Hace pocos días las efemérides no dejaron pasar los 40 años del regreso definitivo del general Juan Domingo Perón a la Argentina.
Dos pampeanos, entre muchos más, participaron en aquella jornada histórica: Oscar Gatica, actual director de Coordinador Institucional de la Secretaría de Derechos Humanos de La Pampa, y Miguel García, secretario de Cultura y Educación de la Municipalidad de Santa Rosa. Ambos hablaron con el programa de radio Bajá un Cambio (FM Sonar).
"Íbamos a una fiesta, al menos yo iba a una fiesta popular, era el regreso de Perón después de 18 años de proscripción", dice Gatica, quien por aquellos días tenía 16 años y militaba en la Juventud Peronista de Santa Rosa. Viajaron en cuatro micros hasta Bahía Blanca y de ahí a la ciudad de La Matanza. Caminando llegaron hasta cerca del lugar donde el acto de bienvenida tomaría cuerpo.
Ezeiza debía transformarse en el símbolo popular de una nueva Argentina. La esperanza de millones de argentinos se llamaba Juan Perón. Su regreso era la vuelta a un estado de bienestar vivido entre 1946 y 1955 pero al mismo tiempo representaba otro futuro para miles de jóvenes, y no tanto, que proyectaban en su imaginario un socialismo nacional de cara al resto de América Latina.
Sin embargo, el sueño se destruyó en minutos cuando la derecha del peronismo, que había copado el escenario y varios lugares clave de la zona, empezó a disparar indiscriminadamente contra lo que creían eran militantes o activistas de la Tendencia Revolucionaria. "Creo que nadie previó lo que finalmente pasó, ni siquiera las conducciones de las organizaciones armadas o de la JP Regionales", repite Gatica.
También recuerda que el contexto político y de movilización popular tuvo signos claros, en particular el discurso del propio líder que, durante los años previos, auspició las formaciones especiales, la lucha contra la dictadura de la Revolución Argentina (Onganía, Levingston, Lanusse), la actualización política y doctrinaria para la toma del poder, la integración latinoamericana y la pertenencia al tercer mundo.
Con ese bagaje en Ezeiza, la TR quiso demostrar a Perón una movilización popular que resolviera la interna con los sectores de la ortodoxia peronista, quienes coparon el palco y empezaron a resolver a balazos las tensiones acumuladas durante tres años. El líder en su discurso del día después resolvió para qué lado movió el fiel de la balanza. Pocos días después Héctor Cámpora renunció a la presidencia y dejó el camino abierto a la tercera gestión del propio Perón. "Creo que ahí empezó el avance la derecha peronista pero también de los planes de la CIA y de Estados Unidos para desestabilizar la democracia argentina recién recuperada".
Además de la JP, a Ezeiza fueron activistas piquenses del Comando de Organización (CdO) que lideraba el diputado nacional Brito Lima, y que en La Pampa respondía a Esteban Rolando y que contaba en sus filas con los diputados provinciales Hemes Accátoli y Roberto Gil. Algunos de ellos tuvieron protagonismo junto a los que operaron desde el palco central.
Miguel García pertenece a una familia peronista con enorme vocación por la militancia. En junio del 73 vivía, estudiaba y militaba en la Juventud Peronista de la ciudad de La Plata. Marchó a Ezeiza con una de las columnas de la TR. "El 20 de junio fue un quiebre en la historia argentina, un cambio estratégico de la etapa iniciada en 1969 con el Cordobazo, con las formaciones especiales –avaladas por Perón- y luego con la campaña del luche y vuelve; todo eso terminó en Ezeiza", comenta para Bajá un Cambio.
Junto a la TR y muchas organizaciones de base (JUP, UES, Villeros, entre muchos más) participaron varios gobernadores (Oscar Bidegain, Ricardo Obregón Cano, Jorge Cepernic, Mario Ragone y Alberto Martínez Baca) y dirigentes como el senador nacional por La Pampa, Justino García. Para García, "toda esa gente se enfrentó con la derecha peronista; todo se dio en el marco de la política pendular de Perón, y cuando se profundizan las contradicciones, esa política pendular incentivó que se generara una guerra interna en el peronismo".
No obstante García califica como "error" que en la medida en esas contradicciones se agravaron empezaran a resolverse en forma violenta. "Lo que antes se resolvía en las tribunas y en elecciones, ahora se empezaba a resolver con las armas, situación que no se había dado nunca, nuestros propios compañeros peronistas pasaron a ser nuestros enemigos principales, eso fue un error de las organizaciones populares: haber agudizado el enfrentamiento con fuerzas internas del peronismo".
A 40 años, la defensa de un proyecto político popular tiene un marco indispensable: la democracia. "Aferrados al sistema democrático, los sectores populares podemos avanzar más de lo que pudo en la década del 70", dice con seguridad. Y da su razón: "si no hay estabilidad democrática crecen las posibilidades de la violencia y en esa los sectores populares siempre llevamos las de perder".

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