Los empresarios piden que la pauta salarial no supere el 20%. En el Gobierno hacen números similares. Moyano acepta discutir pero pide un parámetro real de inflación
Ese mismo día, al término del almuerzo del que participó la plana mayor del Gobierno, la cúpula de la UIA y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, De Vido afirmó en una charla con El Cronista que el acuerdo alcanzado el jueves entre empresas y trabajadores del sector petrolero será una referencia importante para establecer negociaciones en distintas ramas de la economía.
–¿Podrían establecerse bandas de precios y salarios?, preguntó El Cronista.
–Es una posibilidad. Ustedes lo escribieron hoy (por el viernes) y no salimos a desmentirlo, respondió De Vido.
Mientras aguardan con expectativa el inicio de las negociaciones tripartitas que arrancarán en el transcurso de esta semana, tanto en la conducción de la UIA como cerca de Hugo Moyano comienzan a hilar más fino respecto de lo que cada sector aspirará a consensuar en el marco del diálogo.
Entre los industriales la mayor apuesta gira en torno a la posibilidad de fijar algún techo para los incrementos salariales de 2011, que –sostienen– no debería ir mucho más allá de una suba de 20%. Ese parámetro no desentona con las cifras que informalmente deslizan dentro del Gobierno, donde se mencionan bandas de aumentos salariales de entre el 20% y 23% al poner en números la “moderación y racionalidad” que Cristina reclamó el jueves a Moyano en el encuentro que mantuvieron en Olivos.
El pedido presidencial parece haber tenido eco en la cúpula cegetista, que –lejos del rechazo abierto con el que siempre reaccionó a cualquier intento de fijar topes a las paritarias– ahora parece dispuesta a conversar el tema. “Se aceptó hablar de todo, vamos a ver cómo viene la discusión y después hablaremos de números”, apuntó un importante dirigente de la central. Cerca de Moyano, sin embargo, aclaran que cualquier discusión sobre bandas para salarios deberá estar sustentada primero por algún entendimiento sobre el nivel de precios. “Se trata de que el diálogo lleve tranquilidad a todos, no solo a los empresarios”, remarcó un sindicalista, quien también reclamó alguna garantía de rediscutir los aumentos en caso de que queden licuados por una mayor suba de precios.
El tema no es menor, ya que supone un acuerdo sobre el parámetro que se tomará como base para la proyección de la inflación y podría colocar al Gobierno frente a la necesidad de reconocer un costo de vida real por sobre el que difunde el Indec. El propio Moyano dejó en claro en más de una oportunidad que los gremios no se basan en los indicadores del organismo estadístico para definir sus reclamos salariales (la famosa “inflación del supermercado”) y, según lo que anticipan en su entorno, esta vez no será la excepción. “No usamos ni el Indec ni los números de las consultoras privadas, tenemos n uestras propias mediciones”, dijeron las fuentes que, deslizaron, pondrán esos números en la mesa de discusión del pacto tripartito.
Además de la preocupación por los precios, los gremios pretenden que las negociaciones con el Gobierno y las empresas avancen también en una definición sobre el histórico reclamo de la central obrera para reducir la carga del impuesto a las Ganancias sobre el salario de los trabajadores en relación de dependencia. El camionero le trasladó personalmente el pedido el jueves a la presidenta y a De Vido.
Los empresarios también preparan su agenda, mientras se entusiasman con los gestos ofrecidos por la Presidenta en la Conferencia de la UIA. Allí, ante la presencia de Moyano, Cristina pidió “la canalización legal de la conflictividad laboral”. Y abundó: “No podemos ser los más de 40 millones de argentinos rehenes de prácticas que no le hacen bien al país y mucho menos a la actividad económica que, en definitiva, es lo mismo”, dijo. Fue la frase más celebrada por el mundo de los negocios



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