Encuentro por Corrientes se impuso hasta en Capital, con comodidad. Consiguió un empate en 2 en el rubro Senadores y 7 sobre 13 en Diputados. Mario Bofill salió tercero hasta en Loreto, pero entró Sussini. Fracaso de los encuestadores.
Colombi rompió todos esos pronósticos -algunos de los cuales fueron emanados des-de la propia cuadra del po-der- y pudo exhibir ayer otra victoria electoral que, según él, no da derechos sino más bien obligaciones. De ese modo trató de calmar la euforia de sus partidarios que, creídos en inferioridad de condiciones, sacaron pecho cuando empezaron a conocerse los números de Capi-tal, los primeros en ser cargados por el Centro de Cóm-putos.
Cerca de las 22 el propio Espínola salió a reconocer la derrota y dejar en claro que trabajaron para ganar. No pudo encontrar explicación para el resto: el haber perdido más de la mitad de los vo-tos que contó hace poco más de un mes.
Tal vez la cosa se revierta en octubre, cuando Cristina Fernández aparezca en la boleta. Entonces quizás todo vuelva a la “normalidad” de las encuestas, para ratificar lo que dicen sus gurúes acerca de la aceptación de la gestión presidencial. Por lo pron-to, anoche se ratificó la aceptación que, aseguraban, os-tenta Ricardo Colombi.
Los correntinos salieron a respaldar su acción de go-bierno y a darle un voto de confianza para seguir. Le otorgaron efectivamente el acompañamiento legislativo que el propio Ricardo salió a reclutar poniéndole el cuerpo a la campaña.
Fue a fuerza de ese trabajo que logró el aval que logró, cercano al 50 por ciento, ga-nando en Capital y en varios otros bastiones peronistas, no tanto en términos numéricos como en términos políticos. También ha perdido en municipios claves, nada me-nos que como el de Paso de los Libres.
La conclusión, no obstante, fue positiva. En base seguramente a la estrategia del desdoblamiento, que alejó a ECO de la tendencia nacional ampliamente favorable al kirchnerismo; a la amplitud de la alianza electoral, que terminó dando resultados sobre todo por la performance de los partidos provinciales como el Liberal, el Popular y el Nuevo (el Par-ti-do Autonomista decidió vo-tar con boleta genérica, por lo que se desconoce su aporte); a la incansable maratón de anuncios e inauguraciones y, claro está, al poderío del aparato que acarrea pero que también controla.
Todo ello dejó en falsa es-cuadra a los encuestadores que echaban por tierra la po-sibilidad de una polarización. Hablaban en cambio de un triple empate entre Flin-ta, Pruyas y Bofill que no só-lo no fue, pues Bofill ni si-quiera entró en la discusión y hasta salió tercero en su pueblo, Loreto.
Tal yerro puede obedecer a múltiples factores. Uno de ellos tiene que ver con la po-sibilidad del control, con la fiscalización que no pudieron conseguir Bofill y los suyos para evitar lo que to-davía se ve en Corrientes: las picardías caudillescas de los partidos más poderosos que roban o esconden las papeletas de los más débiles.
Estos hechos, además de la impericia de algunos presidentes de mesa y ciertas deficiencias del sistema de cómputos, quedan en el debe his-tórico de una provincia que tendría que modernizarse para mejorar la calidad de-mocrática.
En ese marco ganó En-cuentro por Corrientes. Flin-ta y Cassani revalidaron tí-tulos a favor de Colombi. Pruyas y Vallejos hicieron lo que pudieron, pero no al-canzó para torcer la derrota del kirchnerismo en la provincia como en Capital, tal vez lo más “doloroso”.
Dentro de un mes las ur-nas volverán a llamar a las puertas de Corrientes. Ha-brá que ver entonces quiénes son los que sonríen.



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