El pan lactal local, que el Gobierno buscó bajar con la importación de productos brasileños, era en diciembre pasado el más caro en un ranking que compara con capitales del mundo y de países vecinos
Francisco Jueguen
“Es el único precio que no pudimos bajar”, admiten con cierto tono de frustración en el Gobierno sobre lo que seguía costando el plan lactal -pan de molde o envasado, en rigor- en las góndolas argentinas a fines de 2025. Es un caso llamativo, a pesar de que los números que mastican en el área económica dan cuenta que no es sólo uno, sino varios, los productos que se pagan acá por encima que en otras capitales. Otros, vale reconocer, redujeron diferencias.
Pero el pan lactal cumple requisitos especiales. Podría decirse que incluye condimentos que confrontan ideas que se veneran como dogmas: para los libertarios, ese producto se convirtió en un caso testigo en el arranque de 2024. Entonces, la gestión oficial lo convirtió en la apuesta para experimentar sobre el impacto que tendría en precios la apertura comercial. Durante meses, se trajeron productos de Brasil para intentar impulsar fuertemente la competencia.
Pero cuando se mira cómo se fue gestando en el tiempo la composición de ese mercado en particular en la Argentina, podría romperse con otra idea fuerza que, esta vez, viene desde la vereda de enfrente. El eslogan K dice lo siguiente: “Néstor y Cristina Kirchner fueron la punta de lanza contra la concentración económica en el país”. El del pan lactal es la gema que termina desnudando otro relato kirchnerista.
Un relevamiento de mercado que se consume mes a mes en el equipo económico explicitó que, en diciembre pasado, un pan de mesa de 550gr –toman el ejemplo particular del pan Bimbo- costaba con IVA unos US$4,56 en los supermercados nacionales. Se trata del valor más alto con relación a los que se cobran en esas grandes superficies en Montevideo (US$4), Santiago US$2,89), Londres (U$2,58), Nueva York (US$2,50), México (US$2,48), San Pablo (US$2,44), Madrid (US$2,42) y París (US$2,22). Los precios del pan lactal o el pan de molde producido localmente estuvieron, por lo menos desde septiembre, siempre por arriba de sus pares de esa lista de países.
Pan lactal importado de Brasil Bauducco en el Jumbo de PalermoFabián Marelli
“Bimbo sigue teniendo casi el 80% del mercado”, se quejan en el Gobierno y admiten que las segundas marcas, por ahora, no presionan los precios a la baja. “Son sustitutos imperfectos”, señalan y describen un atributo mágico del pan envasado, visto solo en la Argentina: “Es casi como un no transable”. Pero además de las segundas marcas, que siguen creciendo, sobre todo las que abastecen un solo distrito, tampoco sirvieron las importaciones de Bauducco desde Brasil, ya presente en los supermercados. Esa marca tiene hoy solo el 1% del porcentaje de mercado argentino.
En el Gobierno ofrecen un dato novedoso para justificar los problemas de competencia, incluso a nivel internacional. Actualmente, no hay disponibilidad de grandes máquinas para emprendimientos masivos de producción de pan. “Hay una lista de espera de dos años”, cuentan. Con suerte, agregan, se puede conseguir alguna usada. Quienes siguen muy de cerca este tema hablan de algún remanente de máquinas de una fusión entre empresas en los Países Bajos.
Existe otro problema irresuelto para quienes quieren poner a Bimbo a competir fuertemente. Para traer pan lactal a la Argentina, la logística juega en contra: son 15 días de camión desde Brasil –el destino más cercano al país que produce masivamente y a buenos precios- en contenedores que “se calientan”. Esto hace que ese pan -que suele durar un mes- esté en buen estado y disponible para la venta sólo unos diez días. Se trata de una apuesta de riesgo para los supermercados, que siempre fueron socios estratégicos de este Gobierno a la hora de ofrecer más variedad, a mejores precios. No lo hace porque sí: el de los retailers es un negocio que mejora con el volumen de ventas y no con el margen de rentabilidad, que es el foco industrial local.
El equipo económico está tranquilo con lo logrado hasta ahora y suben la apuesta. “En seis meses estaremos en los precios que tiene Montevideo”, prometen. Además, creen que la apertura -sumado a la dificultad para vender, sobre todo en grandes superficies, por el impacto que tuvo el ajuste de precios relativos en los ingresos disponibles de los hogares- ya mostró que sirve para contener precios.
Preocupado por los precios, a comienzos de 2024, el ministro de Economía, Luis Caputo, les dio vía libre a los supermercados para importar pan envasado. “No es tan relevante el impacto de importados; es más ruido que otra cosa, al menos en consumo masivo empaquetado”, cuenta un consultor que trabaja para los supermercados.
En el acumulado de 2025 hasta noviembre, las importaciones de alimentos y bebidas llegaron a US$3,2 mil millones. En comparación con 2024, se trata de un alza del 73,1%. Pero el complejo con mayor porcentaje de compras al exterior fue Frutos comestibles (19,3%). Detrás vinieron Cacao y Chocolates (15,4%), Café, té, yerba mate y especias (9,3%) Grasas y aceites (9,2%) y Preparados alimenticios diversos (9,1%), según datos que brindó Copal.
