El gobierno de Maduro, desbordado por la inseguridad

El gobierno de Maduro, desbordado por la inseguridad

Por la ola de violencia, sólo en Caracas ingresaron a la morgue unos 2000 cadáveres en la primera mitad del año

"Hampa gana por goleada." El editorial del diario Tal Cual resumía esta semana, con un símil futbolístico aprovechando el Mundial en Brasil, el sentimiento de los venezolanos ante la violencia desbordada que sufren a diario.

"Es evidente que el equipo de los malandros, asesinos, delincuentes y afines le está metiendo una goleada al gobierno de Nicolás Maduro, como también se la metió al gobierno de Hugo Chávez. En materia de seguridad ciudadana, como en casi todo lo demás, la revolución es un rotundo fracaso", añadió el periódico del intelectual progresista Teodoro Petkoff.

El látigo permanente de la inseguridad provocó que Caracas tenga su propio muro de los lamentos, una pared imaginaria por la que resbala un mar de lágrimas todos los días: la morgue de Bello Monte. Éste es el epicentro del terremoto de violencia, que, al dar la razón a Tal Cual, convirtió a Venezuela en el segundo entre los países más salvajes del planeta: casi 25.000 homicidios el año pasado, según fuentes independientes.

El balance de los primeros meses de este año confirma cifras parecidas. Sólo en Caracas alrededor de 2000 cadáveres ingresaron en la morgue de enero a junio.

En Bello Monte, se huele la muerte, la misma que ayer atrapó de madrugada a cuatro jóvenes en una fiesta en Catia, un barrio popular al oeste de Caracas. Fue una nueva masacre, de esas que llenan noticieros en otros lugares del mundo, pero que en Venezuela forman parte de lo cotidiano.

Las llamadas fiestas de negocios, en esta ocasión en una casa abandonada, se cobraron muchas vidas en los últimos meses. Una modalidad de rave a la criolla y muy bestia: las propias bandas las organizan, instalan luces, sonido y realizan negocios durante la celebración, desde vender drogas hasta la compraventa de armas. Después suelen llegar el desenfreno y la sangre.

Desde la llegada de Chávez al poder, Venezuela vive una escalada continua de muerte: de los 4000 asesinatos de 1998 (año de las primeras elecciones ganadas por el "comandante eterno") hasta los 21.692 de 2012 y los 24.763 del año pasado, según fuentes independientes.

En Caracas, la realidad duele. Y es tan dura que el país ya no encuentra más sinónimos para sus delincuentes, por mucho que rebusque en el diccionario: malandros, choros, azotes, antisociales, bichos, hampones.

EJECUCIÓN

El domingo de la semana pasada se escribió un nuevo relato de terror en el escenario más insospechado: un quirófano. Dos ex policías integrantes de un banda paramilitar chavista entraron en la sala de operaciones para ejecutar a un tipo al que habían disparado previamente. Un conflicto que venía de largo en su propio barrio. Lo ejecutaron sin importar que estuviera anestesiado y con el estómago abierto.

Después eliminaron a su hermano, que esperaba afuera, y a un trabajador del Hospital Clínico Universitario. Treinta balas quedaron regadas entre la sala de operaciones y la habitación contigua. Una nueva historia real que parece extraída de la ficción. Incluso una serie tan popular como Homeland trasladó al sargento Brody en su huida de Estados Unidos hasta Caracas, a la Torre de David, todo un emblema en la ciudad. El enorme edificio de Confinanzas, invadido por miles de personas, se transformó en una gigantesca favela vertical.

A muy pocos metros, en el corazón de la ciudad, la semana pasada hubo otro crimen que conmovió a los venezolanos. Sólo faltaban tres días para que el emigrante portugués José Correia volviera de forma definitiva a su tierra añorada, Boaventura, en la isla de Madeira. Muchos años de trabajo a sus espaldas en la panadería de El Farole habían empujado a tomar la decisión definitiva. Con 77 años, tocaba volver a la casa que lo vio partir cuando era joven.

Llegó hasta su trabajo a las 6.30 del martes, dispuesto a repartir el pan de cada día, la misma operación durante 50 años. Y a sus espaldas, esta vez, dos malandros. Lo empujaron hasta el baño y allí lo ejecutaron: tres balazos para acabar con su vida de emigrante. Con la misma crueldad con que se dispara todos los días en Caracas.

A 50 metros se levanta una carpa de la Guardia del Pueblo. Ni se enteraron. A dos cuadras, la sede principal de la policía científica venezolana. Sólo llegaron a testificar la muerte. Carlos Rojas, representante vecinal, denunció que los efectivos policiales cobran extorsiones por proteger los locales. "Es una burla para los comerciantes y para los vecinos de la zona", aireó públicamente.

La goleada del hampa tiene otra cifra, proporcionada por el diario El Nacional: 18. Es el número de vehículos atacados el viernes pasado en la misma autopista donde fue asesinada en enero la ex miss y actriz de telenovelas Mónica Spear.

Ya pasaron seis meses de su muerte y la de su marido, ante los ojos de su hija de seis años, en un hecho que desató una oleada de indignación en el país. Venezuela sigue perdiendo hoy su propio Mundial.

UNA OLA IMPARABLE

25.000 homicidios

 

Hubo el año pasado, según cifras independientes; Venezuela es el segundo entre los países más violentos del mundo

 

4000 antes de Chávez

 

Cuando llegó al poder, en 1998, la cifra de asesinatos anuales era de 4000

 

2000 en Caracas

 

Entre enero y junio de 2014, sólo en Caracas hubo unas 2000 muertes violentas

Comentá la nota