Lo afirmó en diálogo con este diario Héctor Horacio “Paco” Rojo, el mayor de los hermanos implicados en el crimen ocurrido en julio de 2012 en el San Francisco. Después de que el viernes pasado él fuera absuelto en ese debate, junto con su madre Marisa Rodríguez dijeron que el verdadero autor de lo que fue aquel homicidio está en libertad y que el disparo que acabó con la vida de “Chilo” Talamonti provino de los mismos amigos que estaban con la víctima aquella noche en que varios jóvenes fueron a la casa donde la familia Rojo vivía.
Ni Marisa Rodríguez ni uno de sus hijos, Héctor Horacio “Paco” Rojo, están conformes con lo que fue el pasado viernes el fallo del juicio por el crimen de Héctor “Chilo” Talamonti.
Dos de los hijos de esta mujer, que tiene 47 años de edad, fueron condenados en ese debate. A Maximiliano Nicolás “el Mono” Rojo, que lo hallaron autor del homicidio, le impusieron una pena única de dieciséis años de cárcel. A Gerardo Ezequiel “Tata” Rojo, por los disparos con una escopeta donde resultaron heridos dos hermanos de apellido Saízar que aquella noche del 22 de julio de 2012 estaban junto con Talamonti, lo condenaron a otra pena única, en su caso de siete años de prisión.
Y en ese mismo juicio “Paco” Rojo fue absuelto de los delitos que se le imputaron -portación y abuso de armas- como ocurridos aquella noche en la que Talamonti y otros amigos suyos fueron a la casa donde toda su familia vivía, en el Barrio San Francisco de Asís, y se produjeron los graves incidentes que derivaron en el homicidio y en que también resultaran personas heridas.
De todo eso, con el fallo todavía caliente después de que fuera anunciado el viernes pasado, Marisa Rodríguez y uno de sus hijos, el mayor de los hermanos imputados y que fuera finalmente absuelto, hablaron en una entrevista con este diario, charla en la que -además- introdujeron una nueva versión sobre quién fue el autor del crimen.
Ni bien iniciada la entrevista, tanto el mayor de los hermanos Rojo, que no declaró en el juicio, como su madre, que sí declaró como testigo pero que no lo dijo, introdujeron una nueva versión sobre lo que aquella noche ocurrió cuando “Chilo” Talamonti fue asesinado de un disparo en el pecho que, según lo que quedara demostrado en el juicio, fue efectuado con una carabina que portaba el “Mono”.
Esa versión indica que habría sido un amigo del propio Talamonti, al que los entrevistados identificaron como “el Negro Saizar”, hermano de los dos jóvenes que esa noche resultaron heridos con perdigones de escopeta y quien no fue traído como testigo a este debate.
-¿Cómo vivió el juicio y lo que fue, en su caso, la absolución?
-Fue bravo. Todo el mundo sabe quién fue el que mató a Talamonti. Hay gente que en el San Francisco está con miedo, mucho miedo. Hay gente que podría haber ido a declarar pero que no fue por miedo a que les pase lo mismo que nos pasó a nosotros. Hay dos testigos claves que no fueron presentados (Héctor Rojo).
-¿Quiénes son?
-Estaban para decir la verdad de quién había sido el que lo mató a Talamonti (Héctor Rojo).
-¿Y quién lo mató, según ustedes?
-Fueron sus propios amigos. Y ellos saben. La madre de Talamonti lo sabe, todo el barrio lo sabe. Pero lo taparon. Hay dos testigos que lo ven, pero no se presentaron. Una es una prima de nosotros, que tiene una bronca grande con mi hermano más chico, con el “Mono”. Hace años el hermano de ella había caído en cana. Fue un hecho que hicieron con mi hermano, siendo el “Mono” menor. Y esa bronca llevó a que ella no declarara en el juicio (Héctor Rojo).
-¿Qué recuerda de lo que pasó aquella noche?
-Yo por esa época estaba viviendo en Benito Juárez, pero había venido a Azul días antes. Vine porque mi mamá estaba internada y me quedé. Y a las dos o tres semanas pasó todo esto (Héctor Rojo).
