La ex presidenta chilena, Michelle Bachelet, es hija de militares. No faltaron analistas que dijeran que su rígido respeto de las jerarquías fue una de las causas de la derrota de la Concertación en las últimas elecciones: prefirió respetar a las cúpulas partidarias, evitar las votaciones internas y aceptar la candidatura gerontocrática, pero fatal, del democristiano Eduardo Frei.
LA DAMA DE HIERRO. Inexpugnable, a un casi inalcanzable 84%, se mantuvo el nivel de aprobación de la presidenta chilena a la que tocó cerrar, como un cambio de la naturaleza, los veinte años de gobiernos de centroizquierda. Los dos dígitos son el resultado que arroja una encuesta de Adimark. Esa consultora privada, que ha medido mensualmente la aprobación a Bachelet desde que llegó al palacio gubernamental de La Moneda en marzo de 2006, finalizó el estudio correspondiente a febrero el día 24 de ese mes y tenía previsto difundirlo el 1 de marzo, con un 84% de aprobación a la gestión de la presidenta. Tras la catástrofe del 27 de febrero, la consultora repitió el sondeo entre los días 3 y 6 de marzo y el resultado fue idéntico: 84% de aprobación. Sólo en una pregunta específica respecto del manejo de la emergencia el resultado fue inferior: un 75% de aprobación, considerado, de todas maneras, muy positivo.
LAS PRIMERAS CRÍTICAS. Respecto del gobierno en general, la encuesta detectó en las zonas más afectadas por el desastre una evaluación más crítica. Sin embargo, añadió que el tamaño de la muestra "es insuficiente para informar separadamente los datos de esas zonas". El gobierno de Bachelet recibió críticas por la tardanza y la forma en que respondió a la situación creada por el terremoto. Fueron las primeras a que se atrevió el todavía inexperto Piñera, que sabe que debe distinguirse de sus antecesores.
EL EJÉRCITO EN LAS CALLES. Consecuente con los bustos de Augusto Pinochet que salieron a las calles después de su triunfo electoral, Piñera anunció que mantendrá a las Fuerzas Armadas en las ciudades por tiempo indefinido y que prolongará el "estado de catástrofe". "Vamos a dejar desplegados a los militares para que garanticen el orden público", sostuvo el megamagnate presidente, dueño de LAN Chile, que tomó la conducción nacional el jueves.
SUBORDINACIÓN Y VALOR. Así como Piñera aprovechó para condenar por primera vez al gobierno de la Concertación que le entregó el poder, y a la persona de la presidenta socialista Bachelet por la supuesta lentitud con que sacaron a los militares a las calles, también aprovechó para elogiar el aporte de los uniformados ante la catástrofe, que sacudió una extensión de 1.600 kilómetros. "Los militares tienen logística, personal capacitado y disciplinado. Tienen un equipamiento que permite recuperar con mucha mayor rapidez la normalidad", se pronunció el hombre de una fortuna propia superior a los mil millones de dólares, que nunca hizo un mal negocio en su vida y que la revista Forbes ostenta entre los nombres de los más ricos del mundo.
UNA LOCA GEOGRAFÍA. El despliegue de las tropas, resistido inicialmente en el gobierno según algunos ministros, se convirtió luego en el reiterado clamor de civiles, alcaldes y radios, en especial en las zonas devastadas. Las olas de saqueos a comercios revelaron la deuda social de Chile, un país de unos 17 millones de habitantes, con ingresos per cápita de 14.400 dólares (que Piñera prometía llevar a 24.000 en 2018), pero donde la mitad de la población subsiste con unos 300 dólares al mes. La incapacidad de la policía para contener a quienes buscaron durante la emergencia provisiones que el Estado se demoraba en suministrarles obligó a la presidenta Bachelet a ordenar el despliegue armado. Esto ocurrió recién 36 horas después de la tragedia.
LA ILUSIÓN DE LA SEGURIDAD. Chile, aparentemente, lo tenía todo. Ahorros fiscales por 20 mil millones de dólares, inflación controlada, reactivación fuerte en curso y vínculos privilegiados con los principales grupos económicos del país, entre los cuales, por cierto, están los del nuevo presidente Piñera. El terremoto de proporciones récord y el posterior tsunami que asolaron el país el 27 de febrero cambiaron dramáticamente la escenografía que, para su asunción, y desde ella, el dueño de Colo-Colo y de Chilevisión anhelaba como prolongado espectáculo más o menos apoteótico. En los próximos tres años, la prioridad deberá ser la reconstrucción.
LA REVOLUCIÓN CONSERVADORA. La crisis, aún en su fase de emergencia sanitaria y alimentaria, obligó a quien se había autoproclamado el profeta del cambio durante la campaña electoral a volverse conservador, lo que significó conservar al gobierno de centroizquierda: Piñera, después de asumir el poder el 11 de marzo, tuvo que pedir a la presidenta Michelle Bachelet que le permitiera mantener a su equipo de gobierno. Los primeros días después del terremoto, Piñera incluso resistió la evidencia. "Mi gobierno cumple sus compromisos", declaró y rechazó que readecuaría su programa. Pero horas después sucumbió ante la enormidad de los daños, con pérdidas de 4.800 millones de dólares sólo en hospitales y obras públicas. Se desconoce cuál será el costo de reparar colegios y viviendas. La estimación inicial habla de dos millones de damnificados.




Comentá la nota