Gutiérrez, constructor, Quiroga, articulador

Gutiérrez, constructor, Quiroga, articulador

La relación ambivalente entre el MPN y Cambiemos, que a los fines de la encarnación concreta correspondiente –aunque con un simplismo que no refleja del todo la realidad- se puede sintetizar entre Omar Gutiérrez y Horacio Quiroga, distingue una coyuntura tan promisoria como complicada, tan retorcida como previsible.

 

El MPN necesita del gobierno de Mauricio Macri, es indudable. Hasta ahora, había presumido, incluso, de que su gobernador tenía mejor relación con ese poder nacido de la Rosada, que el intendente capitalino del propio palo. Consiguió adelantos del Tesoro, reafirmación y pago de partidas para obras demoradas en el kirchnerismo, un mejor precio para el gas que después las circunstancias frenaron. Pero esa necesidad corre pareja con el acuciante reclamo de sus propios genes, que demandan independencia a rajatabla en pos de la “sagrada” defensa de los intereses neuquinos.

Así, el MPN quiere mejor precio para el gas pero no quiere tarifazos antipopulares. Mientras que un hemisferio cerebral aplaude, el otro critica. Lo hizo el MPN con el kirchnerismo, de manera tan ambigua como ahora lo hace con el macrismo. Cuando se observa un vicegobernador –Rolando Figueroa- más osado y crítico que Gutiérrez, no es tanto por diferencias en el diagnóstico, el enfoque y la estrategia. Las diferencias entre ambos, que existen, cobrarán relevancia más adelante. Ahora, son simplemente expresión de las dos caras (o más) que es capaz de poner en juego el MPN, siempre cómodo en la ubicuidad.

Esto es precisamente lo que nutre la única posibilidad de Cambiemos para diferenciar al oficialismo puro del oficialismo culposo que representa el MPN. Por eso, en los días previos a la presentación formal de la agrupación de partidos que se juramentaron crecer acompañando al actual Presidente, se empezó a repetir esa muletilla que alguna vez utilizó el Frente para la Victoria, acerca del MPN y sus actitudes, siempre más cerca de la conveniencia que del amor verdadero.

El 9, se integrará formalmente la mesa de conducción de Cambiemos, con dos representantes por partido. Esa mesa ejecutiva tendrá en Neuquén una presidencia, que ejercerá, después de vencer las resistencias del caso, Horacio Quiroga. ¿Para qué sirve? Es para “articular”. Articular es el verbo de moda en el quiroguismo. Se extrajo del diccionario de las oportunidades para definir cuál será la tarea política del Intendente capitalino, condenado a no competir ya por el distrito que gobierna por cuarta vez, y a la vez, dudoso respecto de si podrá, si le conviene, si gusta, o si puede, ser otra vez candidato a gobernador, más tarde, cuando asomen los primeros rayos del sol del 2019.

Quiroga articulará. No se sabe bien todavía qué y entre quiénes. Pero las posibilidades es que –al menos en la versión 2017 de la política- ni se acerque a Ramón Rioseco, por ejemplo, que competiría por una banca en Diputados (la de Parlamentario del Mercosur no sirve para casi nada) por el lado del Frente para la Victoria, que a su vez piensa, desde la versión PJ, en Darío Martínez. Quiroga quiere operar para señalar e influenciar candidatos, pues estos, que competirán ahora, marcarán bastante el rumbo por el que se deberá caminar hacia el 2019.

En ese rol, de gran articulador, Quiroga es furiosamente anti-emepenista, y ardorosamente macrista. Préstese atención a lo que esto significa: Quiroga enfrentará al MPN oficialista, o sea, el representado por Gutiérrez-Figueroa. Pero a la vez “articulará” con gente de ese partido, como ya lo está  haciendo con, por ejemplo, Jorge Sobisch. Es un juego sutil, que de tanto en tanto cae en lo grosero. Tales extremos son posibles porque todos se conocen, y saben perfectamente quién ha dormido con quién, con solo mirarse. Así, muchas veces, se juega a la escondida sabiendo dónde está escondido exactamente el contendiente, mientras en los discursos se hacen grandes apologías de las grandezas y los misterios de la especie humana.

En este contexto, el MPN va definiendo hasta dónde y cuándo accede a un posible nuevo liderazgo, entendiendo por esto esa situación que se ha dado por épocas, en el que el gobernador de turno acapara la mayoría partidaria, hegemoniza, ya sea negociando, o imponiéndose por fuerza propia, a los muchos que le salen a discutir inevitablemente. El MPN está justo ahí, justo en ese momento donde del gobernador se habla tanto bien como mal, según sea quién escucha y el ámbito en el que se habla.

Mientras, el gobernador hace lo suyo: construye poder. Ya no puede hablarse de tutorías, padrinazgos, consejos en las sombras, y otras figuras retóricas que aluden a estas circunstancias transicionales. Gutiérrez, es evidente, apuesta a poner su marca, su sello, y a protagonizar la centralidad del escenario. Con mucha energía, actitud, intensidad en la gestión. No le alcanzan, por ahora, para obtener unanimidad. Es probable que deba primero pasar por el examen electoral del año próximo. Por eso el énfasis del discurso de este sábado en la Seccional Primera. Allí donde tantos hicieron tronar la palabra emepenista, Gutiérrez lanzó el desafío que era inexorable: ganar las elecciones del año próximo en la capital neuquina.

Con Gutiérrez y Quiroga ubicados así, en esa centralidad todavía dudosa pero ciertamente probable, transcurre esta época de oficialismos fáciles y oposiciones resistentes.

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