-¿Y qué fue lo que pudo ver desde su casa?
-Esa noche estábamos todos ahí. Había dos cuñadas mías con las criaturas, todos mis hermanos casi, un amigo y un tío. Mi familia estaba por comer, nosotros tomando una cerveza con mi pariente. Era normal que mi hermano, nosotros o ellos, discutieran, se dijeran algo. Pero se dijeron muchas mentiras de los disparos (Héctor Rojo).
-¿Qué mentiras a su entender se dijeron en el juicio?
-En tres ocasiones ellos (por Talamonti y sus amigos) quisieron prender fuego la casa donde vivíamos. La última fue unos quince días antes, cuando dijeron en el juicio que a Talamonti le dieron una paliza. Cuentan eso, pero quince minutos antes Talamonti había venido con uno de los Ríos y tiraron un escopetazo en la ventana, en la parte donde Nicolás, el “Mono”, estaba con su señora y el bebé. Pero esa parte de la historia no la contaron. Contaron la parte que lo golpearon. Esa misma noche del escopetazo también ellos quisieron prender fuego la casa. Fueron los vecinos los que nos ayudaron a apagar el fuego. Todo eso pasó ese mismo día que dicen que Talamonti recibió la golpiza ¿Pero por qué la recibió? Porque armado, con Ríos y otros más, sacudieron un escopetazo (Héctor Rojo).
-En el juicio dijeron también que a la Policía le costaba ingresar al barrio o que no los dejaban entrar, que cuando ellos llegaban los atacaban.
-No era cierto que cuando ellos venían nosotros los sacábamos a los tiros. La Policía iba a mi casa. Golpeaban, se los hacía pasar y había diálogo. Eran ellos (en alusión a Talamonti y sus amigos) los que los agarraban a escopetazos y les rompían los patrulleros. Pero de todo eso no se habla cuando se tiene que hablar (Héctor Rojo).
-¿Y cuándo empieza todo este conflicto?
-Quince días antes a lo del escopetazo en mi casa nosotros ya habíamos hecho una denuncia contra Talamonti por amenazas de muerte. Él nos decía que iba a matar al “Mono” y que me iba a matar a mí. Es más, mi mamá se acercó a hablar con la madre de él, para decirle que esto se cortara porque sino iba a terminar mal (Héctor Rojo).
-¿No había alguna manera de terminar con todo esto dialogando?
-Era de los dos lados, vamos a ser realistas. Pero era más del lado de ellos. Los agresores siempre fueron ellos. Hubo filmaciones de Canal 2, que nunca se pudieron mostrar en el juicio, de los perdigones que había en mi casa. Ahora dicen que no hay pruebas, que no hay nada. Pero fue porque prendieron fuego toda la casa y se perdieron todas esas pruebas. Todos hicieron oídos sordos y decían que el problema eran los Rojo. Nosotros hicimos muchas denuncias (Héctor Rojo).
-Yo estuve hablando con un Fiscal y le dije: “Esto se tiene que terminar porque sino va a terminar con un muerto. Venimos a hacer denuncias y ustedes no hacen nada. Va a terminar con un muerto, de parte de ellos o de la familia de nosotros”. No sólo era con mis hijos, sino con mis hermanos, que también los golpearon y nunca se hizo nada. Que no diga la mamá de “Chilo” que ellos nunca tuvieron armas porque sí, armas tuvieron. Diez días antes yo estuve conversando con ella, que me paró y me preguntó cómo podíamos hacer para dialogar con los chicos. Yo le dije que nosotros podemos dialogar, pero los chicos no, porque ni bien se miraban ya se estaban matando. La bronca venía de hace rato. Yo le dije que con ella podíamos hablar todo lo que quisiera. Y también le conté que la noche anterior, justamente, su hijo me había agarrado a escopetazos mi casa. Estaban todos mis nietos adentro, que estábamos haciendo pizzas porque era el cumpleaños de uno de ellos. Mi hija también fue a hablar con Mónica Habitante a la casa, para que la terminara, que hablara con su hijo. Y ella le dijo que no podía hacer nada, que no lo podía parar, que se le había ido de las manos (Marisa Rodríguez).
