, y victimizarse. Ningún gobierno en la historia argentina alcanzó los mismos niveles éticos de los comerciantes argentinos, por tal motivo, la evasión no es ni más ni menos que la forma de castigar a esos gobiernos, que al ser tan corruptos, no son dignos para que los patricios comerciantes paguen sus impuestos. No se lo merecen…

Si viene gente, gasta poco. Si gasta, lo hace en productos de poco valor. Si hay consumo y ventas, bajó el nivel del turista. Si se alquila más, reiteran hasta el hartazgo que son muy “gasoleros”, porque de cientos de alquileres, una familia del GBA alquiló un departamento de un ambiente y metieron a seis. Si se alquilan más carpas, son por día y las más baratas. Si la gente sale a comer, van a los tenedores libres y no me dejan arrancarle la cabeza con el cubierto a veinte mangos, la coca a veinticinco y las rabas a ciento cincuenta. Me quejo, luego existo…

Finlizado el  análisis psicológico del hombre de negocios del verano, y sabiendo que nunca encontraremos una mirada lógica de la realidad, pasemos a los injustificados y sorpresivos movimientos de precios de enero.

El Banco Santander presentó días atrás en España un informe sobre Argentina. Muy buenas expectativas, aumento de la inversión extranjera para este 2015 y un crecimiento del PBI del 3,5%. Cada vez son más los analistas políticos y económicos que hablan de continuidad del modelo. Se perfilan Scioli o Randazzo para suceder a Cristina, y más allá de las diferencias, el modelo no se tocará. Eso trae tranquilidad a todos, aunque algunos no lo expresen…

El gobierno le ganó al dólar, a los golpes y la especulación financiera, al desánimo y a los agoreros, a la baja del petróleo internacional, a los fondos buitres, a los sectores empresarios-políticos-gremiales que querían el caos en diciembre de 2014. Les ganó con realidades: Incremento de reservas, mayor consumo y movimiento turístico, acuerdos Rusia-China, swaps,  aumento de la recaudación, por encima de la inflación, y baja del dólar.

Pero, lamentablemente, el gobierno no puede ganarle a la postura cómoda, ambiciosa, egoísta, de muchos comerciantes que quieren salvar el año en un mes, y producen aumentos totalmente injustificados, arbitrarios, exorbitantes, y además, culpan a la imprevisibilidad del gobierno por sus “desmanejos” económicos.

Es cierto que el kirchnerismo tiene una deuda pendiente con la normalización del INDEC, y está tratando de recuperar terreno permitiendo el monitoreo del FMI a los números de cada mes, pero, por otro lado, de nada sirven esos datos y porcentajes paralelos, como el indec congreso, por ejemplo, que no hacen más que contribuir a la profecía autocumplida y le dan pasto a las fieras para que sigan aumentando, sin razón, y llevándose más al bolsillo propio.

En la costa, un kilo de tomates puede estar a 12, 15, 18, 28 y hasta 30 pesos el kilo. La docena de churros, que hasta el 31 de diciembre se vendía en las playas a 35 pesos, hoy cuesta 50. Un sobre de jugo que rinde un litro, puede estar a 2,50; 3,10; 3,50 y hasta 5 pesos. Todo en un sector que no supera los 60 kilómetros de costa. ¿Cuáles son las razones para esta dispersión de precios? Ninguna, salvo las ganas de ganar más plata, haciendo el mínimo esfuerzo. ¿Cuántas toneladas de frutas y verduras se tiran por día? ¿Cuánto más consumo, más satisfacción, más movimiento, lograríamos con comerciantes que no remarquen injustificadamente?

Las naftas bajaron un 5%, todos los acuerdos salariales se cerraron ya hace meses, los impuestos llegan con incrementos para el 2015 que jamás alcanzan ni siquiera la mitad de los aumentos producidos. Los minoristas le echan la culpa al mayorista, el mayorista al fabricante y el fabricante al gobierno. Si el producto es argentino, aumenta porque se benefician de las trabas a la importación, si el producto es importado, pudieron entrar pocos y entonces viene con aumento, si la mercancia es de Marte, aumenta porque los extraterrestres están en paritarias…

¿Y que nos queda como consumidores? Descubrir que no todos son iguales, que muchos tienen precios lógicos, que hay que hacer unas cuadras más saliendo de la costa y llegando a los barrios, que hay restaurantes con precios lógicos, que hay que dejar de homologar aumentos y no comprar, que hay que dejar que se les pudra la fruta en el cajón, los churros en la bandeja, y que le bajen las ventas a algunos…

“El gran problema de este país es la corrupción del gobierno”, me decía una mujer, dueña de una despensa en Miramar, que se tuvo que ir a USA en 2001, y que volvió hace dos años, gracias a la mejora económica en Argentina. La dama me hablaba de corrupción, mientras me pesaba 900 gramos de fruta, y me cobraba un kilo, y me dejaba ahí, con la bolsita en la mano… y sin factura.

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