Hollande corta de cuajo una rebelión de ministros críticos

Hollande corta de cuajo una rebelión de ministros críticos

El premier Manuel Valls presentó la renuncia de su gabinete para forzar la salida de funcionarios que se opusieron públicamente a los ajustes

 El presidente francés, François Hollande, decidió ayer liquidar el ala izquierda de su gobierno, que reclamaba un cambio radical de política económica y el abandono de la austeridad que prescribe la canciller alemana, Angela Merkel, a nivel europeo.

Actuando como brazo armado del jefe de Estado, el primer ministro Manuel Valls presentó la renuncia de su gabinete con el objetivo de formar un nuevo equipo de gobierno, que excluirá a los dos principales heréticos: los ministros Arnaud Montebourg (Economía) y Benoît Hamon (Educación). Esa purga se profundizó con la renuncia de Aurélie Filippetti (Cultura), miembro del sector rebelde que criticaba públicamente -y cada vez con mayor violencia- la orientación política social-liberal del gobierno.

Montebourg y Hamon "cruzaron la línea amarilla", dijo el primer ministro en 

Twitter. Durante la tradicional Fiesta de la Rosa que reúne a los militantes socialistas al final del verano boreal, los dos ministros denunciaron la política del gobierno, "supeditada al diktat de Bruselas y de Angela Merkel". Pero el mayor desafío provino de las ironías e insolencias que destiló Montebourg sobre Hollande. La mayoría de los comentaristas destacó la paradoja que significa ver un ministro de Economía criticar la política que está encargado de aplicar.

 

Después de escuchar esas afrentas, Manuel Valls amenazó con renunciar si Hollande no destituía a los ministros rebeldes: "Es él o yo", le dijo al presidente anteayer, según indicaron fuentes del Hôtel Matignon (sede del primer ministro).

Las dos cabezas del Ejecutivo se reunieron nuevamente ayer a partir de las 8 de la mañana para decidir la estrategia por seguir. La "reestructuración ministerial", escogida por Valls, presentaba la virtud de limitar el carácter dramático que podría tener una destitución de los ministros rebeldes.

La crisis que estalló ayer incubaba desde hacia meses. Apenas llegó Hollande al poder, Montebourg se construyó una figura de contestatario de las opciones del ejecutivo, aunque disimulaba sus críticas contra el presidente detrás de ataques contra el ex primer ministro Jean-Marc Ayrault. En un momento, hasta llegó a decir: "Estamos gobernados por el conformismo".

Su salida del gobierno, que tuvo el aspecto de un fuego artificial, parece haber sido minuciosamente preparada para crear un electro- shock político. "El domingo paso al ataque", prometió a la prensa el miércoles, al salir de la reunión de gabinete en el palacio del Elíseo. El sábado había concedido una larga entrevista al diario Le Monde: "Hemos ayudado a las empresas. Ahora llegó el momento de ayudar a los trabajadores", indicó en una clara alusión a la necesidad de reducir los impuestos de los franceses.

Montebourg -apoyado por Hamon, Filipetti y un grupo de unos 30 parlamentarios que representan el ala izquierda socialista- son partidarios de estimular la demanda mediante reducciones impositivas y aumento del poder adquisitivo a fin de estimular el crecimiento que se encuentra estancado en 0% desde hace dos trimestres y reducir el desempleo, que afecta a 12% de la población activa.

Hollande, en cambio, sostiene que cualquier reactivación por medios presupuestarios "no hará más que agravar el déficit fiscal, aumentar la deuda pública y deteriorar el comercio exterior".

Montebourg planteó otro tema crucial al insinuar que el gobierno francés está supeditado a los diktats de Merkel. "Si debemos alinearnos detrás de la ortodoxia extremista de la derecha alemana, eso quiere decir que en la medida en que Merkel es quien decide, el voto de los franceses no tiene ninguna legitimidad y que el calendario electoral pierde todo sentido", sentenció.

Líder de una corriente que reunió 17% de votos en las últimas primarias socialistas, en octubre de 2011, Montebourg al parecer decidió abrir esta crisis a fin de preparar su futuro político con vistas a las elecciones presidenciales de 2017. Soltero, de 51 años, elegante, atractivo, irónico e inconformista, con un estilo de dandy que contrasta con la seriedad de otros dirigentes, está convencido de que puede federar a un amplio sector del Partido Socialista (PS) decepcionado con Hollande.

"Su salida del gobierno puede afectar la mayoría -cada vez más reducida- que tiene el PS en el Parlamento", observó el politólogo Frédéric Dabi, del instituto Ifop.

Este episodio, en todo caso, no parece capaz de mejorar la popularidad de Hollande, que llegó a 16%, según el institutó YouGov.

La composición del nuevo gabinete, que será anunciada hoy, debe dar algunas pistas para responder a los interrogantes que abrió esta crisis..

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