Fernando GonzalezSi la inflación anual medida por el Indec fuera del 25%; si la inseguridad fuera en serio apenas una sensación o si los niveles de pobreza fueran tan bajos como los que anuncia el Gobierno, tal vez se le podría dar crédito al enojo oficial (personalizado por el canciller Héctor Timerman) con los Estados Unidos por las armas incautadas en un avión en Ezeiza.
El episodio podría haber sido resuelto con la acción de agentes aduaneros y la participación de un juez federal que investigara y determinara si EE.UU. estaba violando las leyes argentinas. Pero el Gobierno eligió el camino de la sobreactuación política creyendo que la confrontación con EE.UU. en una cuestión de importancia relativa puede servirle además para sumar algunas simpatías en este año electoral.
Está claro que a Cristina Kirchner le afectó la decisión de Barack Obama de evitar a la Argentina en su próximo viaje al Brasil y Chile, y también que la tensión que sus funcionarios le imprimieron a este conflicto no hubiera existido si Obama estuviera próximo a visitar la Casa Rosada.
Aún sobreactuado, bienvenido el celo en la custodia de las fronteras que muestra ahora el Gobierno. Tal vez les ayude a detectar en el futuro delitos como los 944 kilos de cocaína cargada en la base aérea de Morón pero descubierta recién en Barcelona.



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