"El gobierno golpea y tortura, las condiciones en Cuba son pésimas"

Hilda Molina: La médica conoció a Orlando Zapata Tamayo, el albañil que falleció en La Habana. "Era un hombre humilde y con ideales", aseguró.
Pocas veces la muerte de un solo hombre sacudió tanto a un régimen político como el fallecimiento de Orlando Zapata Tamayo, el preso de conciencia reconocido por Amnistía Internacional que perdió la vida tras 86 días de huelga de hambre en una cárcel cubana. Mientras el presidente Raúl Castro negaba que existieran torturas y señalaba que en la base norteamericana de Guantánamo sí las había, las condenas de la administración de Barack Obama y de la Unión Europea se enfocaron en las condiciones de detención de los disidentes y en pedir su inmediata liberación.

Pero las palabras más duras llegaron desde cubanos que se oponen al gobierno. "Los Castro son maestros en la tortura psicológica. Porque no te dejan huellas visibles, no te dejan un golpe, pero te destruyen como ser humano", disparó Hilda Molina desde Buenos Aires, en diálogo con PERFIL.

—¿Cuál es la situación de los presos de conciencia en Cuba?

—El gobierno golpea y tortura, las condiciones en Cuba son pésimas. Además, no permiten que los organismos internacionales entren a las cárceles a comprobar realmente la realidad que hay ahí. Creo que las Damas de Blanco, a las que respeto extraordinariamente, no mienten cuando dicen que a sus familiares los torturan.

—¿Usted conocía a Orlando Zapata Tamayo?

—Coincidimos en dos reuniones de la disidencia. El era de las provincias orientales y vino a La Habana algunas veces. Me acuerdo porque se acercó a mí y se presentó. Me dijo: "Qué bueno conocerla". Y me pareció un joven humilde, un hombre con ideales. Sencillamente, lo dejaron morir. Yo he visto muchas huelgas de hambre en las que las personas que inician la huelga, inclusive sin que se satisfagan sus peticiones, la abandonan. Este hombre tuvo la valentía de seguir, se inmoló. Pedía cuestiones elementales. Que se reconozca que él no era un prisionero común, que era preso político. Y un tratamiento que respete su dignidad como ser humano.

—¿Cuál fue su primera reacción cuando se enteró del fallecimiento de Orlando?

—Me hubiera gustado atenderlo. Yo pienso como médica, y ver morir a un hombre por decisión propia es terrible. El cuadro clínico de una muerte por huelga de hambre, por total ayuno de agua y alimentos, es una de las cosas más crueles que una persona puede presenciar. Como médica me tiene el corazón desgarrado.

—¿Cree que esta muerte cambiará el escenario político en Cuba?

—No creo. El pueblo de Cuba es el que tiene que resolver si quiere un cambio. A mí me parece que lo mejor sería que nadie se meta en el asunto interno de Cuba. Que no ayuden al gobierno ni tampoco a la disidencia. Que nos dejaran a los cubanos ver cómo resolvemos el problema. Sin embargo, con episodios de esta índole el pueblo tiene más miedo todavía. En el momento en que salí del país, hace siete meses, vi que los cubanos empezaban a criticar en voz un poco más alta, pero no públicamente. Hay un descontento generalizado.

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