Fabián Cardozo, el motochorro baleado que desató una polémica en la Capital

Fabián Cardozo, el motochorro baleado que desató una polémica en la Capital
Lo hirió un policía que actuó en defensa propia tras un intento de arrebato. Tenía otras causas y la gente lo escrachó en los medios. Se recuperó y está en su casa.
Un mes antes del hecho, el arrebatador había sido linchado por los vecinos en la misma zona, después de que chocara con su moto mientras huía de otro robo.

El martes pasado, una automovilista persiguió y atropelló a un par de motochorros que le habían robado su cartera cuando aguardaba que el semáforo diera verde en una de las esquinas de la avenida Armenia. La "justiciera" no logró detener a los delincuentes, pero su accionar recibió felicitaciones de amplios sectores de la sociedad a través de los medios y las redes sociales. El caso recordó otro que generó mucho revuelo hace casi un año: el de Fabián Cardozo, el arrebatador que quedó al borde de la muerte tras se baleado por un policía en un intento de robo y al que luego debieron amputar una pierna.

Sobre este hecho, lo último que se supo fue que el padre del delincuente había hecho una presentación judicial para que no lo trasladaran hasta la Unidad Penal N° 6 de San Cayetano. El hombre argumentó que en el lugar no contaban con los servicios médicos adecuados para que su hijo continuara la recuperación. No se volvió a hablar del tema y a pesar de los reclamos de justicia de los vecinos que se manifestaron a favor del policía que lo hirió en un comprobado acto de legítima defensa, desde la Jefatura Penitenciaria informaron a EL LIBERTADOR que el chico "quedó libre y regresó a su casa en el barrio Pío X".

La historia de Cardozo se conoció la tarde del 9 de octubre, con el reporte policial de un herido tras una balacera en el barrio de las 300 Viviendas. Los primeros datos apuntaban a un tiroteo tras un intento de arrebato y los involucrados eran dos motochorros, una mujer y un policía que vivía en la zona.

Ese día, cerca de las 18, el funcionario que prestaba servicios en la Jefatura llegaba a su casa y escuchó los gritos de Paulina López que forcejeaba con quien luego fue identificado como Fabián Alejandro Cardozo, que trataba de quitarle su bolso. Su cómplice lo esperaba a pocos metros en una moto de alta cilindrada.

El subcomisario Alejandro Romero dio la voz de alto, pero en lugar de ahuyentar a los malvivientes, el joven, de entonces 18 años, extrajo un arma y le disparó mientras corría hacia el rodado. Subió y continuó disparando, el policía respondió el ataque y acertó una de sus balas en la pierna del acompañante.

La huida duró unas cuadras hasta que el conductor de la motocicleta decidió deshacerse del herido, lo bajó, tiró el arma en las cercanías y luego siguió hasta perderse en las calles de la barriada. Hasta hoy no fue identificado.

La suerte de Cardozo no fue buena, la bala perforó una arteria en la zona de la ingle y provocó una importante hemorragia. Lo llevaron de urgencia hasta el hospital Escuela, pero los pronósticos no eran favorables. Y mientras los médicos trataban de salvarle la vida, la opinión pública daba muestras de un profundo rechazo hacia el delincuente, de quien muchos se animaron a pedir que no sobreviviera.

DRÁSTICO

El policía que disparó quedó demorado durante varios días y fue supeditado a una causa por lesiones graves. Pero no había pruebas en su contra y fue liberado. Allegados al funcionario revelaron el temor que sentía por su familia, debido a algunas amenazas que habrían circulado de parte de los conocidos del delincuente herido. Pero afortunadamente la cuestión no pasó a mayores.

Contraria fue la situación de Cardozo, al que sometieron a una serie de transfusiones y cirugías para tratar de cortar la hemorragia. Sin embargo, con el correr de las horas su salud desmejoraba. Entró en paro cardíaco dos veces hasta que finalmente la amenaza de una infección generalizada hizo que los médicos tomaran una drástica decisión.

Dos días después de su ingreso al quirófano, el director asociado del hospital, Alfredo Revidatti, anunciaba a los medios que no podían salvar la pierna del joven delincuente y que por eso iban a amputarla en un último intento por salvarle la vida.

La intervención fue exitosa y desde entonces comenzó el lento proceso de recuperación del joven. A la par de la investigación policial que lo halló culpable de intento de robo, resistencia a la autoridad policial y ataque con arma de fuego. Al mes ordenaron su traslado al Penal de San Cayetano, pero su padre frenó todo el proceso con una presentación judicial.

Un delincuente con una sociedad en contra

No era la primera vez que Cardozo estaba involucrado en un delito. Un mes antes de que fuera baleado, un grupo de vecinos de la misma zona lo había linchado junto a otro cómplice, después de que ambos chocaron mientras huían de otro arrebato. En esa oportunidad, la Policía lo rescató y lo liberaron después de dos días de demora, porque entonces todavía era un menor de edad.

El fuerte rechazo social iba en contra de la postura que mantenía Rodolfo Cardozo, el padre del motochorro, quien aseguraba que su hijo no era un delincuente, sino una víctima de la adicción a las drogas. El hombre fue más allá y llegó a declarar que el arma con que le dispararon al suboficial Romero había sido puesta en la escena por otros policías. Pero todo fue desmentido por los propios testigos del hecho.

Los días pasaron y tras varias recaídas, Fabián Cardozo comenzó a recuperarse de la compleja cirugía de amputación a la que lo habían sometido. El estado de salud general comenzó a mejorar, pero la causa era firme. Por eso, los primeros días de noviembre, la Justicia ordenó el traslado del joven hasta la Unidad Penal Nº 6 de San Cayetano, donde debería permanecer hasta ser juzgado.

Al conocerse el fallo, el padre del delincuente puso el grito en el cielo y pidió ante los medios que se frene el traslado. El hombre decía que la herida de la cirugía era delicada y que en el penal no contaban con el servicio de asistencia médica que su hijo necesitaba. Fue lo último que se supo del caso.

Sin embargo, la semana pasada, una fuente de la Jefatura del Servicio Penitenciario confirmó a EL LIBERTADOR que una presentación del abogado de su familia frenó la causa contra el delincuente. Y yendo aún más allá, la misma fuente reveló que el joven arrebatador regresó a su domicilio del barrio Pío X, donde continúa hasta hoy. "Está en su casa desde que salió del hospital, nunca quedó detenido", indicaron.

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