Manzur está estancado y Cano crece con votos que en agosto fueron de FR y el PRO. Un sombrío informe electoral recibió esta semana el gobernador José Alperovich, de parte de su encuestador de cabecera, Hugo Haime.
La polarización de las elecciones del 27 de octubre ya es un hecho, y el radical José Cano se viene acercando sin pausa al oficialista Juan Manzur.
Hasta el lunes pasado, la ventaja del candidato alperovichista era de apenas 8 puntos, según los números de Haime. Esto significa que Cano ya habría recortado 10 puntos de diferencia sobre la ventaja que obtuvo Manzur en las PASO.
Pero más grave fue el comentario siguiente del encuestador: “Mientras Manzur se mantiene estancado, e incluso sufre leves pérdidas, Cano está en ascenso, y suma casi un punto por semana”, provenientes de personas que antes se inclinaron por Fuerza Republicana, al PRO o a Parajón, y ahora apuestan a un voto útil al Acuerdo Cívico para ponerle fin a la década de Alperovich.
El pronóstico de Haime es contundente: la elección será mucho más reñida que el 11 de agosto y habrá un empate en bancas (dos para el Frente para la Victoria y dos para el radicalismo).
El fuerte corrimiento de votantes de terceras opciones hacia Cano es la clave del escenario electoral. Los electores ya han entendido que apoyar al bussismo o al macrismo es malgastar el sufragio, teniendo en cuenta las chances que ofrece el Acuerdo Cívico para golpear al kirchnerismo en Tucumán.
Haime reveló que luego de diez años de continuidad hay un cansancio del electorado, que busca aires nuevos. Ya no alcanza con el aparato ni con la aburrida propaganda transmitida durante 24 horas por la cadena de medios del gobernador. El desgaste de los voceros periodísticos de Alperovich también salta en las encuestas.
El agotamiento natural del ciclo político además se ve estimulado por la pésima oferta electoral del Frente para la Victoria, encabezada por dos dirigentes fuertemente sospechados de enriquecimiento en la función pública.
Las críticas contra el multimillonario Manzur también son despiadadas en el mismo Palacio de Gobierno, aludiendo a su perfil insulso y carente de discurso.
En tanto, a Osvaldo Jaldo -patrón de las corruptas comunas rurales- le pegan porque ahuyenta el voto de las clases medias urbanas, decisivas en la definición electoral.
Lo más grave para Alperovich es que el resultado electoral le dejará un complicadísimo panorama para los últimos dos años de gestión.
Con un poder muy menguado, recursos más ajustados, una sociedad hastiada de alperovichismo y un gobierno nacional a la deriva, el mandatario tucumano tendrá que demostrar una gran habilidad política para poder retirarse en forma ordenada.
La primera tarea será encontrar un sucesor. La idea hasta ahora era postular a Manzur, y ponerle como segundo a alguien de apellido Alperovich o Rojkés. Pero difícilmente luego del 27 de octubre le quede margen para esa fórmula.
Jaldo también tiene pretensiones, pero su imagen no lo ayuda. Además, es difícil que pueda doblegar la desconfianza que le tiene el gobernador.
Mientras, Domingo Amaya espera.
Lo más probable es que un debilitado Alperovich tenga que ceder y negociar compromisos que proyecten estabilidad política y eviten una guerra dentro del peronismo.
La división del PJ seguramente alteraría la administración del Estado, y hacia 2015 le abriría una autopista directa a la gobernación al radical José Cano.





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