Lo que había empezado como una señal de alerta, ayer se transformó en una honda preocupación para el Gobierno. Desde Estados Unidos, donde acompaña a Cristina Kirchner, el ministro de Trabajo Carlos Tomada siguió el minuto a minuto de las negociaciones que se dieron en su cartera entre funcionarios y la empresa.
Pese a esto, saben desde el Gobierno que la instancia de diálogo es más complicada que con los tradicionales dirigentes de la CGT. Y que será difícil destrabar el conflicto, al menos para acercar a la patronal, a representantes del gremio alimenticio y a delegados de la comisión interna, en una misma mesa. Mañana, Tomada llega al país con ese objetivo.
La cartera laboral tenía ayer en la fábrica tomada de Pacheco dos hombres suyos. Alejandro Ochavaría, representante del distrito Pilar del Ministerio provincial, y Diego Paso, de la delegación de San Martín del Ministerio nacional. Según fuentes de la cartera laboral, el diálogo con Ramón Bogado, líder de la comisión interna, nunca estuvo cerca de un consenso. Incluso, ayer Noemí Rial habló 5 minutos con Bogado, pero el resultado fue idéntico al que se llegó al miércoles cuando, en secreto, estuvo con delegados gremiales el jefe de gabinete de Trabajo, Norberto Ciarabino.
La tensión en el Gobierno fue creciendo con las horas. Sobre todo cuando comenzó el desalojo donde hubo violencia y heridos. Esto se produjo pese a que el jefe de prensa de la Policía Federal, Daniel Rodríguez, había dicho que no iban a "criminalizar la protesta". Ayer la foto fue otra.
Para tratar de compartir responsabilidades, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que el gobernador Daniel Scioli debería tomar "medidas más contundentes" para ponerle fin a este conflicto que ya arrastra más de 40 días.





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