Se prevén reacomodamientos a partir de decisiones de Cristina que, según varios analistas, la "diferencian" de Néstor Kirchner
La decisión de crear un ministerio de Seguridad y la designación de Nilda Garré al frente de la flamante cartera; la consecuente baja en las "acciones" del jefe de Gabinete Aníbal Fernández dentro del equipo de ministros; el nuevo vínculo abierto con el Fondo Monetario Internacional; la resolución de saldar la deuda en default con el Club de París; y las derivaciones de los episodios de violencia por la toma de tierras forman parte de los elementos que configurarían, según señalan diversos observadores, una fuerte innovación en la conducción del gobierno nacional.
Es que a casi dos meses de la muerte de su esposo Néstor Kirchner, la Presidenta ha comenzado a mostrar, con gestos y medidas, la decisión de modificar aspectos centrales de su estilo de gestión.
La aceptación de la problemática de la inseguridad como una "preocupación" del gobierno nacional y, sobre todo, la decisión de encararla creando un ministerio específico, son consideradas muestras salientes del cambio, más allá de que la designación de Garré en esa dependencia abrió múltiples debates sobre "la doctrina" en la que funcionaria basará sus resoluciones y la fuerte derivación política que tiene esa elección.
Quienes trabajaron junto a Néstor Kirchner aseguran que el ex mandatario no hubiera reaccionado de la misma forma, es decir, con la decisión de crear una cartera específica del área, y mucho menos restándole el manejo de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura a Aníbal Fernández, a quien le permitió seguir conduciendo en la práctica esas fuerzas (una función del hasta ahora ministerio de Justicia) cuando pasó a la Jefatura de Gabinete.
Es quizás ese movimiento el que tenga, en el corto plazo, el mayor impacto en el vínculo entre Nación y el universo bonaerense que abarca a la Gobernación y las intendencias. Jefes comunales del oficialismo admiten que el sesgo "garantista" que podría adquirir la gestión de Garré no resultaría compatible con las políticas que esperan quienes gobiernan en los distritos del Conurbano, una de las zonas que más sufre la dramática problemática de la inseguridad en la Provincia. Y suponen que, por eso, la coordinación de medidas y acciones entre ambas jurisdicciones requerirá ajustes.
Pero las secuelas políticas de esa movida y su impacto sobre el juego del poder dentro del gobierno nacional, en el que se destaca el duro revés sufrido por el jefe de Gabinete, también generarán reacomodamientos en el ámbito bonaerense.
¿Podrá Aníbal Fernández seguir cumpliendo el rol de interlocutor tanto institucional como político con los diversos sectores políticos del peronismo provincial y con la administración Scioli? Para algunos analistas, ya no. Y, en ese marco, son varios los que apuestan al crecimiento de la figura del ministro del Interior Florencio Randazzo como puente con el mundo bonaerense.
Ese nuevo escenario incidirá en el universo de los intendentes peronistas, que buscan, sin muchas señales, adaptarse a los vientos de cambio. La pulseada que muchos de ellos mantienen con el titular de la CGT y presidente del PJ bonaerense Hugo Moyano podría sumarse a las derivaciones de este nuevo perfil presidencial.
Acostumbrados en muchos casos a las ventajas del canal abierto que mantenía Néstor Kirchner con ellos, entre los intendentes campea una especie de desconcierto sobre quiénes "bajarán" a la Provincia la línea política que se diseñe desde la Casa Rosada.






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