Por Hernán de GoñiA Néstor Kirchner no le desagrada que se le reconozca cierta dualidad a la hora de ensayar decisiones políticas y económicas. Tanto él como su esposa, la presidenta Cristina Fernández, han expuesto ese comportamiento de manera pública, mostrando satisfacción por los momentos en que logran cumplir con las metas de superávit fiscal (algo que hace meses que no festejan), pero celebrando con igual intensidad soluciones de alta heterodoxia, como la utilización de reservas para el pago de la deuda pública.
Entre el incremento de las importaciones y la menor oferta de dólares por el circuito formal que provocarán las recientes medidas de control cambiario, el Banco Central tendrá menos divisas que comprar y al mismo tiempo menos pesos que emitir. Si además el Gobierno resiste a la tentación de devaluar y mantiene su plan de deslizamiento del dólar como ancla inflacionaria, tendrá una herramienta adicional para controlar los precios: contracción monetaria, una receta clásica de la escuela de Chicago.


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