El fantasma de la recesión amenaza la economía venezolana

El fantasma de la recesión amenaza la economía venezolana
En abril, los precios subieron 4,3% para alcanzar el 12,5% en lo que va del año y el índice de escasez de alimentos trepó al 21,3%; un informe chavista advierte sobre una "bomba atómica económica"
Nicolás Maduro recibió anteayer la peor noticia posible cuando finalizaba su minigira por el Mercosur: la inflación de abril se disparó un 4,3% para alcanzar el 12,5% en lo que va de año, el mismo día que gigantescas colas para comprar harina afeaban aún más en Barquisimeto a la "revolución bonita", como la bautizó Hugo Chávez.

"Me ha sorprendido por lo alto. Creo que estamos en la senda de la inflación anual del 30%. Está desbocada por culpa del gobierno de Maduro", señaló el economista José Guerra a LA NACION.

Ni siquiera él, que alerta desde hace meses sobre la situación crítica de la economía bolivariana, daba crédito a una cifra que desnuda, una vez más, las teorías macroeconómicas del chavismo: la inflación de abril de Perú y Colombia se quedó en 0,25%; en Chile fue de 0,20%, y en Brasil, del 0,55 por ciento.

No sólo Guerra se muestra alarmado por una economía con las mayores reservas de petróleo del planeta que se sitúa al borde de la recesión, pese a que el barril de oro negro no baja de los 100 dólares. También el propio chavismo está preocupado: en un informe confidencial realizado hace semanas para el PSUV, los redactores alertaron sobre la posibilidad de que estalle una "bomba atómica económica", capaz incluso de provocar un "estallido social".

Venezuela se aleja de los cálculos gubernamentales para este año y más cerca del 0,1% de crecimiento previsto por el Banco Mundial y la ONU. "Esto significa que nuestro país podría convertirse en la segunda nación con mayor inflación del mundo, sólo superado por Sudán. El gobierno estima que estará entre el 14 y el 16%, una meta inviable producto de la devaluación del 46,5% [decretada en febrero por orden de Chávez, según desveló Maduro]", vaticinó el economista Jesús Casique.

Pero si el nuevo presidente sufrió anteayer el impacto de las estadísticas económicas, mucho más lo sienten los venezolanos. Los alimentos subieron un 6,8% en abril para un total de 16,2% en el primer cuatrimestre del año, en un país donde las clases populares gastan la mitad de sus ingresos en comida y bebidas no alcohólicas. El propio Banco Central de Venezuela (BCV) reconoció que el índice de escasez de alimentos y productos básicos alcanzó la increíble cuota del 21,3 por ciento.

Quien mejor representó el terremoto que sacude al país es el diario económico El Mundo. Su tapa apareció ayer partida por una flecha económica que se escapaba hacia arriba: "Se disparan los precios de alimentos y transporte", titulaba una nota. "Racionamiento y colas se vuelven historia común", rezaba otro.

Fiel reflejo de ello son las colas kilométricas como las vividas anteayer en Barquisimeto desde la madrugada, cuando cientos de personas se concentraron frente a un establecimiento del centro comercial El Recreo porque había corrido el rumor de que llegaba un cargamento de harina de maíz precocinada, la favorita de los venezolanos para hacer sus populares arepas. La mercadería llegó casi cuatro horas más tarde. Y, para que no se armase alboroto y se respetase el orden de llegada, a los compradores se les fue anotando un número en su brazo, bajo la atenta mirada de la Guardia Nacional.

La ola de descontento afecta a todo el país: hay madrugones en Anzoátegui o Zulia, en busca de la manteca o el aceite que no aparecen; saltos a Colombia desde Táchira, para encontrar leche, arroz y pasta de dientes, y la búsqueda de carne enlatada de Nicaragua en Apure, tierra llanera con el mejor ganado vacuno del país.

"El gobierno se quedó [vía expropiación] con más del 50% de la capacidad productiva de harina de maíz, pero no produce ahora ni el 20% del mercado. ¿Quién es el responsable?", cuestionó el politólogo Luis Vicente León.

Los pésimos datos, que airean una crisis macroeconómica de calado, debilitan aún más el gobierno de Maduro. "Los mercados internacionales están castigando la incertidumbre económica de Venezuela aún más que la política", añadió León.

La crítica situación de desabastecimiento y elevada inflación es sólo uno de los cuatro problemas que agobian a la economía venezolana y al chavismo. El primero de ellos es el propio modelo económico, una suma de estatizaciones y regulaciones de precios y cambios que atenaza y destruye el sector industrial y agroalimentario.

El segundo es la carencia de dólares. El BCV no cuenta con moneda extranjera para financiar las importaciones y el pago de la deuda.

Y el tercero, la emergencia eléctrica, que castiga a zonas del interior del país con constantes apagones, y que son producto de una suma de ineficacia y corrupción que provocó un cortocircuito entre la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica.

"El enchufado mayor [Maduro] y su pandilla están destruyendo el país. Regalan los recursos y cada día nos hacen más dependientes", denunció Henrique Capriles, en su cuenta de Twitter.

El gobierno bolivariano se defendió con sus habituales arengas, acusando de sabotaje y conspiración económica a la oligarquía y respaldándose en la crisis que asuela Europa ante el desempeño de su economía. "Venciendo sobre la mentira y los fascistas. ¡Viva la revolución de la verdad!", acertó a decir Maduro, en las redes sociales.

Pero en América latina la situación es muy distinta a la que describe el gobierno: Paraguay crecerá más del 10%; Perú y Panamá se acercarán al 7%; Chile, Colombia y Bolivia tienen previsto hacerlo en torno al 5%, y Brasil rondará el 3%, según el Banco Mundial..

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