Permiten eliminar las barreras y optimizar la circulación. También mejoran la integración de los barrios y la seguridad.
Cada nuevo túnel genera una renovación del espacio público del barrio ya que devuelve la conexión entre ambos lados de las vías y agrega iluminación y seguridad a la zona, al eliminar los pasos peatonales. Además, algunos permiten el tránsito de autos y ambulancias y evitan la circulación de camiones y colectivos. Así se asegura que en las calles internas no circulen vehículos grandes que siempre generan complicaciones.
Antes, un automovilista podía tardar hasta 30 minutos en cruzar un paso a nivel con la barrera baja. Ahora, según datos de la Subsecretaría de Transporte, en los túneles de dos carriles llegan a circular unos 14 mil autos por día, que en el pasado lo hacían en forma muy lenta por el obstáculo de las barreras.
Pero la construcción de algunas de las obras ya terminadas, como en el caso de los pasos de Olazábal, Lacroze y Superí, tuvo otra particularidad: fueron criticados por los vecinos de la zona y hasta estuvieron en litigio judicial.
La gente no los quería porque temía que sus calles se convirtieran en un caos con tránsito permanente, y además aseguraban que estos túneles, llamados sapitos, no iban a traer un beneficio concreto, ya que no servirían para eliminar barreras porque sólo iban a poder ser utilizados por autos y ambulancias, no por colectivos o camiones. Al final hubo buen diálogo y se llegó a un acuerdo. "La gente tenía temores lógicos, pero vio que era beneficioso", explicó Gustavo Matta y Trejo, presidente de AUSA.

Comentá la nota