Llegó el 7 de octubre, se reunió con economistas y partió. El encuentro trasciende ahora.
Allí, muy distendido, Summers recordó sus complejas relaciones con la Argentina del pasado -que lo habían conectado con varios de los presentes- y se explayó sobre Obama. Habló de su capacidad de concentración y de análisis. Se manifestó partidario de una masiva apuesta al gasto público para salir de una crisis que "la ciencia económica no puede determinar su profundidad", y que "nos da enormes dolores de cabeza porque pega en el sector productivo".
Summers dijo además que los Estados Unidos deben poner toda su energía y capacidad creativa para optimizar su relación con China.
Los participantes no quisieron contar en detalle las impresiones de Summers sobre la Argentina, aunque trascendió la siguiente frase: "La historia de incumplimientos de la Argentina con el mundo es una cuesta muy empinada que ustedes van a tener que subir. La Argentina es un país desconcertante que parece disfrutar con el incumplimiento de lo que firma, y eso naturalmente se refleja en los costos y oportunidades para entrar a los mercados", deslizó. Después, mirando fijo a sus interlocutores, arrancó con las clásicas preguntas sobre el país que hoy toman otra dimensión ya que Summers será el consejero de Obama en estos temas. Así, quiso saber por el INDEC, por los controles de precios, el manejo de la deuda pública y el conflicto con el campo. En ese orden. Ninguno quiso contar cuáles fueron las respuestas. Eso sí, el grueso de la reunión se esfumó en sus pensamientos sobre la economía de EE.UU.. Summers confesó que hoy es más frágil que una paloma, que desaprobaba los pasos que en aquel momento estaba dando Bush e insistió en su escepticismo. Señaló que la clave es la voluntad y la firme decisión política de subir el gasto público, claro que con disciplina espartana. Summers había sido invitado como orador estrella de la Cámara de Comercio argentina estadounidense, la AmCham, y en ese entorno dijo a los gerentes de las empresas norteamericanas en el país que "el deterioro del ciclo de confianza es el problema más grave, porque si bien está en juego el bienestar económico de EE.UU. por muchos años, se ha perdido la credibilidad de un sistema que ha traído muchos beneficios a la humanidad".



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