Se hizo todo mal, pero no hay culpables

Se hizo todo mal, pero no hay culpables
Las cosas se hicieron mal pero nadie tiene la culpa. Esa pareciera ser la conclusión de la Justicia pampeana en la investigación de las fallas que provocaron en 2009 la caída de tres columnas de energía en la línea de alta tensión entre Macachín y Santa Rosa.
El trabajo no se hizo de acuerdo a planos ni a procedimientos pero la Justicia entendió que no hay responsabilidades directas porque no hubo intención de perjudicar al Estado. El dictamen del actual secretario de Obras Públicas de la Municipalidad de Santa Rosa, Javier Fernando Schlegel, fue clave para exculpar a dos ingenieros que estaban imputados.

El 19 de febrero de 2009, una fuerte tormenta de viento y lluvia se desencadenó cerca de la localidad de Macachín. Las ráfagas huracanadas que azotaron la línea de alta tensión que provee a gran parte de la provincia provocaron la caída de tres columnas de hormigón -denominadas como piquetes 375, 376 y 377-, colapso que afectó a gran parte de la provincia. La forma en que cayeron y las fallas que quedaron expuestas mostraron que las cosas no se hicieron bien y que allí podría haber algún tipo de responsabilidad penal.

A fines de 2012, el juez Néstor Ralli liberó de culpas a los dos profesionales que habían sido imputados al inicio de la causa porque entendió que no hubo una intención premeditada de hacer mal las cosas ni de perjudicar al Estado provincial. Aunque decretó la falta de mérito de los imputados, el juez dejó abierta la investigación sobre el siniestro en sí.

Cuatro años después, el expediente judicial está a punto de cerrarse. No hay responsables penales ni culpables directos pero sí sólida evidencia de que el siniestro se produjo por negligencia de la empresa constructora y, en forma subsidiaria, de la encargada de la inspección.

Preliminar.

La investigación judicial comenzó el 17 de septiembre de 2009 cuando el fiscal de Investigaciones Administrativas, Juan Carlos Carola, llevó al juzgado de Ralli las conclusiones de una investigación preliminar que había realizado su organismo. Esa investigación había determinado que se estaba ante un posible caso de "falsedad ideológica" ya que las columnas no se habían construido ni emplazado de acuerdo a los planos de obra. Como primeros responsables, el fiscal señaló a las empresas Sade - Skanska S.A. y Tranel S.A., la primera contratada por licitación pública para hacer la obra, y la segunda, por contratación directa, para la inspección.

En base a la denuncia de la FIA y a sus propias pericias técnicas, la Justicia imputó al ingeniero civil Renato Luis Belucci, representante técnico por la empresa Sade - Skanska (luego solo Skanska), y al ingeniero civil Miguel Santo Pezzetto, jefe de inspección de obra por Tranel S.A., como posibles responsables del siniestro. Las abundantes pruebas incorporadas al expediente apuntan a que la caída se produjo por varias causas concurrentes, todas devenidas de un trabajo mal realizado, tanto en la etapa previa como en la ejecución.

Desgranaba.

Pieza fundamental para encuadrar el caso y determinar causas y posibles responsables fue la opinión del ingeniero civil Mariano Andrés Tierno, un profesional de la Administración Provincial de Energía que dio su opinión especializada primero ante la FIA y luego en sede tribunalicia. En las dos oportunidades dijo prácticamente lo mismo: "La falla estuvo más que nada en el diseño de la fundación y en la ejecución".

Lo que falló, dijo, fue la forma en que esa estructura se vinculaba con el suelo y no la columna en si. El problema, sostuvo, fue "la unión entre el cuenco receptor de la columna y el pilote de fundación". Respecto del diseño señaló que "los hierros de anclaje de cada pilote de las columnas fueron colocados en U en vez de ser rectos" y que en vez de estar hacia adentro, que igualmente hubiera sido una situación desfavorable, "estaban torcidos, lo que provocó que se unieran entre sí, formando un anillo que se cortó".

En la ejecución se hicieron muchas cosas mal: "los ganchos, en vez de quedar hacia adentro quedaron hacia el costado, uniéndose unos con otros"; "el cuenco receptor de la columna debería estar introducido en el terreno un metro y en realidad estaba al ras del suelo, con la consecuente pérdida de aporte resistente del suelo"; "no pudo determinar si esa calidad (de los materiales) fue empleada en la construcción dado que cuando pidió hacer una inspección al Fiscal de Investigaciones Administrativas, no se lo permitieron"; "que observó la deficiente calidad de hormigón porque se desgranaba con facilidad" y que "no tenía conocimiento si el hormigón de prueba presentado previamente es el mismo que se colocó porque no se hizo un análisis posterior para determinarlo".

Tierno también dejó una opinión favorable para las empresas y el organismo provincial. Dijo que "construir las columnas de la manera en que se lo hizo, con las deficiencias que destacó, no era previsible que ante cualquier suceso inesperado como factor climático, las mismas se cayeran". Para que ello ocurriera "tuvo que existir una sumatoria de acontecimientos", concluyó.

