Frentistas de la Spinetto no quieren más corsos

Algunos de los vecinos y comerciantes del tramo de la avenida Spinetto donde, los dos últimos fines de semana, se realizaron los corsos tienen pensado acudir a un recurso de amparo para evitar que se hagan ahí el año próximo. Así lo adelantaron ayer los propietarios de uno de los negocios que en diciembre había pedido por nota al municipio y los organizadores que el espectáculo se trasladara a un sitio de la ciudad donde no se ocasionaran molestias a los frentistas.
La presentación ante la Justicia no sería la primera. Los vecinos aseguraron que este año el propietario de una empresa de "organización de eventos", que trabaja asociada con el salón de fiestas de la Rural, presentó un recurso de amparo para que los corsos no se realizaran frente al predio de la Asociación Agrícola Ganadera. La medida fue atendida y por eso el carnaval se desplazó dos cuadras hacia el norte, sobre la misma avenida.

Veredas sucias.

Este año los corsos comenzaron accidentados. Una farmacia con los vidrios rotos tras una gresca y una joven herida, al quedar al medio de otra pelea, fueron los casos salientes, pero no los únicos. Los vecinos aseguran que resulta difícil soportar los trastornos que los corsos les acarrean año tras año.

"En diciembre enviamos la nota pidiendo que no se realicen acá, pero la gente de la organización nos dijo que era imposible, que si se hacían en un espacio abierto, como la laguna, no iban a poder controlar a los "colados". Yo no creo que sea así, cuando se hizo el Rally Dakar no se coló nadie. Y que ahora no me vengan con que en la laguna no se puede porque se afecta a la ecología, porque si metieron el Dakar, pueden meter cualquier cosa", dijo un profesional que tiene su negocio en la Spinetto.

Su socio contó que tras la primera noche encontraron las veredas limpias, pero ya en la segunda todo volvió a la desagradable normalidad de todos los carnavales: "las veredas orinadas, defecadas, con sangre y ni hablar de la mugre, de los tarros de espuma y todo lo demás". La organización dispuso baños químicos cada una de las noches, pero no todos los usaron, pues prefirieron "hacer sus necesidades" contra paredes, tapiales y rejas.

Acceso gratuito.

Otra queja frecuente de los comercios es que durante dos sábados seguidos los obligan a cerrar sus puertas a las 19, cuando algunos de ellos atienden hasta altas horas de la noche. En el caso de los vecinos -en muchos casos los propios comerciantes-, también sufren el trastorno de no poder salir y entrar de sus casas con sus automóviles, dado que todas las calles de los alrededores se cortan para dar paso a la fiesta.

Si faltaba algo, sus casas y patios ofician de ingreso para los que no quieren pagar la entrada, al parecer, una buena porción de personas que se las arreglan para introducirse en las cuadras que flanquean la avenida y luego de saltar tapiales, recorrer patios y caminar sobre los techos, saltan al interior de los corsos. "Los colados se suben al techo de casa y me usan el porche tipo tobogán para caer en la vereda", narró el propietario de una casa por cuyo frente desfilaron las carrozas durante las noches de corsos.

En uno de los negocios contaron que los organizadores les utilizaron la reja de una vidriera para sujetar la lona que cruzó de una vereda a la otra para cerrar una de las calles laterales. "Me terminaron doblando toda la reja y nadie vino a darme una solución", dijo. Diferente suerte corrió la farmacia de la esquina de Spinetto y Molas, donde la organización pagó peso por peso el arreglo de los daños ocasionados.

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