En cualquiera de los escenarios políticos que imagina, Scioli necesitará una tropa que le sea propia. Por eso emprendió esta tarea, cuidando de no sembrar dudas en cuanto a que seguirá tributando a los Kirchner.
En español: Scioli mandó a convertir kirchneristas en sciolistas, pero con la delicadeza necesaria como para que no queden dudas de que seguirá tributando sin fisuras al proyecto que lidera el matrimonio Kirchner.
Para esa tarea de alta política y sensible microcirugía, el mandatario buscó un operador de máxima confianza y buena forma física para trajinar sin descanso todos los paisajes de la Provincia junto a los ministros Eduardo Camaño y Baldomero Alvarez y al vice primero del Senado, Federico Scarabino, caciques que pisan con seguridad el resbaladizo suelo del Conurbano.
El gobernador cree que encontró ese hombre en Javier Mouriño, a quien ya le había confiado la multimillonaria caja del IOMA y ahora le dio el sillón que dejó vacío su hermano desertor, Pepe, en la secretaría general de la Gobernación.
Criado en el PJ porteño como buena parte del grupo duro del gobierno provincial, y con un paso por el menemismo (que duró hasta 2003), Mouriño acompaña a Scioli desde mediados de la década pasada. El flamante secretario general tiene una virtud de gran valor para Scioli: se levanta temprano. La rutina inviolable del gobernador arranca a las seis y desde esa hora quiere tener con quién hablar de trabajo. Acaso la profesión inicial de Mouriño, un atildado cincuentón de trajes bien cortados, es lo que le ha permitido mantenerse en buena forma: el hombre es un abogado tardío, que estudió leyes muchos años después de recibirse de profesor de Educación Física. La tarea que encaró el secretario general está motivada en la esperanza de cambiar la respuesta a la pregunta que desvela a los hombres del gobernador: ¿qué es el sciolismo? Hoy, un ismo virtual, reconocen. Y se proponen convertirlo en un ejército con soldaditos de carne y hueso. En resumen: quieren que intendentes, concejales y legisladores se pongan la camiseta. Para eso, Mouriño cambió zapatos por rollers y arrancó una gira de largo aliento. El hombre tomará hectolitros de café. Hablará más que Tato Bores. Levantará la voz cuantas veces haga falta.
El secretario general llevó su equipo al palacio de la Gobernación. Quiere saber cada palabra que se escriba y se diga en los medios bonaerenses. Y se ocupará de relevar las necesidades de cada pueblo que esté en la agenda del gobernador. "Scioli tiene que ser Papá Noel: llegar a todos lados con la bolsa llena", explican. En los pasillos de la política provincial se dice que ya se nota un nuevo ímpetu en los operadores del gobernador. Y que dirigentes de segundas líneas ya caminan los distritos electoralmente más pesados con el librito bajo el brazo. Además, empezaron a puntear la estructura de la administración provincial y a "invitar" a funcionarios de carrera a eventos políticos, con planilla de asistencia.




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