Vicios ocultos en las columnas

Miguel Santo Pezzeto fue el jefe de inspección de obra de Tranel S.A. durante la construcción de la línea de alta tensión. Su veredicto fue que las columnas cayeron por la terrible fuerza del viento, que puso en evidencia "vicios ocultos" en las columnas, imposibles de detectar de antemano. Pezzetto aclaró que no era responsable de controlar la construcción de cada columna en particular sino que la suya y la de su equipo de trabajo era una inspección "de tipo estadístico y estratégico", en función de la experiencia en este tipo de obras.

La defensa de Sade-Skanska

El ingeniero civil Renato Luis Belucci, representante técnico del proyecto por la empresa Sade - Skanska, defendió la calidad del trabajo cuando estuvo en Tribunales. Entre otras cosas dijo que "la cantidad y diámetros de armadura de hierro de las fundaciones están conforme a planos aprobados" y que "el hormigón utilizado para las fundaciones se corresponde con lo exigido en planos".

Belucci advirtió que el nivel del terreno en la zona de las columnas caídas "difiere del existente en la época de construcción de las fundaciones", un hecho que asignó a "la erosión natural" de los terrenos medanosos pero más que nada "a la acción del ganado que por su permanencia prolongada alrededor de las fundaciones produce una marcada depresión alrededor de las mismas". Basó esta afirmación en un informe del personal de la APE encargado del mantenimiento de las líneas que en marzo de 2009 -días después de la caída- hizo notar que había "más de 20 fundaciones 'descalzadas' por la acción del ganado".

"Esto hizo que el nivel del fondo del cuenco, que en principio estaba a 50 centímetros por debajo del terreno existente a la fecha de construcción, quedara en el año 2009 al ras del suelo y que el resto del cabezal (...) quedó enterrado", indicó.

Sin perjuicio para el Estado

El testimonio de Javier Fernando Schlegel fue clave para desvincular a Renato Luis Belucci y Miguel Pezzetto de la investigación judicial. Actual secretario de Obras Públicas de la Municipalidad de Santa Rosa, Schlegel declaró en dos oportunidades en el expediente. En la primera enumeró las falencias que provocaron la caída de las columnas; en la segunda -muy breve- dijo que la mala construcción de esas unidades no reportó ningún beneficio económico para las empresas.

El dictamen de Schlegel fue que lo ejecutado no se condijo con lo proyectado. "El problema que se repite (en las columnas 374, 375 y 376) es que la sección del monobloque no llegaba hasta la base del cuenco receptor de la columna", siendo que en el plano conforme a obra "esta sección se encontraba penetrando a un metro por dentro del terreno natural", fue una de sus opiniones.

El ingeniero señaló que los hierros del piquete 375 "se encontraban arrancados, demostrando un problema de anclaje de los mismos", indicó que el estudio de suelos mostró que "existen estratos resistentes" por debajo de los 4 metros, en unos casos, y a los 5 ó 6 metros, en otros, con la adecuada "capacidad portante del suelo" para soportar inclemencias climáticas y aseveró que la causa de la caída fue "un plano de debilidad ubicado a escasos centímetros de la superficie del terreno" que impidió que el momento aplicado por el fuerte viento no se transmitiera en forma correcta a la fundación en el terreno.

La colocación de los hierros de anclaje no fue la apropiada ni respetó el diseño original, que para Schlegel era de por sí "inadecuado". Mientras que en el plano los hierros debían estar doblados en U y hacia el centro del pilote, en la práctica se doblaron hacia los costados. A su entender, debieron de dejarse rectos para que maximizaran la capacidad de concentrar tensiones.

"Las condiciones climáticas adversas provocaron esfuerzos que debido al plano de debilidad mencionado, la unión de fisuras al colocar los ganchos en U hacia los costados, una longitud de anclaje escasa y un mal diseño por no colocar los hierros en forma recta, hicieron fallar la estructura derribando la línea".

En forma sintética, el profesional opinó que el siniestro se produjo por una combinación de factores: "el evento extremo suscitado el día del incidente, un diseño inadecuado del anclaje de las barras que unión la columna con la fundación, deficiente calidad del hormigón, hierros doblados hacia los costados en lugar de que sean hacia adentro y una profundidad del monobloque inexistente".

Su veredicto fue que "si los aspectos constructivos de la estructura en su conjunto hubieran estado bien resueltos, la caída se hubiera evitado", una conclusión que se refuerza por el hecho de que las columnas cercanas del tendido eléctrico recibieron los mismos esfuerzos pero no colapsaron.

Ampliación.

El funcionario municipal vuelve a aparecer en los últimos tramos del expediente con una declaración breve pero clave para inclinar la balanza a favor de una de las partes. Según consta en la foja 251, el ingeniero hizo una ampliación sobre un punto en particular: incidencia en los costos de obra de estas falencias constructivas.

Su opinión fue que los defectos no representaron un beneficio económico para nadie ya que sólo fueron "mala o incorrecta ejecución de la obra". "(...) No pudiendo atribuir que con estas circunstancias se haya realizado incidencia en los costos de la obra", explicó el ingeniero.

"No se puede establecer que aquellas deficiencias que se detectaron en la construcción y que habrían sido el motivo de la caída e inclinación de las torres referenciadas ut-supra, fueran producto de un accionar deliberado y con la intención de obtener una ganancia extraordinaria a costa del patrimonio del Estado", consideró el magistrado y decretó la falta de mérito de los imputados.

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