Carmen Bordón (44), tía de G., una de las niñas que fue llevada a su casa por Mario Canoba, el presidente de la Fundación Juana Azurduy y delegado de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, contó que estuvo todo un día esperando a su sobrina y sus hermanitos.
Carmen vive desde hace 24 años en su casa de Villa Elisa, con su esposo Héctor Benítez (trabajador municipal) y sus hijos de 24 y 28 años. Tiene un enorme corazón, algo dolido porque hace más de un año falleció María de los Ángeles. Tenía 28 años y Carmen le había donado el riñón cuando tenía nueve. Le duró diez años, pero después necesitó un trasplante. Salió bien, llegó a caminar, pero después hubo un rechazo al órgano. Murió el 20 de febrero del año pasado.
Su hermano, Osvaldo Bordón, le dio la tenencia de G. (6 años), fruto de su pareja con Laura Escofet (37). Esta mujer terminó en abril del año pasado con G. y sus dos hermanitos E. (5 años) y T. (1 año) -ambos fruto de otra pareja- en la casa Juana Azurduy, luego de recibir una golpiza por parte del padre de los dos últimos niños. Hubo una derivación impensada en el caso: la Dirección de Niñez y Adolescencia tenía la guarda, pero dos de los niños, G. y E., terminaron en manos de Mario Canoba y su esposa, y la beba, T., en manos de la abogada de la casa Juana Azurduy, Jorgelina Mensi. Esto se prolongó por unos ocho meses.
La jueza de Familia y Menor Gabriela Manera no pudo hacer cumplir algunos mandatos judiciales, como comprobar en qué condiciones estaban los chicos o un encuentro con la tía de G., Carmen Bordón, por lo que le corrió vista a un fiscal para que investigue una supuesta “apropiación”.
Finalmente, el caso se archivó con la intervención del fiscal Guillermo Sancho. Éste dijo que no había indicios del delito, pero sí reveló irregularidades en la guarda. En el caso estaban acusados Mario Canoba, la abogada Mensi y el comisario Fabio Girabel, vicepresidente de la fundación Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Pampa.
La jueza Gabriela Manera al advertir que los niños estaban con Canoba y Mensi ordenó que les fueran retirados. Ahora, los pequeños permanecen en un hogar sustituto en la localidad de Catriló.
Osvaldo Bordón, el padre de G., le dijo a El Diario desde la localidad de Pellegrini que quiere que la nena se quede con su hermana. “Yo no la puedo ver, no tengo régimen de visitas y no sé nada de la nena”, afirmó. Está dispuesto a ayudarla económicamente, pero dice que nadie lo escucha. “En el juzgado nos evitan”, afirma.
“Quiero verla”
Carmen Bordón, la tía de G., contó lo que sucedió en el caso. A mediados de 2012, la llamaron desde Niñez y Adolescencia. Le dijeron que G. preguntaba por ella. “Yo le dije que debía ser mentira”, dice su esposo, Héctor Benítez. Pero llamaron a ese teléfono y les confirmaron todo.
A partir de allí, recibieron visitas de asistentes sociales y de diferentes personas. Les hicieron varias evaluaciones. Los inconvenientes empezaron cuando fueron a la Casa Juana Azurduy con una autorización judicial para ver a G. “Me decían que tenía que recibir a los tres. Yo por G. hacía todo. Aunque eran difícil, si ellos (Niñez y Adolescencia) me ayudaban, lo iba a hacer. Decían que no los podían separar, que la nena más chiquita era muy pegota”, contó Carmen.
“Laura no estaba y no pudimos ver a la nena. Esperamos varias horas y no vino. Nos decían que estaba ahí, pero para mí nunca estuvo”, dijo. Volvieron a ir, pero ocurrió lo mismo.
“Desde la Dirección de Niñez y Adolescencia le dijeron que le iban a entregar la nena. Que ya estaba. Pero finalmente no sucedió. En el medio, Mario Canoba apareció en mi casa”, dice Carmen Bordón.
La visita de Canoba, Carmen no la puede explicar. “Él vino a hablar, nos dijo que iba a hacer todo lo posible para que G. venga con nosotros, que eso iba a pasar. También habló de una fiesta que le pagaron, de la Noche de Brujas, nos dijo que le había comprado un vestido, que se gastaron 800 pesos”, contaron.
Nunca supieron por qué les dio ese dato.
Desde Niñez y Adolescencia otra vez les avisaron que les iban a dar los chicos. Además, les mandaron tres colchones y tres camas: los colchones están envueltos en el plástico y las camas apiladas en un galpón. “Estuve acomodando las cosas, esperando todo el día. Pero no los mandaron”, dijo Carmen Bordón.
Hace dos meses, la madre de G., Laura, llegó a su casa: “Estaba mi hermano y vino acá. Me dijo que la ayudáramos porque le habían sacado los chicos y que los quería recuperar. Yo le dije que quería tener a G. y me dijo que estaba de acuerdo. Al otro día fuimos a hablar con la jueza Manera”.
Además, revelaron que una tía de los niños más pequeños, E. (5 años) y T. (1 año), también expresó su interés por cuidarlos.
Osvaldo Bordón, padre de G., habló con El Diario. Hace dos años y medio que no ve a su hija. La última vez fue cuando le entregó alimentos a la madre. Osvaldo, con un lenguaje sencillo explica la injusticia que vive: “Yo la quiero ver, pero la abogada (de la Dirección de Niñez y Adolescencia) nos evita. Quiero un régimen de visitas, poder verla y pasarle lo que necesita. Yo quiero que la tenga mi hermana”. Le firmó la tenencia en el juzgado de la Familia y el Menor. Esa voluntad nunca se cumplió.
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