“Nos rebalsó la situación”
-¿Y ustedes por qué tenían armas en la casa?
-Ese día nos rebalsó la situación. Mi hermano fallecido, el que se suicidó mucho antes en una Navidad, había recibido un disparo. Y fue en una pelea grande cuando recibió un tiro de parte de ellos. Las amenazas ya eran continuas. Cuatro veces fue que quisieron intentar prender fuego la casa (Héctor Rojo).
-¿Se fue enseguida después de lo que pasó esa noche?
-No. Estuve escondido por miedo. Además, mi mamá había hecho una denuncia a los Jefes de Calle de la Policía porque habían amenazado de muerte a Maximiliano, mi hermano. Los Jefes de Calle entraron con disparos a mi casa. Por eso huí. O me mataban ellos o la Policía. No nos podíamos quedar. Y después no volvimos nunca más. Fue huir o huir porque nos mataban (Héctor Rojo).
-¿Por qué no dijo en el juicio que habría sido uno de los Saizar, como sostienen ahora, el que mató a Talamonti?
-Primero me dijeron que lo dijera, y después que no. Ahora van a apelar el fallo y van a pedir un nuevo juicio y presentar las pruebas que no pudimos presentar antes (Marisa Rodríguez).
-Por lo que están diciendo es obvio que no están conformes con el fallo.
-No, no estamos conformes para nada. Ellos fueron a mentir (Marisa Rodríguez).
-La principal testigo del caso hace cinco años que está también en el conflicto. Sus hijos han tenido problemas con nosotros. Tendrían que empezar a ver los legajos los jueces para enterarse realmente de todo lo que estaba pasando (Héctor Rojo).
-¿En la Unidad 7 estuvo preso con sus hermanos?
-Sí, casi dos años convivimos juntos. Yo hace unos dos meses que salí en libertad. Primero estuve en la Alcaidía de la 30 (la cárcel que está en General Alvear) hasta que me trajeron a Azul. Yo me entregué en Benito Juárez. No me agarraron, como dicen todos. Fueron a buscarme a un lado y yo me entregué en otro (Héctor Rojo).
-¿Por qué decidió entregarse?
-Por la situación, que ya no daba para más. Tenía miedo de que me mataran del lado de ellos o que me matara la Policía. Teníamos amenazas de las dos partes (Héctor Rojo).
-¿Y ahora que lo absolvieron está más tranquilo?
-No, tranquilo no. Estoy disconforme por todo lo que pasó con mis hermanos y por todas las mentiras que se dijeron en el juicio, como que ellos no tenían armas. Me siento mal porque esto no lo pudimos mostrar antes. Yo, estando adentro, no me pude defender de todos los ataques y de todas las barbaridades que se dijeron. La gente en el San Francisco tendría que dejar los miedos de lado y empezar a sacar a esta gente (Héctor Rojo).
-¿Tiene miedo de que le pueda pasar algo ahora?
-No, yo al miedo lo perdí adentro, en la cárcel.
-¿Con el abogado defensor de sus hijos que fueron condenados habló?
-Si, él nos dijo que va a apelar y que va a llegar hasta la Corte Suprema para que se haga un nuevo juicio para poder presentar estas pruebas que nosotros tenemos, como estas fotos donde se los ve a ellos con las armas. Y vamos a traer a estos otros testigos que nos contaron quién había sido el que mató a Talamonti y a quién después le habían dado el arma (Marisa Rodríguez).
-A mis hermanos no los condenó el Tribunal, los condenó la misma familia de Talamonti y sus amigos que tuvieron este problema durante seis años. Lo lamento por la gente que sabe la verdad, pero que nunca se acercó. Es la mayoría del barrio, que va a seguir con miedo por culpa de esta gente, que sigue suelta y va a seguir armada como se ve en las fotos (Héctor Rojo).
