El público de pie, emocionado, aplaudiendo sin parar a los ovacionados bailarines que saludaban desde el escenario. Así fue el cierre de la extraordinaria presentación del Ballet Folkórico Nacional en el Teatro Español, un espectáculo de gran calidad artística, colmado de pasión y emoción.
El inicio es con Sala de Museo, donde se suceden los cuadros con una cueca chilena, el tinku (una danza campesina de Potosí), un joropo venezolano, el jarabe tapatío (una danza tradicional de Jalisco, México) y el festejo (una danza de los negros peruanos). La música es de distintos autores argentinos y latinoamericanos, con coreografías sobre ideas de Santiago Ayala –El Chúcaro- y Norma Viola. Luego es En el Monte Santiagueño, donde se disfrutan de El escondido del Ututo, la chacarera del cavaquinho, la chacarera Los hacheros van al monte a hacer su trabajo, y el escondido Pasa una joven y la quieren enamorar.
A continuación, mientras los aplausos no paran, se inicia un bloque lleno de tango. Pasarán Negracha (de Osvaldo Pugliese), La Cumparsita (de Mato Rodríguez), este último bailado por seis parejas a la vez, y Chiqué (de Ricardo Brignolo). El cuadro siguiente es uno de los picos más altos de la noche, donde se combinan con maestría el arte y la pasión popular. Con música de Ariel Ramírez y letra de Félix Luna, el Ballet recrea una versión de la Misa Criolla, donde se dramatiza la crucifixión de Jesús. Su estreno fue en 1965 en el Festival de Cosquín, con coreografía de El Chúcaro y Norma Viola. La música que recreó la nueva versión es la de la primera grabación de la obra realizada por Los Fronterizos, Jaime Torres, Ariel Ramírez y el Coro, dirigido por el Padre Segade.
Luego de un intervalo de unos 10 minutos, el Ballet regresó con Amanecer Salteño con cuatro cuadros: las campanas de la catedral, el orgulloso desfile de los gauchos de Güemes, una cuequita tradicional y el malambo de las pencas. Siguieron el Triunfo de los Patricios y un malambo sureño interpretado por Jorge Raffo; un valseado, la danza litoraleña La Calandria, y Bajo el Cielo Guaraní. Esta última incluyó cinco cuadros: por el Lago Ipacaraí, la danza de las galoperas, la danza de los macheteros, la danza de los hacheros y la polca final. El cierre fue otro extremo cargado de belleza y emoción. El Pericón Nacional y una combinación maravillosa del Himno Nacional Argentino y un malambo, con coreografía de Fiordelmondo.
El Ballet Folkórico Nacional, como tal, debutó el 9 de julio de 1990 en el Teatro Colón, bajo la dirección de Santiago Ayala y Norma Viola. Desde entonces no para de crecer, mostrando con un total de 40 bailarines (entre ellos un pampeano) coreografías y dramatizaciones que incluyen mitos, leyendas, y geografías sociales argentinas y de América Latina. Ha recorrido el mundo y actuado en los principales escenarios de Argentina. Fue un privilegio verlo en Santa Rosa. Ojalá se repita.

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