El ingeniero Edén Primitivo Cavallero tiene 79 años. Hoy hace 29 que asumió como intendente municipal de General Pico. Y 21 que inició como vicegobernador la gestión que encabezó Néstor Rufino Ahuad.
-¿Qué recuerdos tiene de aquel 10 de diciembre de 1983?
-Lo recuerdo como un día muy feliz; no sólo para mí sino, creo, para todo el pueblo argentino. Porque se cerraba una página muy triste vivida por la sociedad y se iniciaba un sistema, la democracia, en el que queremos vivir permanentemente, como creo que merecemos. Y porque, a pesar de todas las dificultades que puedan aparecer, de las diferencias, hasta de las confrontaciones, no hay ningún sistema mejor. Además de esa felicidad, ese día comenzó para mí una gran responsabilidad como era conducir los destinos de mi ciudad representando al peronismo.
-¿Cómo llegó a aquella candidatura?
-Lo decidieron algunos compañeros y compañeras del partido y fue aceptado por el resto. Una noche, en una de las reuniones que hacíamos en el local que teníamos en la calle 14 casi esquina 9, surgió mi postulación.
-Las candidaturas de ese momento, por ejemplo la de Marín y la suya, ¿fueron aceptadas de inmediato o hubo discusiones?
-Es posible que haya habido algunos intercambios de opiniones en algunos ámbitos, pero tanto la fórmula Marín-Baladrón para el Gobierno provincial como mi candidatura fueron consensuadas, que pienso es lo mejor para todos y para el partido.
-Usted ya tenía militancia acreditada y había ocupado algún cargo anteriormente.
-Sí, claro. Tenía militancia y además había sido ministro de Obras Públicas de la provincia desde el 25 de mayo de 1973, algo que también fue un orgullo personal.
-Cuando asumió como intendente, ¿cómo pudo llevar adelante la gestión y en qué medida cumplió con sus objetivos?
-Nosotros teníamos una plataforma, que admito no cumplimos en tiempo y forma, porque era muy ambiciosa, pero debo reconocer que con la colaboración de quienes me acompañaron como funcionarios, los empleados, los integrantes del Concejo Deliberante, tanto de nuestro partido como de la oposición, pudimos trabajar en conjunto en forma permanente gracias al diálogo que mantuvimos siempre. Era un Concejo bastante equilibrado, con seis representantes del peronismo, cinco radicales y uno del MoFePa. Tuvimos muy buena relación siempre porque preservamos el diálogo permanentemente, más allá de las diferencias que algunas veces pudimos tener. Además, me sentía muy respaldado por la comunidad, especialmente a través de las instituciones del medio.
-¿Cómo se llevaba adelante la gestión en una provincia gobernada por un partido de un signo político distinto al del Gobierno nacional?
-El gobernador Marín se manejó muy bien en esa etapa, aunque seguramente habrá tenido sus inconvenientes.
-¿Cuál era la columna vertebral, el eje central, de la plataforma del peronismo en el orden provincial?
-Teníamos el antecedente de la gestión de 1973, que obviamente fue interrumpida. Cuando volvimos al Gobierno hubo una continuidad en la obra pública, en lo social, y fundamentalmente en la búsqueda de radicación de empresas que generaran trabajo genuino. Algo así como continuar y fortalecer la matriz productiva de la provincia, con mesetas, ascensos y caídas a lo largo del tiempo. En aquella época había menos problemas que ahora. En General Pico había muchos menos habitantes y una industria que seguía siendo pujante, por ende menos problemas sociales. Fue la época en que se consolidó el Parque Industrial. Y con los años tuve la satisfacción de trabajar en representación del municipio en la comisión que elaboró las bases técnicas para la instalación de la Zona Franca.
-En el plano político partidario, alguna vez también le tocó enfrentar a Rubén Marín en una interna. ¿Qué recuerdo tiene de aquello?
-Es cierto. Las internas pueden ser muy saludables, porque el pueblo decide a través de su voto quiénes serán los candidatos.
-¿Cuáles eran las diferencias entre el “cafierismo” y el “menemismo” en esa instancia?
-No sé cuáles fueron los motivos por los que los otros compañeros se inclinaron por el “cafierismo”. Sí sé que elegí el menemismo, equivocado o no, porque me pareció que era un proyecto interesante no sólo para la provincia sino para la nación en su conjunto, y también creí en las personas que lo encabezaban, Menem y Duhalde.
