El 5 de marzo comienza el juicio por las torturas contra Hipólito Solari Yrigoyen y por la muerte de Mario Abel Amaya, ambas ocurridas durante la última dictadura militar que sufrió el país.
Consultado sobre cómo vive las semanas previas al juicio oral que se desarrollará en Rawson, Hipólito Solari Yrigoyen confesó a este medio que el único y básico deseo “es que no haya impunidad”: “Quiero que no haya impunidad por este caso ni por ningún otro caso de los que se cometieron y cometen en violación de los Derechos Humanos. Si los hechos no tienen juicio quedan amparados por la impunidad, y eso no le hace bien a ninguna sociedad”.
Aunque el referente del radicalismo en la provincia es renuente a hablar sobre el pasado, sabe que a partir del 6 de marzo, cuando él mismo declare como testigo de los hechos que lo involucraron no sólo se va a juzgar un hecho de su historia personal, sino también una parte importante de los crímenes por los que militó para que no vuelvan a ocurrir en el país. “Siempre fui un defensor del sistema democrático de manera integral, y de la vigencia plena de los Derechos Humanos”, se define Solari Yrigoyen que no sólo fue víctima de torturas en la última dictadura del país, sino que también sobrevivió a dos atentados cometidos por la Triple A durante 1973 y 1975: “Era una sociedad encuadrada en el temor, en la persecución y uno termina por acostumbrarse; por eso, a pesar del miedo, nunca dejé de hacer nada por lo que creía que era justo”, comenta Solari Yrigoyen.
Los hechos del juicio
El 17 de agosto de 1976, de manera simultánea en Trelew y Puerto Madryn, fueron secuestrados por la dictadura Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen. A partir de ese momento, estos dos referentes del radicalismo y de los derechos humanos que tanto habían jugado su pellejo durante la Masacre de Trelew, fueron periódicamente torturados y trasladados a varios centros clandestinos de detención. A diferencia de Amaya, Solari Yrigoyen pudo sobrevivir al calvario y será un testigo clave del juicio. “La última vez que lo vi a Abel fue en el baño de la Unidad penal. Le pregunté cómo estaba y me respondió “mal, muy mal”. Luego me miró y me dijo que tenía la cabeza negra, porque tanto él como yo habíamos sido muy golpeados”, recordó Solari Yrigoyen sobre ese duro momento.
Antes de estar en la penitenciaría de Rawson, estuvieron secuestrados clandestinamente en la base naval de Bahía Blanca, en el centro clandestino de detención llamado “La Escuelita” en el regimiento 181 de Comunicaciones, luego fueron arrojados desde un auto en movimiento en la ruta 3 cerca de Viedma y vueltos a secuestrar para ser trasladados una vez más a Bahía Blanca y finalmente a Rawson. “Nunca fuimos liberados”, sostiene Hipólito sobre los pasos que dieron entre los centros clandestinos y el momento que fueron arrojados en la ruta.
Una vez en la cárcel de la capital provincial, fueron sometidos a rutinas de torturas. Como consecuencia de las heridas y por agravamiento de su enfermedad, Mario Abel Amaya (era asmático) fue trasladado a la cárcel de Devoto para ser atendido en el consultorio penal, donde finalmente Amaya murió.
Sobre los hechos que se vivían en 1976, antes de que fueran secuestrados, Hipólito Solari Yrigoyen confiesa que sabía los riesgos que tenía permanecer en el país luego de su trayectoria política y como abogado defensor de sindicalistas combativos como Agustín Tosco y Raymundo Óngaro. “Éramos conscientes de que nos podía pasar cualquier cosa, en el país se vivía una permanente violación de los derechos humanos”, resume el referente radical.
Sobre Mario Abel Amaya, Solari Yrigoyen resume escuetamente y con un breve raconto de los hechos la fraternidad que los unía: “Fue un íntimo amigo mío con el que compartimos muchas cosas. Éramos correligionarios en el partido y cuando fue preso por tres meses por la dictadura de Lanusse fui incluso su abogado. Todo lo que pasamos nos llevó a compartir muchos momentos”.
Una trayectoria en defensa
de los derechos humanos
“No, no era casual que nos vinieran a buscar a nosotros”, sostiene Solari Yrigoyen sobre el ensañamiento contra ellos dos por parte de la dictadura. En los primeros momentos de la década del 70, tanto Hipólito Solari Yrigoyen como Mario Abel Amaya enfrentaron a las dictaduras representando judicialmente a presos políticos como el sindicalista cordobés Agustín Tosco, y luego sobre los presos políticos de las fuerzas guerrilleras que quedaron varados en el aeropuerto de Trelew cuando intentaban fugarse hacia Chile. Luego, apenas se supo sobre los hechos de la Masacre de Trelew, Hipólito Solari Yrigoyen fue el primero que llegó a la base del aeropuerto para saber qué había pasado: “Me atendió en el ingreso un oficial que me dijo que no podía pasar, y que estaba actuando la justicia. Qué justicia iba a estar actuando si era todo secreto militar. Como era imposible tratar de obtener algo de la base, me fui a Trelew para avisar a la gente de Buenos Aires sobre lo que estaba sucediendo”, recordó Hipólito.
Muchos años después, durante el gobierno de Raúl Alfonsín y cuando era senador nacional por el radicalismo, Hipólito Solari Yrigoyen fue autor del Tratado de Delitos de Lesa Humanidad para que no prescriban. “Mi lucha contra los sistemas autoritarios, golpes militares y vigencia de una democracia plena fueron constantes”, asegura Solari Yrigoyen.
Su vida radical
Aunque el nombre lo delata, Hipólito Solari Yrigoyen asegura: “Soy radical por mis ideas, no por mi nombre”. “Empecé a militar en el radicalismo cuando iba al colegio secundario, defendiendo mis ideas contra conservadores y peronistas”, sostiene. Además de su labor como abogado sindical y de presos políticos, en 1973 fue elegido senador nacional por el radicalismo hasta el golpe de estado de 1976. Luego, volvió a ser senador desde 1987 hasta 1995. Y hasta diciembre del año pasado, y por el periodo de cuatro años, fue presidente de la asamblea del partido radical a nivel nacional, en uno de los periodos más duros para su partido.
“Ser defensor de la democracia y de los derechos humanos significa entender que eso no se limita a votar cada dos o cuatro años. El ejercicio de la democracia se tiene que hacer de manera permanente y en cada uno de los actos, y eso es lo que siempre hice desde el radicalismo”, asegura Solari Yrigoyen.
El juicio se hará en Rawson
El juicio oral comenzará el próximo 5 de marzo a las 9 de la mañana, cuando se lean las imputaciones en el centro cultural José Hernández de Rawson. A partir del día 6, a la misma hora, comenzará la etapa indagatoria cuando Hipólito Solari Yirigoyen brinde su testimonio. Solari Yrigoyen sólo lo hará en calidad de testigo: “Nunca me quise presentar como parte; no quiero sacar un provecho personal y cuando me ha tocado alguna indemnización la he donado”, asegura.
En total serán 40 los testigos, y aun está a la espera de que se completen los miembros del tribunal que presidirá la magistrada Nora Cabrera de Monella.

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