En la Argentina, donde sólo el 20% del consumo de pan corresponde al pan del molde (el otro 80% es panadería) y se comen 72 kilos de pan per cápita (quinto país a nivel global), el grupo Bimbo controla casi el 80% -dicen en el Gobierno- de las ventas de la categoría en el mercado local con Bimbo, Bimbo Artesano, Oroweat, Fargo y Lactal. Cerca de la empresa hablan de un market share menor, de 56%. “Hay más de 200 marcas, que en su mayoría, son pymes que abastecen a un solo distrito”, explican en el sector, donde se quejan del impacto del crecimiento de la informalidad que genera una “desventaja” para las grandes empresas.
Fuentes del sector afirman que, en la Argentina, el precio de los alimentos tiene una carga impositiva entre el 42% y 43%, muy por encima de otros países de la región. En países como Chile y Uruguay, “donde el costo laboral es más alto”, los impuestos no superan el 27%, agregan.
Bimbo se hizo con el control de Fargo en 2004, cuando el gobierno de Néstor Kirchner aprobó una polémica operación. El secretario de Comercio era Guillermo Moreno. No fue un caso menor si se tiene en cuenta que un informe de Flacso de 2012 concluyó que el proceso kirchnerista terminó beneficiando a grandes grupos exportadores –soja, producción de aluminio, industria automotriz, entre otros-, lo que –calificaron- derivó en la pérdida del control sobre las divisas provenientes de la exportación. Según Flacso, el Valor Bruto de Producción -un indicador de la concentración de la economía- pasó del 20,4% en 1993-2001 a 28% entre 2003-2009. Si se mira la industria, el grado de concentración fue de 33,1% a 40,9%. Flacso, vale aclarar, no es un think tank libertario. Todo lo contrario
Néstor Kirchner y Guillermo Moreno en el 2007Archivo
Fargo había nacido en la Argentina como una marca de Minimax, la cadena de supermercados de los Rockefeller, que saltó a la fama en 1969, cuando sus 13 bocas fueron incendiadas por el grupo guerrillero FAR.
Mimimax se fue del país, Fargo se independizó y se convirtió entonces en la empresa líder en pan de molde. A fines de los 90, controlada por las familias Preiti y Fernández, fue adquirida por The Exxel Group. La operación terminó mal cuando el fondo de Juan Navarro tuvo que empezar a rematar todos sus activos. El primer comprador de Fargo fue un banquero mexicano Fernando Chico Pardo, que a su vez en 2004 le cedió sus acciones a Bimbo.
La operación incluyó el traspaso de otras marcas como Sacaan. De hecho, por pedido del gobierno de entonces para aprobar la fusión, Bimbo tuvo que desprenderse de Trigoro. Desde los supermercados se impulsó la aparición de jugadores más chicos: Doña Noly y La Perla fueron algunos. Pero a esa apuesta se plegó luego la firma Veneziana. Luego empezaron a aparecer marcas más accesibles por distrito. De hecho, en estos días, puede verse muy grande sobre la avenida Lugones una cartelería de la marca Nevares. “Pan a precio de pan”, dice.
Otros productos
Pero el pan de mesa no es el único producto –entre los alimentos- con precios altos frente a la comparación global. Algo similar pasó al cierre de 2025 con el café, que apareció segundo (US$15,75) en el podio, detrás de lo que se paga en Montevideo (US$16,81) por un instantáneo de 100gr. En el país relevaron el Nescafé Gold. En el precio final, argumentan en el sector, hay un 30% de aranceles del Mercosur, a lo que se suman problemas en los frentes laboral y tributario, los mismos que el Gobierno aspira a modificar con una reforma estructural el mes que viene.
El café sería uno de los productos que vería reducido su precio en EE.UU.Freepik
“Del paquete en góndola, un 48% son impuestos argentinos”, precisan en ese sector. Cuestionan las tasas de interés, que rondan entre 40% y 45%, pero que en octubre estuvieron arriba del 90%. “Los costos logísticos son altísimos, lo que incluye flete, distribución y tasas municipales. Sale más caro mandar un camión de Brasil a la Argentina que mandar un contendor a Europa o China”, dicen. La del “costo argentino” es una historia que se repite.
En el sector suman a la lista además a la volatilidad del tipo de cambio. “Al no ser productores de café y estar hablando de un producto importado, la volatilidad en el tipo de cambio impacta directamente en el precio”, explican en el sector.
Sacando los alimentos, los precios argentinos aparecen más altos que en el resto del mundo en heladeras, tablets, neumáticos, camisas y remeras, según el relevamiento que leen en Casa Rosada. No obstante, hay casos de éxito: se consiguen de manera más ventajosa azúcar, aceite de girasol, harina de trigo, galletitas dulces, papa, jabones (de mano y para lavar ropa), pasta dental y shampoo.
En el Gobierno destacan las bajas en los valores de los autos y motos, entre otros, y esperan que, con más competencia externa y con las promesas de las reformas estructurales para bajar los altos costos que sufren las empresas, los precios -en algún momento de la gestión de Milei- por lo menos se parezcan a los que se pagan en el resto del mundo.
Comentá la nota