Furia en Siria: la represión dejó setenta muertos

Fue la mayor protesta contra el régimen de Damasco desde 1963. Miles de sirios marcharon en todo el país para exigir el fin del gobierno de Bashar Al Assad.
En la mayor protesta contra el gobierno de Siria y la primera sin el estado de excepción que regía desde 1963, al menos setenta manifestantes murieron ayer bajo las balas de las fuerzas de seguridad del presidente Bashar Al Assad. Tras el tradicional rezo de los viernes, decenas de miles de sirios se lanzaron a las calles de Damasco, Deraa, Homs y otras cuarenta ciudades para dejar en claro al gobierno que no se conforman con las medidas de apertura ensayadas hasta el momento. Los manifestantes se chocaron con la represión más feroz desde que estallaron las revueltas a mediados de marzo.

El Comité Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres, denunció que al menos setenta personas fueron asesinadas ayer. “Hay muchos heridos y veinte desaparecidos que también podrían estar muertos”, aseveró el activista opositor Ammar Qurabi. “Tenemos los nombres de los mártires, sus muertes fueron confirmadas”, agregó Malath Aumran, militante defensor de los derechos humanos.

“Al Gomaa al Azimaa (Gran Viernes) – 22 de abril”, fue la consigna de Facebook con la que la oposición convocó a manifestarse. La abolición por decreto de las leyes de emergencia que anunció Al Assad esta semana fue leída como una señal de debilidad del gobierno. El impresionante despliegue del Ejército no alcanzó para contener las protestas a lo largo y ancho del país. “El estado de excepción no fue levantado, cayó como resultado de las manifestaciones y de la sangre de los mártires que clamaron por la libertad en Siria”, sostuvo en Twitter el opositor Suhair Atassi.

El objetivo de los detractores del gobierno es a esta altura uno solo: el fin del régimen de Al Assad. Varios grupos antigubernamentales lo explicitaron en un comunicado conjunto en el que exigieron la ilegalización del Partido Baaz del presidente y la construcción de un sistema democrático. En tanto, los Comités de Coordinación que funcionan en distintas provincias afirmaron que “las consignas de libertad y dignidad no pueden materializarse si no tiene lugar un cambio pacífico hacia la democracia”. Además, sostuvieron que “todos los presos de conciencia deben ser liberados y el aparato de seguridad desmantelado y sustituido por otro con jurisdicción limitada y que funcione bajo el dictado de la ley”. Se referían a los shabiha, temidos sicarios a quienes se atribuyen las masacres que el gobierno adjudica a bandas de extremistas islámicos. Los manifestantes denuncian que el gobierno utiliza a los shabiha para instalar un estado de caos que justifique la represión.

Las banderas de rechazo a Al Assad y el Baaz inundaron incluso la capital, Damasco, donde hasta ahora el régimen había conseguido evitar las concentraciones masivas. Esta vez, la Policía tuvo que disparar gases lacrimógenos para dispersar a centenares de personas y apostarse en las principales arterias de la ciudad para que las marchas no llegaran al palacio presidencial. La cifra de muertos circuló en informes que la oposición publicó en Facebook y fue chequeada con fuentes médicas por la cadena árabe Al Jazeera. El mayor número de víctimas se registró en Homs, donde fueron asesinadas 14 personas, y en Izraa, donde murieron 11 manifestantes. Fue toda una novedad lo que ocurrió en Camishli, al noreste del país y reducto de la minoría kurda, donde unas 5 mil personas marcharon con pancartas que rezaban: “Arabes, sirios y kurdos contra la corrupción”.

Según cifras de Human Rights Watch (HRW), la represión se cobró más de 220 vidas desde que comenzaron las protestas. “El presidente Al Assad tiene la oportunidad de demostrar cuáles son sus intenciones permitiendo las protestas sin que haya represión violenta”, se había esperanzado Joe Stork, subdirector para Oriente Próximo de la organización, antes de la matanza de ayer. “Las reformas sólo serán importantes si las fuerzas de seguridad sirias dejan de disparar, detener y torturar a manifestantes”, completó Stork. En tanto, la vocera gubernamental Reem Haddad desmintió las cifras de HRW. “Quiero negar las informaciones de la muerte de 200 personas. No habrá más violencia si los manifestantes dejan de atacar a las fuerzas de seguridad. Si las manifestaciones son pacíficas, dejaremos que expresen sus opiniones”, había prometido la funcionaria antes de la sangrienta jornada de ayer.

Desde la Casa Blanca, Jay Carney, vocero del presidente Barack Obama, declaró que los Estados Unidos “deploran el empleo de la violencia” y exigió que Al Assad emprenda reformas democráticas.

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