-¿Usted no le dijo a su abogada defensora que quería declarar?
-Sí, pero no sabía si me iban a absolver o no. Y la decisión de mi abogada fue que no declarara. Y yo estuve de acuerdo con eso, porque confiaba en ella. Todos fueron al juicio a perjudicar a mi hermano más chico. La bronca más grande fue con él. Yo confiaba en que iba a haber justicia, pero hasta ahora no fue así (Héctor Rojo).
-¿Cómo sigue ahora todo esto para ustedes?
-Nosotros hace rato que ya no estamos en el barrio. Para cuando la casa había sido incendiada sólo estaba una de mis hijas con los nenes. Ella se quería quedar. Pero la sacaron a ella, a los nenes y la prendieron fuego. Hace una semana agarraron a la señora del Mono y la desfiguraron a palos, una hermana de Talamonti. Ella sigue en el barrio, con la mamá. Pero le hacen la vida imposible. A nosotros también nos hacen la vida imposible cuando nos ven por la calle (Marisa Rodríguez).
-Esto no se va a terminar más. Porque ellos siguen afuera y están armados (Héctor Rojo).
-Ellos también dicen que ustedes los han amenazado.
-No, no es así. En esos juegos no entramos. Porque sino es no terminarla más. Y lo que quiero es que esto se termine. Ya está. Ya mis hijos están presos ¿Qué quieren ahora? Acá hay criaturas de por medio. Y si le llegan a pegar a una criatura esto no se va a terminar más. Nosotros pedimos que paren esto, que hablen con las familias de ambas partes. No tengo problemas en hablar con alguien. Yo pedí en Tribunales que tomen medidas. Estamos cansados de que nos sigan molestando. Hace dos años que no estoy más en el San Francisco y me siguen molestando o nos gritan de todo en la calle (Marisa Rodríguez).
-Lo que no hicieron durante seis años, que lo empiecen a hacer ahora. Hay criaturas de por medio. Algo se tiene que hacer. La gente del barrio tiene que parar con eso. Teníamos treinta años viviendo en el barrio. Nacimos y nos criamos ahí. Cada ladrillo que hay pegado en esa casa lo puso ella embarazada y nosotros siendo chiquitos. Después vinieron ellos a vivir al barrio y empezaron los conflictos (Héctor Rojo).
-¿Y en cuánto a sus hijos que están presos?
-Yo la voy a pelear hasta que esto finalmente se esclarezca y el culpable esté donde tiene que estar. El “Mono” tenía la escopeta y les disparó a los Saizar. Y el “Tata” no tenía nada. Si nosotros salimos a la calle pensando que era a él al que habían matado (Marisa Rodríguez).
-¿Y la carabina que secuestraron aquella noche del crimen de quién era?
-Esa la encontraron en la casa de al lado. Las huellas no dan que las tuviéramos nosotros (Héctor Rojo).
-¿Y la escopeta que falta?
-La tenía el que falleció. Un vecino que lo vio declaró eso en el juicio (Marisa Rodríguez).
-La escopeta la tenía Talamonti. Y un cartucho lo tenía en el bolsillo. Y eso se dijo en el juicio. Esa escopeta es la de la foto donde está su hermano (Héctor Rojo).
-Yo se la mostré al Dr. Sobrino, lástima que no pudimos tener antes esa foto para que esto sirviera como prueba (Marisa Rodríguez).
FOTOS Y ARMAS
Días antes a que fuera el anuncio del fallo de este juicio, Marisa Rodríguez, la mamá de los hermanos Rojo, apareció en diferentes medios de comunicación locales con dos fotos.
En una de esas imágenes, a uno de los hermanos de Héctor “Chilo” Talamonti se lo veía portando un arma de fuego larga. En la otra, Mónica Habitante y uno de sus hijos aparecían en la imagen, que se completaba con la presencia de Joana, una de las hijas de esta mujer, que aparentemente portaba también un arma de fuego.
Esas mismas fotos las trajeron a la entrevista con este diario Marisa Rodríguez y su hijo Héctor Horacio Rojo.
