Hogar Magdalena: Ermesino denuncia presiones políticas

El sacerdote Ricardo Ermesino dio su misa ayer por la mañana y en su homilía se entremezcló una cuestión de la realidad diaria. Allí se quejó de la falta de políticas públicas por parte del gobierno provincial y del municipal en la cuestión de la violencia de género y disparó contra todos por su "inacción". LA ARENA lo consultó sobre sus dichos y el que peor parte se llevó fue el intendente Francisco Torroba: el jefe comunal de Santa Rosa habló hace unos días con el obispo Mario Poli para que convenciera a Ermesino de que para el Encuentro de Mujeres Pampeanas reabriera el refugio María Magdalena, pero chocó con su negativa.
"Se le viene el Encuentro provincial de mujeres y no tienen una mierda para mostrar (sic)", dijo el cura Ermesino ayer por la tarde sobre la petición del jefe comunal. "Nunca se calentaron por las mujeres golpeadas, nunca dieron un mango y ahora pretenden tener algo que mostrar en ese encuentro", afirmó.

Cura tentado.

Pero las palabras del sacerdote no fueron sólo para la intendencia. "El año pasado pedimos 7.000 pesos para mantener el refugio y desde el gobierno provincial nos dijeron que no tenían para eso. Con dos psicólogas, una asistente social y un matrimonio que ayude podíamos mantenerlo, pero nos obligaron a cerrarlo. La municipalidad nos dio algo al comienzo de Torroba y algo de comida, pero después nada de nada. Nadie hizo nada", indicó.

"No saben ni dónde están parados. Nunca se trabajó seriamente en el tema. Pretenden tener a la mujer golpeada encerrada, y el problema es el tipo que las golpea. ¿Para qué quieren tenerla encerrada? ¿Para que la siga cagando a palos (sic)? A esas mujeres las llevaba a la comisaría para que constataran las lesiones y tardaban para eso entre 10 y 15 días. La policía, el gobierno están detrás de todo ese sistema que no las protege", explicó.

Ermesino fue tentado por varios para reabrir el refugio María Magdalena, que tuvo que cerrar a fines del año pasado cuando no tuvo fondos para sostenerlo. Sólo durante el mandato del senador Rubén Marín hubo subsidios para mantener abierto ese hogar, pero al dejar el cargo el legislador nadie más ayudó. Hoy el lugar es usado para darle albergue a los familiares –mujeres y niños– de los presos alojados en las cárceles de Santa Rosa que llegan de otras provincias y muchas veces deben dormir obligadamente en la Terminal de Omnibus.

Ermesino comentó que desde hace unos meses comenzaron a llamarlo por teléfono desde la Seccional Segunda o del Ministerio de Bienestar Social para ver la posibilidad de reabrir el lugar, pero sin mucha convicción. Hace unos quince días el intendente Torroba se comunicó con Poli para que lo convenciera, pero el obispo le dijo que lo tratara directamente con el cura, que él no iba a interceder. También le habló la diputada Sandra Fonseca, "pero era también para tener algo, porque nunca se interesó ni nos dio un mango", comentó el cura.

Inacción estatal.

Mientras escuchaba el partido de la tarde y aguardaba la misa que iba a dar poco después, Ermesino indicó que entregará en el Encuentro de Mujeres un escrito en el que explica la situación de la falta de políticas públicas en La Pampa con respecto a la violencia de género.

"¿Por dónde tiene que ir la solución? La experiencia del Refugio María Magdalena tuvo la posibilidad de enfrentar el tema con la seriedad y la globalidad que se merece, ya que contó con la ayuda exterior –la Fundación Roviralta, de Barcelona, España– para hacerlo. Fue buscar por todos los medios un tratamiento integral del tema, en el que se someta la mujer a una terapia; tratar al hombre golpeador, que es una actitud aprendida desde la infancia en la que fue viviendo en su desarrollo cuando su padre dominaba y golpeaba a su madre y él repite la historia; y también se necesita tratar a los hijos, ya que de dejarlos afuera serán ellos los futuros golpeadores. Los resultados de dos años trabajando en la totalidad del problema dieron muy buenos resultados", aseguró el sacerdote.

Ermesino dijo que "la inacción y el desinterés del gobierno provincial, municipal y nacional por este tema no permite sino hacer y elaborar parches que no solucionan nada. En diez años de actividad del Refugio María Magdalena nunca logramos apoyo por parte del gobierno, porque no les interesaba el tema. Tal es el desinterés que a la policía únicamente le interesa un lugar donde ‘tirar’ a la mujer golpeada".

Problema de tres patas.

"Cuando hablamos de violencia familiar, nos estamos refiriendo a un problema de familia, por tanto nos encontramos con una mujer golpeada, que no ha llegado a esa situación de un día para otro, sino que se ha llegado a los golpes después de un tiempo que se comienza con la agresión verbal, y sigue psicológicamente, económicamente y termina en violencia física. Es decir, por detrás de una mujer golpeada hay un perverso varón que es el golpeador, y por lo común este matrimonio tiene hijos, los cuáles se han desarrollado en el ambiente de ver a mamá maltratada, y son hijas sumisas o varones que de chicos aprenden a ser golpeadores", dijo.

"Por lo común se buscan inútiles soluciones tratándolo en forma parcializada: refugios en los cuales se oculte a la mujer, encerrándola, para que el hombre no la siga golpeando más si ella se ha animado a hacer la denuncia. La mujer encerrada y el hombre gozando de plena libertad", denunció.

"Luego, la exclusión del hogar, una forma jurídica muy usada por la justicia en la que a la mujer se le permite habitar en su casa con sus hijos y el hombre a no menos de 500 metros de su domicilio. Cuando a fin de mes llegan las cuentas de la luz, el gas, la TV, etcétera, la mujer tiene que acudir al golpeador para que le pague dichas deudas, el cual suele pedir a cambio volver al hogar y que ella levante la denuncia", enumeró.

"Se suele pedir que al hombre se lo detenga, cosa que puede ser por diez días hábiles en la Alcaidía o en una comisaría. Lo que se logra que la mayoría de las veces el hombre incremente el deseo de mayor violencia sobre la mujer", indicó.

Ermesino indicó que por eso se debe hacer un programa que contemple los tres aspectos del problema: atender a la mujer golpeada, tratar al hombre golpeador y también a los hijos, atentos para que no se repitan los hábitos aprendidos.

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