WASHINGTON.- Lastrada por el creciente escándalo del uso que hizo de su correo privado para asuntos sensibles de Estado, Hillary Clinton, la principal candidata demócrata a la Casa Blanca, se vio forzada a un estrepitoso cambio de estrategia para revertir los negros nubarrones que la llevaron a caer en las encuestas hasta un extremo no visto en las dos últimas décadas.
Por Silvia Pisani
"Yo lamento mucho que todo este asunto haya sido malinterpretado", dijo Hillary, en el combo final de un raid de apariciones televisivas con el que intentó derrochar simpatía y humanidad, un cóctel clásico cuando la ola de la impopularidad empieza a crecer.
"Yo me disculpo por todo esto, he cometido un error", tuvo que admitir finalmente, en un impresionante giro sobre el "no tengo nada por lo que pedir perdón" con que había empezado todo este expediente.
La caída de Clinton en las encuestas junto con su agónico pedido de disculpas se convirtió en la noticia de la campaña política. A tal extremo que, por primera vez en semanas, pareció desplazar el eje de atención de los republicanos a los demócratas y alejar, al menos por un rato, al controvertido Donald Trump como epicentro de la carrera.
El giro de Hillary fue el corolario de un conjunto de sondeos coincidentes que, en las últimas dos semanas, vienen marcando un alarmante retroceso en imagen y, sobre todo, en credibilidad.
Pero, pese al castigo, no hay duda de que sigue liderando con comodidad el panorama entre los candidatos demócratas, aunque con tendencia opuesta. Así, mientras el radical Bernie Sanders crece en imagen, al igual que el posible aspirante y vicepresidente Joe Biden, que aún no saltó a la arena, Hillary decrece y cae, visiblemente golpeada por el escándalo.
Una encuesta conjunta de la cadena ABC y el Washington Post le dio una imagen positiva de sólo el 45%, su peor indicador en 23 años de carrera política. "No estaba en ese nivel desde que era senadora en Nueva York", recordaron los autores del sondeo.
En forma coincidente, un estudio de la Universidad Quinnipiac apuntó a la velocidad del retroceso, al registrar una caída de diez puntos respecto de su último sondeo, apenas un mes antes. "Un auténtico desplome", dijeron sus responsables. El otro dato que surge del sondeo de Quinnipiac es el avance de la desaprobación. Por primera vez desde que Hillary anunció su candidatura, quienes la desaprueban superan a quienes la avalan por un apenas un punto: el 51 contra el 49%.
Por supuesto, todo esto no es definitivo y se está con margen más que suficiente para revertir tendencias antes de que, a partir de enero próximo, empiece el largo proceso de primarias, rumbo a las elecciones de noviembre de 2016.
Pero es un signo de advertencia lo suficientemente serio como para que, en las últimas horas, la otrora popularísima ex secretaria de Estado iniciara una serie desesperada de golpes de efecto para recuperar posiciones.
Lo más significativo fue el reconocimiento público de que cometió "un error", lo que constituye un giro de 180 grados respecto de su anterior narrativa frente a la delicada cuestión. Lo otro fue una divertida comparecencia en el popular programa televisivo de la conductora Ellen DeGeneres, en el que no sólo hizo bromas y se rió a carcajadas, sino que también improvisó unos pasos de baile. El video de su paso por el show fue largamente difundido por las redes sociales.
Aun así, no alcanzó a disipar el daño que el escándalo terminó haciendo a su imagen. "Me pregunto por qué tardó tanto en darse cuenta de que esto la lastimaría y dañaría su credibilidad", fue uno de los duros interrogantes que se lanzaron ayer sobre sus reflejos de campaña.
"A veces parece como si los Clinton no se dieran cuenta de las dudas que despiertan cuando mezclan los asuntos oficiales con los privados", disparó Gloria Borger, una veterana analista política de la cadena CNN.
El problema se generó cuando, tras su renuncia como titular del Departamento de Estado, se supo que Clinton había usado un servidor personal que se hizo instalar en su residencia de Nueva York para atender cuestiones de Estado.
Al principio la ex funcionaria restó importancia al asunto y culpó a los republicanos por "buscar cualquier cosa bajo la alfombra" para intentar hacerle daño. Con el paso de las semanas, y a medida que el asunto crecía, admitió el uso, pero insistió en que en ninguno de los casos se trató de "asuntos sensibles", que suelen calificarse como "material clasificado".
Luego, en la medida en que se seguía tirando de la soga, se admitió que al menos unos 170 correos tenían información clasificada. En las últimas horas, esa cifra creció a 300. Fue entonces cuando Hillary admitió el "error" y, rápidamente, fue a bailar a la televisión. El escándalo, sin embargo, parece aún lejos de apagarse y el llamado "control de daños" continúa.
UN FRENO EN LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA
Hackeo
En marzo de 2013 fue hackeada la cuenta de mail de Sidney Blumenthal, un asesor de Hillary Clinton, que ya estaba fuera del Departamento de Estado
Descubrimiento
Los investigadores descubrieron que en el intercambio de mails Clinton, para tratar cuestiones de Estado, no utilizaba la cuenta oficial, sino una privada, y exenta de los registros públicos
Investigación
El año pasado Clinton debió entregar unas 55.000 páginas de correos privados al Departamento de Estado, correspondientes al período entre 2009 y 2013, entre los que había comunicaciones sensibles como el ataque mortal en el que murió el embajador norteamericano en Libia en 2012.




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