Son, según ellos lo entienden, pruebas que demuestran que los Talamonti y sus amigos también portaban armas, a diferencia de lo que varios testigos afirmaron en el juicio.
“Me siento mal porque esto no lo pudimos mostrar antes”, declaró “Paco”, con relación a esas fotos que aspiraba a que se convirtieran en una prueba para poder ser incorporadas a ese juicio que terminó el viernes pasado.
Sobre ambas imágenes, días pasados, este diario había consultado a Mónica Habitante.
La mamá del joven asesinado dijo que desconocía la existencia de esa foto donde uno de sus hijos aparece portando un arma larga de fuego. Con relación a la otra, en la que ella está fotografiada, afirmó que en realidad esa pistola plateada que se ve es una réplica perteneciente a una consola de juegos, lo que se conoce normalmente como “joystick”.
SE VALORARON VARIAS AGRAVANTES PARA LOS DOS HERMANOS ROJO QUE FUERON CONDENADOS -
El fallo que el viernes finalizó con las condenas a penas únicas de dieciséis y de siete años de prisión para, respectivamente, Maximiliano Nicolás “Mono” Rojo y Gerardo Ezequiel “Tata” Rojo incluyó también, por parte de los jueces, la valoración de diferentes circunstancias agravantes para ambos hermanos.
En el caso del menor de los Rojo, que tiene 21 años de edad, y fuera hallado autor del asesinato de Héctor “Chilo” Talamonti, se tuvo en cuenta “la extensión del daño causado en razón de la corta edad de la víctima Héctor Andrés Talamonti (que tenía 24 años de edad cuando fue asesinado) y su carácter de padre de dos pequeños hijos”.
También, los jueces Martín Cépedes, Gustavo Borghi y Carlos Pagliere (h) valoraron como otra agravante para ambos hermanos condenados “los antecedentes penales condenatorios computables que registran”.
En el caso del “Mono”, siendo menor de edad el Juzgado de Responsabilidad Penal Juvenil lo había condenado a un año de prisión en suspenso.
Fue por eso que ahora, además de que se le revocó la condicionalidad de esa sanción, le fue impuesta una pena única, consistente en la sumatoria de aquel antecedente de cuando era menor y la que le dictaron en este juicio por el crimen, que fue de quince años y seis meses de prisión.
En el caso de su hermano Gerardo Ezequiel “Tata” Rojo, el antecedente penal computable que registraba hasta este juicio es una condena de un año y dos meses de prisión en suspenso, que en un Juzgado Correccional le habían impuesto en agosto de 2011.
Esa condena, sumada a la de seis años y seis meses de prisión que le impusieron ahora por, entre otros delitos, haberle disparado a los hermanos Saizar la noche en que Talamonti fue asesinado, se tradujo también en el ya señalado dictado de una pena única a siete años de cárcel.
Los jueces no dieron lugar a las pretensiones de la Fiscal del Juicio y del Particular Damnificado para que como agravantes se valoraran otras circunstancias que ambas partes habían mencionado en sus respectivos alegatos.
Así, se descartó como una agravante la nocturnidad. “Entiendo que tal circunstancia no fue escogida por quienes resultan aquí imputados, no advirtiéndose un incremento de la capacidad ofensiva frente a las víctimas ni observarse en éstas últimas una disminución en sus posibilidades de defensa”, escribió el juez Céspedes, el primero en votar a todas las cuestiones que se plantearon en la resolución.
Y también fueron descartadas dos agravantes más que había propuesto la fiscal Laura Margertic, relacionada con que había menores de edad en la casa de la familia Rojo cuando los incidentes ocurrieron.
“La presencia de menores de edad en la casa de la familia Rojo no resultó ser una condición querida ni elegida por los causantes, quedando debidamente acreditado que los mismos fueron puestos en un lugar seguro mientras se desencadenó el conflicto, así como también la futilidad de los motivos, ya que -según lo expresado por las partes- los inconvenientes en el barrio eran reiterados y de larga data, sin precisarse el origen o causas de los mismos”.
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