-En la actualidad, Menem o quienes se identifiquen con él son hasta denostados por buena parte de la sociedad. ¿Cómo evalúa esas reacciones?
-Yo no he tenido oportunidad de volver a dialogar con Menem; sólo he tenido reuniones cuando yo era vicegobernador, y en algunas ocasiones hasta he planteado mis discrepancias con algunas cosas de su gestión, por supuesto con razonabilidad y desde el conocimiento que uno podía tener de la situación de la provincia. Lo de las adhesiones es algo opinable; uno cree en algo o en alguien, y algunas veces las cosas salen como uno suponía y otras no.
-¿Qué opinó de algunas medidas como las privatizaciones, por ejemplo la de los ferrocarriles?
-Fueron un golpe muy grande para la sociedad, y en particular el ferrocarril para General Pico, que era un nudo ferroviario importante que daba trabajo a mucha gente.
-Cuando usted decidió adherir a Carlos Menem, ¿ya estaban establecidas decisiones como esas?.
-No; nunca lo supimos. De haberlo sabido, yo no lo hubiera apoyado. Recuerdo que cuando trabajamos para conformar la plataforma a nivel nacional, hubo muchos compañeros técnicos y profesionales que participaron, y una vez terminado tuve la satisfacción de ser quien lo entregara a los integrantes de la fórmula presidencial en un acto multitudinario realizado en la ciudad de Paraná, si mal no recuerdo el 11 de mayo de 1989. El país había sido dividido en cinco zonas. Lo que ocurrió después no me pareció correcto; no sólo no se cumplió con ese proyecto sino que se hizo lo contrario.
-¿Cuál era el concepto predominante en esa plataforma?
-Fundamentalmente la radicación de industrias para generar trabajo genuino y agregar valor a las economías regionales. Un tema del que todavía se sigue hablando, lo que significa que no estábamos equivocados. En alguna medida se ha avanzado, pero hoy vemos con tristeza que, por ejemplo, muchos frigoríficos están cerrando. Cuando me fui a continuar mis estudios a Buenos Aires, en épocas del gobierno de Perón, a los quince días conseguí un muy buen trabajo como técnico. Eran épocas en las que había mucha sequía en gran parte del interior y muchos se iban a probar suerte a Buenos Aires, donde había una gran demanda de mano de obra. Pero ahora perder un trabajo es algo mucho más serio que en esos tiempos, porque no es tan sencillo encontrar otro.
-¿Qué opina del nivel de los políticos de La Pampa que han alcanzado mayor trascendencia en las últimas décadas?
-Es una provincia que ha generado políticos de importancia, a pesar de contar con una población muy reducida. Por supuesto la forma de hacer política ha cambiado; antes se hacía caminando mucho, cara a cara con la gente. Ahora los medios de comunicación tienen una incidencia mayor, muy significativa. Pero, la verdad, yo no podría asegurar que lo de ahora es mejor en ese sentido.
-¿Por qué cree que el peronismo sigue teniendo tantos adherentes en La Pampa, lo que ha hecho que se mantenga en el poder durante tres décadas?
-Yo pienso que esta provincia nació peronista, es peronista y lo seguirá siendo si trabajamos bien. Lo digo con total respeto a quienes no opinen lo mismo. Esto es así porque se han hecho muchas cosas, se ha trabajado. Empezaron a surgir referentes, dirigentes, aunque tal tal vez no en la medida necesaria, y con ello aparecieron las diferencias. Pero más allá de las disputas internas, creo que aún mantenemos una manera de conducirnos que hace que sea muy difícil que perdamos esa primacía.
-El peronismo actual es muy distinto al de sus primeras épocas en la política; es algo así como un tronco con varias ramas distintas. ¿Es mejor éste que aquél?
-No diría que es mejor. Insisto en que no estoy en contra de las internas cuando se hacen como es debido. Pero en la medida que se vaya atomizando demasiado, es posible que sea contraproducente y que alguna vez tengamos que arrepentirnos de tantas divisiones. Incluso afecta a la conducción partidaria, porque empieza a ser más difusa, a diluirse. Y una conducción clara es sumamente importante para el partido.


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