Un millón de personas inundaron la capital, y también se festejó en otras ciudades; hubo una "contrafiesta" republicana
LONDRES.- Agitando banderas británicas y pancartas con las caras de la familia real, y luciendo flores rojas y divertidos sombreros, cientos de miles de personas invadieron ayer las calles de Londres, para celebrar la tan esperada boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton.
En el marco de este ambiente festivo, que ni el cielo gris logró opacar, y encantados de ser parte de un momento histórico, cientos de miles de personas se congregaron en el céntrico Hyde Park de Londres, para seguir la ceremonia, desde la llegada de los novios a la abadía de Westminster hasta su salida al balcón del Palacio de Buckingham, convertidos ya en marido y mujer.
Al igual que en la plaza de Trafalgar y en Green Park, donde se instalaron pantallas gigantes para presenciar el evento, el punto culminante en Hyde Park ocurrió cuando los prometidos pronunciaron la frase "Sí, quiero". Los británicos aplaudieron entonces a rabiar y el parque entero, inmerso en un espíritu patriótico, estalló en júbilo.
Además de los festejos en Hyde Park, ayuntamientos y asociaciones de vecinos a lo largo y ancho de toda Inglaterra (e incluso, aunque en menor medida, de Escocia y Gales) organizaron animadas fiestas callejeras en ciudades como Manchester y Leeds (norte inglés) o varias en el condado de Cornualles.
En total, las autoridades informaron que recibieron unas 5000 solicitudes para cerrar calles, y, según medios locales, los habitantes de varios pueblos colocaron largas mesas en la mitad de sus principales vías para celebrar la boda del siglo.
Incluso el primer ministro británico, David Cameron, y su esposa, Samantha, que asistieron a la boda en Westminster, ofrecieron ayer por la tarde una fiesta a sus vecinos, a quienes pudo verse sentados a una mesa engalanada y disfrutando de magdalenas horneadas por la propia señora Cameron en Downing Street, donde está su residencia oficial.
También el subte de Londres sucumbió a la fiebre y fue decorado con los colores de la bandera británica.
Pero el casamiento no cautivó a todos. Con el lema "No a la boda real", el grupo antimonárquico Republic convocó a una fiesta en la céntrica plaza Red Lion, en Londres, a la que asistieron unas 200 personas.
"No todo el país está en éxtasis ante la boda real", aseguró Graham Smith, dirigente del grupo. "Deseamos que Guillermo y Kate sean felices, pero estamos en contra de tener que mantener a una familia con privilegios heredados que obviamente no fue elegida democráticamente y que, además, no debe rendir cuentas", agregó. Durante la fiesta, que se realizó para celebrar la "democracia y el poder popular, y no los privilegios heredados", se vendieron tazas "republicanas", en oposición a los miles de tazones vendidos con las caras de Guillermo y Kate. En ellas, se podía leer " I'm not a royal wedding mug" (no soy una taza de boda real), en un juego de palabras con el doble sentido de mug , que significa taza y tonto.
También el diario progresista The Guardian ofreció ayer, en su versión online , una versión "republicana" para aquellos lectores no interesados en la boda real.
Con la excepción de dos pequeñas protestas en el centro de Londres, el de ayer fue un día tranquilo y alegre en la mayor parte de Gran Bretaña, que pese al temor a atentados o disturbios, se saldó con sólo 56 detenciones, en general por alteración del orden público.

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